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Políticamente incorrecto 7.1
Escrito por Wilmorgan

Había tenido un sueño muy extraño. Un sueño húmedo y lésbico. Lo último que recordaba eran los pechos de Natalia en mi cara. Abrí los ojos y no podía ser, como almohada tenía una de sus tetas. Y en mi mano, la otra.
- Buenos días Sofi. ¿Has dormido bien?
- Sí, creo que sí. – dije soltando su pecho asustada.
- ¿Y tú? – pregunté, apartando mi cara de su otro seno.
- ¡Muy bien! He dormido como un bebé. Y siempre es bonito que te despierten amasando una teta. – me dijo ella.
Completamente ruborizada miré hacia abajo por evitar el contacto visual y me encontré desnuda. Mi camiseta se había subido por la noche y dejaba al descubierto todo de ombligo a pies. Llevé las manos a mis pechos y lo mismo. Tenía la camiseta enrollada por encima de ellos. ¿Cuántas vueltas había dado en la cama para acabar así? Intenté recomponerme nerviosa mientras Natalia se reía de mi reacción.
- Pero tonta, que estamos entre amigas. ¿Me has visto molesta porque me babeases el pijama? – dijo enseñándome la zona de su pecho donde había despertado.
Mi mente estaba confusa. No sabía si mi rollo lésbico con Natalia había sido un sueño o no. Era imposible que yo hiciera lo que creía recordar. Tuvo que ser una pesadilla por lo vivido en el parque. Ojalá eso también fuera solo un sueño.
Cuando salimos de la habitación Marcos seguía dormido en el sofá. Aún tenía el tanga de Natalia e incluso mi sujetador puesto. Mi pobre novio estaba patético vestido de mujer y con una erección matutina.
Natalia no daba señales de haber tenido una noche de sexo loco conmigo. Eso me tenía muy confusa. Por lo demás no hubo nada reseñable. Excepto el delicioso zumo de piña con tostadas que desayunamos. La verdad es que estaba buenísimo. Tanto que hasta mi novio tomó un poco por insistencia de Natalia. Ella nos dejó algo de ropa y pudimos volver a nuestra casa.
Pasaron los días y aquello se convirtió en un tema tabú entre Marcos y yo. Era difícil de hablar de una situación donde dos hombres abusan sexualmente de ti y tu amiga. Y obligan a tu novio a ser testigo y víctima de tantas humillaciones. Además, estaba la parte que más me avergonzaba, el hecho de como mi cuerpo había reaccionado a aquello.
Por otro lado, mi relación con Natalia en el trabajo seguía igual. Nada me hacía sospechar que aquel incidente lésbico ocurrió más haya de en mi pervertida imaginación. Incluso podría decir que estábamos más unidas. Como si lo vivido en aquel parque nos hubiera hecho amigas íntimas. Con ella podía hablar de eso y poco a poco de cualquier cosa. Comenzamos a forjar una amistad muy grande en los días posteriores al incidente. Pero sin ningún comentario sobre sexo entre nosotras.
Eso no quitaba que hablásemos de sexo en general. Era como si después de haber sido víctimas de aquella orgía, aquello fuera un tema recurrente. Y en eso estábamos mientras doblaba pantalones en el trabajo.
- ¿Entonces dices que no has vuelto a hacer nada con Marcos desde aquella noche? – me preguntó Natalia.
- Sí tía. Es muy raro. Por un lado, me apetece. Pero no sé cómo entrarle después de aquello. Además… no sé.
- Además ¿qué? Venga cuéntame nena. Te vendrá bien hablarlo. No puedes estar sin echar un polvete.
- Pues no. No sé qué me pasa, pero estoy muy excitada últimamente. Supongo que será la falta de sexo con Marcos. – comencé a confesarme.
- ¿Y entonces por qué no lo hacéis? Si Marquitos esta muy bueno. No será porque has comparado el mercado y se te hace pequeña ¿No? – me dijo riendo, mientras hacía un gesto con dos dedos.
- Noooo. Tía… No es eso. Bueno no sé. No sólo eso, más bien. Estoy hecha un lío.
- Bueno es normal. Después de estar con dos hombres como aquellos y ver a tu novio feminizado… es normal que te cueste. No seas tonta y haz lo que te apetezca. Seguro que Marcos está desesperadito. Debe estar todo el día machacándose su cosita. – me decía ella sin pudor alguno.
- No lo sé… puede … No lo había pensado. Pero yo no paro de tocarme.
- ¡Uy mi niña salidilla! Así que estáis los dos como monos y no os tocáis. ¿Como eres tan tonta? Qué más quisiera yo tener a un tío cómo Marcos en casa…
- ¡Pero qué dices! Si no haces más que decir que es un picha corta.
- Que tenga la cosita pequeñita no quita que se puedan hacer muchas cosas con él. Yo le dejaba seco, si no lo está ya de hacerse pajas. Yo que tú le controlaba que no se tocase. Así le tendrías desesperado por complacerte.
- ¡Pero qué dices! ¿Como voy a evitar que se masturbe? Si lo hace, será cuando no estoy en casa. Además, yo lo hago también. Tienes unas cosas… - le dije, un poco ruborizada.
- Se lo prohíbes. Así de fácil. No viste que manso y obediente estuvo aquella noche. Te aseguro que si te pones dominante con él, te obedecerá y le tendrás comiendo de la palma de tu mano. O de dónde tú quieras. – me decía guiñando un ojo.
- Estás muy mal de la cabeza Nati… tienes unas ideas muy pervertidas.
- Oye que la que está salida como el pico de una mesa eres tú. Seguro que te estás poniendo cachonda de solo pensarlo.
Esto no iba a reconocerlo delante de ella, pero tenía razón. No sé si sería por imaginar a mí novio desesperado por masturbarse y a mi diciéndole que no. O simplemente por estar hablando del tema. Pero notaba como me humedecía.
Desde aquella noche del parque mi libido estaba descontrolado. Me pasaba el día excitada con una mezcla de rencor, ira y hasta asco a mí misma por sentir aquello. Me tocaba tres, cuatro o cinco veces si tenía ocasión en el mismo día. Mi maldito cuerpo seguía sin entender que aquello no me gustó. Que estuvo mal. Malditas hormonas…
- Tú haz caso de lo que digo. Soy una experta haciendo que los hombres caigan a mis pies. – me dijo ella, haciendo una pose chulesca.
- Pues la otra noche te vi bien mansa y sumisa a ti con Jacob y su amigo. – le dije para hacerle rabiar.
- Eso es diferente. No son el mismo tipo de hombre. Y tú lo sabes bien golfilla. Lo que pasa es que echas de menos a ese morenazo que te dejó con las ganas. Por eso no haces nada con Marcos. Tu chichi solo quiere su pichurra. – decía, riendo a carcajadas.
- Estas fatal Natalia. A ver si echas un polvo pronto y se te pasa esa calentura que tienes.
- Pues mira, justo te iba a pedir un favor.
Natalia me dijo que había quedado por la tarde con un hombre. Y me pidió el favor de quedarme yo sola en la tienda un par de horas hasta el cierre. Por supuesto le dije que sí. No era una gran molestia y me gustaba complacerla. Nos habíamos vuelto muy amigas.
Llegada la hora, Natalia se cambió de ropa por un vestido de gasa blanco roto, muy cortito y con un escote que hacía honor a sus pechos. Perfiló aún más sus labios y con unas sandalias de tacón, exagerado para mi gusto, estaba imponente.
- Bueno nena deséame suerte. – dijo ella mirándose en el espejo del probador.
- Con ese vestido no creo que te haga falta. – le contesté.
- Muchas gracias por hacerme este favor. No podía dejar escapar está oportunidad.
- Nada tonta. Si seguro que no entra casi nadie en la tienda. Ya me contarás qué tal con tu chico misterioso.
Nos dimos dos besos y un abrazo y salió de la tienda casi dando saltitos. Sentía envidia de ella. Esa ilusión que desprendía por quedar con un hombre. Saber prácticamente seguro que echaría un polvo. Que dentro de un rato tendría una polla en su coñito. O estaría haciendo una mamada muy ensalivada a una rica verga. ¡Madre mía cómo estaba! Necesitaba desahogarme pronto o iba a acabar follando con los maniquíes.
La tarde fue tranquila como sospechaba. Sólo habían entrado un par de señoras y se estaba haciendo muy aburrida sin Natalia. Con tanto tiempo libre no hacía más que pensar en porque estaba tan excitada últimamente. En lo que me había dicho Natalia de Marcos. Y aunque lo odiase, no paraba de pensar en aquel hombre moreno que se corrió en mi cara.
Entraron dos chicas jóvenes. De unos 15 o 16 años. No creo que llevasen dinero para comprar nada, por lo que no podía quitarles el ojo de encima por sí venían a llevarse algo regalado.
La tienda no era muy grande, pero ellas no paraban de dar vueltas cogiendo prendas y soltándolas en cualquier sitio. Entre colocar y seguirlas no me di cuenta cuando entro ese hombre.
Él se encontraba de espalda a mí, mirando unos conjuntos de lencería. Pero yo solo me fijé en su culo enfundado en unos vaqueros grises. ¡ Que bueno estaba! Seguí con mi tarea de perseguir a las chicas mirando a cada rato a ese maromo de espalda ancha y hombros fuertes.
Estaba deseando que se fueran las tías para ir a hablar con ese tío. No comprendía lo que me pasaba, pero mi libido se había disparado. Natalia tenía razón, debía echarle un polvo a Marcos hoy mismo. Pero ahora mi novio no entraba en mis fantasías. Sólo pensaba en agarrar ese culito prieto y que él agarrase el mío. No me reconocía.
Por fin las chicas salieron, sin comprar nada como predije. Respiré hondo e intenté relajarme antes de hablar con él. Aún no había podido verle de frente, lo mismo era muy feo y se me bajaba todo el calentón de golpe. Me acerqué a él e intentando sonar lo más profesional posible y le dije:
- Buenas tardes caballero. ¿Puedo ayudarle en algo?
- La verdad es que sí. Te necesito para algo. – dijo él, dándose la vuelta con un conjunto de lencería.
Casi me caigo de culo al verle. Era él. No era posible. ¿Cómo sabía que trabajaba allí? Era una ciudad grande. Era imposible que fuese casualidad. Mi cuerpo temblaba. No podía ni hablar.
- Verás, Sophie. Quiero comprar este conjunto tan sexy. Pero no estoy seguro si es la talla.
Estaba en shock. El hombre que había abusado de mí estaba en mi tienda. Y estaba sola. Él comenzó a andar hacia a mí. No hice nada. Me quedé quieta con la mirada en el suelo. Los segundos pasaron, esperaba su contacto, que me tocase. Pero no.
- Este también es bonito ¿No crees? No, no. Mejor este. Me ha gustado desde el principio. – decía él, mirando otro conjunto tras de mí.
- ¿Qué… qué… haces… aquí? – alcancé a decir.
- Ya te lo he dicho. Necesito comprar un conjunto sexy. Y este me ha gustado. Tú trabajas aquí ¿No? Seguro que puedes ayudarme.
No me creía nada de lo que decía. Lo mejor que podía hacer era seguirle la corriente y esperar que llegase alguien.
- Son 99,90 €. – le dije.
- Vaya que caro por un tanga y un sujetador. Pero bueno la ocasión lo merece.
- Pues… pues … vamos a la caja y te cobro.
- Es qué no estoy seguro de que le quede bien. Creo que sé bien sus medidas. Pero no quiero fallar. – dijo él, levantando el conjunto por la percha y observándolo.
- No pasa nada. Que se lo pruebe y si no le queda bien, que venga y yo se lo cambio.
- Me parece una idea estupenda. Muchas gracias Sophie. ¡Eres genial!
Sorprendida por su respuesta tardé en reaccionar. No me creía que de verdad sólo quisiera comprar un conjunto. Con paso lento, fui hacia el mostrador de caja para cobrarle. Detrás del mostrador me sentía un poco más a salvo. Y él no hacía nada, solo me sonreía. Me dio el conjunto y yo lo pasé por el lector.
Comencé a pensar que podía ser cierto. Que solo quería un regalo para alguna chica. ¿Quién sería? ¿Sería su novia? ¿Tal vez su mujer? Comencé a guardar el bonito conjunto blanco de encaje en su cajita. Era de buena marca. Y era precioso. Seguro que esa chica alucinaría con el regalo. Miré la talla, tenía buen cuerpo y buenos pechos. Seguro que estaría preciosa con él. Y tan contenta que se lo comería a besos. Echarían un polvo brutal con su increíble polla. ¿Por qué estaba celosa?
- Son 99,90.
Me dio dos billetes de 50. Busqué los 10 céntimos que sobraban y mis dedos no eran capaz de agarrar ninguna moneda. Cuando lo hice cayó al suelo rodando por toda la tienda. Fui a salir a por ellos, pero me dijo que lo dejase ahí. Me quedé quieta. Seguía pensando en esa mujer que esa noche tendría un bonito regalo de aquel hombre. No podía entenderlo.
- ¿Puedes envolverlo para regalo? Seguro que le hace ilusión abrirlo.
- Sí claro. – fue mi incómoda respuesta.
Sentía celos de aquella mujer desconocida. No sólo tenía que venderle el conjunto con el que seria follada por él. También tenía que envolverlo para regalo. Me sentía casi como una mamporrera guiando su polla hasta su chochito húmedo y caliente. ¿Por qué pensaba en eso ahora?
Con mucha dificultad por mis nervios, conseguí envolverlo como pude. Un pequeño lazo rosa como decoración. Y dos pegatinas: “ te quiero” y “espero que te guste”. Elegí la segunda. Guardé el regalo en una bolsa y se lo entregué, molesta y comida por los celos.
- Muchas gracias Sophie. Eres una gran trabajadora. Recomendaré esta tienda a mis amigos. – dijo repitiendo de nuevo ese nombre que me ponía tan nerviosa.
- Gracias. ¿Quiere algo más? – le dije con despotismo, como a un cliente cualquiera.
- Sí. Toma. Es para ti . Espero que te guste. – dijo sacando el regalo de la bolsa y leyendo la pegatina.
Me había vacilado como a una estúpida. Y lo peor que yo había caído en su juego mostrándole mis celos por una mujer ficticia. Espera, ¿ Me había hecho un regalo? Un conjunto de lencería carísimo. Carísimo y precioso. Con él en mis manos me quedé mirándolo.
- Venga, ábrelo. Quiero saber si te gusta. – me dijo con una sonrisa.
Tontamente comencé a abrir el paquete que acababa de envolver. Abrí la caja y vi el sujetador sobre el tanga perfectamente colocado, como yo misma lo había dejado. Me parecía más bonito ahora.
- Es muy bonito. Me gusta mucho. – le dije tímidamente.
- ¿De verdad? No pareces muy emocionada. Que si no te gusta me ha dicho la dependienta que se puede cambiar. – contestó haciéndose el gracioso.
- Sí, sí. Me encanta. Muchas gracias. – le dije tímida pero realmente agradecida.
- Perfecto. Pues póntelo. Por si no te vale y ahí que cambiarlo.
No sé cómo no había visto venir la jugada. Me quedé con él en mis manos. Era precioso. Quería ponérmelo. Era ese tipo de prendas que nunca me compraría yo misma. Demasiado caro para una ropa interior. Pero en ese instante me parecía que me volvería cenicienta después de ser tocada por la varita de su hada madrina.
- Vale. Voy al probador. – anuncié, sabiendo que iría tras de mí a ver cómo me quedaba.
Caminé esperando sus pasos detrás mía, pero no ocurrió. Al llegar al probador me giré antes de entrar para verle. Seguía apoyado en el mostrador sonriéndome desde allí. Le devolví la sonrisa confusa. No entendía por qué no entraba conmigo tras la cortina para ver cómo me desnudaba. Y mucho menos entendía por qué me sentía decepcionada por eso.
Sola en el probador y con una cortina separándonos, comencé a desnudarme. Era extraño tenerle tan cerca de mí. Solos, sin nadie más. Sin Natalia ni mi novio que me hicieran la competencia. Y me estaba desvistiendo sola, sin que él me observase.
Dejé mi sujetador colgado en la percha con el resto de mi ropa. Bajé mi braguita poco a poco mirándome en el espejo. Me veía sexy desnudándome. Y él sin verme.
Completamente desnuda saqué mi regalo de la caja. Era precioso. Lo puse sobre mi cuerpo y me veía bien. Sensual y elegante. Esperaba que en cualquier momento la cortina se abriese y me encontrase así, desnuda para él. Pero no. Extrañamente estaba siendo políticamente correcto.
Me vestí con aquel conjunto. La talla era perfecta. Tanto el tanguita de encaje con el pubis semitransparente, como el sujetador a juego que se ajustaba perfecto, levantando mis pechos y dando la apariencia de una talla más. Viéndome así estaba en igualdad respecto a Natalia con sus pechos perfectos.
Después de un rato de deleitarme de mi misma, me entró la duda. Él no había entrado, ni siquiera sabía si se había acercado al probador. ¿Que debía hacer? ¿Llamarle? ¿Abrir la cortina para que viese su regalo? ¿O simplemente ponerme mi ropa y salir a dar las gracias?
- ¿Qué tal Sophie? ¿Es tu talla? – sonó su voz desde el otro lado de la cortina.
- Sí. Me está perfecto. Es muy bonito. Muchas gracias.
En ese momento escuché la puerta y unos pasos. Algún cliente había entrado. ¡Maldito inoportuno!
- Ha entrado una mujer. ¿Quieres que la atienda yo?
- No, no. Ya voy. – le dije nerviosa.
Comencé a quitarme mi precioso regalo odiando a esa señora inoportuna. Quería hacerlo rápido, antes de que se diera cuenta que no había nadie atendiendo en la tienda. Pero no pude evitar ponerme a colocar el conjunto perfectamente en su cajita. Ni si quiera me había vestido para hacerlo. Me miré en el espejo desnuda con la cajita en mis manos. Y como una niña tonta lo abrace contra mi pecho. ¿Qué me estaba pasando? Intenté volver en mí. Dejé la caja sobre el banquito y fui a vestirme rápido antes de que preguntasen por mí. En eso se abrió la cortina de golpe. Sus brazos me sacaron del probador en un segundo, para después entrar conmigo en el de al lado.
- He intentado controlarme, pero no podía más. – me dijo.
- ¡Estás loco! Me podrían haber visto. – dije, cerrando nerviosa la cortina de ese nuevo probador.
- Y hubiera sido lo más bonito que hubiera visto esa mujer en su vida.


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Políticamente incorrecto 7.1 es un relato escrito por Wilmorgan publicado el 07-08-2022 23:29:22 y bajo licencia de Creative Commons.

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