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Amigas para siempre III
Escrito por Lena

“Hoy puedes follar con ella, yo mismo se lo diré. Ten en cuenta que su ano es solo mío, al menos por el momento. Un completo te costará sesenta euros, por ser tu”

Este fue el escueto y a la vez terrible mensaje que Kim recibió aquella tarde. Podía follar con ella, sí, pero como si fuese una prostituta.

María, después de hablar con su amiga, tuvo que ir de compras, para poder cumplir con las indicaciones que había recibido. Aquella noche no haría el amor con su esposo, si no que debía follar con él como si de un cliente se tratara. Era algo que le incomodaba, pero al mismo tiempo hacía, de algún modo, realidad una de sus fantasías.
El “cliente” la estaba esperando, seguro que ya desnudo, en la habitación de matrimonio mientras ella se preparaba para complacerle.

Cuando Kim la vió en el umbral de la puerta fue consciente del poder que tenía aquel hombre sobre ella, de alguna manera sobre los dos.

Llevaba una camiseta de tirantes, de azul claro, que dejaban transparentar sus senos, una falda negra, corta, muy corta, justo tapando sus nalgas. Así, con los labios y los ojos pintados y aquel collar de perra parecía lo que de alguna manera ya era.

- Hola guapo. Quieres un completo, ¿Verdad? Ya verás que bien te lo hago pasar. Seguro que repetirás conmigo.
Si no te importa págame el servicio por adelantado, así ya nos olvidamos de esto. Con lo guapo que eres te lo haría gratis, pero mi chulo se enfadaría conmigo y no quieres esto. ¿Verdad?

- No, no. Claro que no.

Cogió su cartera de la mesita de noche y le entregó sesenta euros. Estaba medio tumbado en la cama y su pene se mostraba flácido.

- Levántate cariño, que te lo voy a poner a punto. No me dirás que soy la primera profesional con la que vas. ¿No?

- No. No.

Siempre lo había sospechado, como todos iba con prostitutas, seguro que más jóvenes que ella. Aquello la descargaba de la culpabilidad que sentía por lo que ella estaba haciendo con Antonio.

- ¡Dios! ¡Como la mamas!

Estaba poniendo en práctica lo que aquella misma tarde había aprendido y realmente lo hacía bien. No era tan difícil.

- No pares ¡Joder! No pares.

- ¿Quieres correrte en mi boca guapo? ¿No prefiere follarme?

- Sí, sí. ¡Quiero follarte!

Su forma de hacerlo ni de lejos le daba el placer que conseguía con el que ya era su AMO.
Él buscaba su boca para besarla, María giró su cara.

- A las putas no se nos besa amor.

- Eso es lo que eres ahora ¿No? Una puta.

- Sí…sí…

Se corrió antes de que ella llegase al orgasmo. Hizo como sabía que hacían las prostitutas; simularlo. Simular el placer que él no le había dado.

Después de aquel día Antonio dejaba que follasen al menos una vez a la semana. Nunca más le pidió que pagase, Hacían el amor como siempre lo habían hecho. ni siquiera volvió a hacerle una felación como aquella, que él no olvidaba.

Le contaba todo lo que Antonio hacía con ella, él lo pedía, por lo visto aquello lo excitaba. Lo excitaba hasta el punto de que muchas veces tenía que masturbarse.

Así supo de su evolución como sumisa. De como ya sentia placer con el sexo anal. Del primer día en que le puso pinzas en sus pezones, en sus senos. De cómo le aplicaba cera. Como la humillaba. A veces le mostraba las marcas producidas por sus azotes, el las acariciaba y besaba.

Las dos amigas seguían viéndose, claro que de forma más alternada que antes, ya que María tenía que ir algunas tardes a casa de Antonio, siempre de cuatro a seis. De alguna manera María vivió una cierta normalidad, aunque muy distinta de la de antes
Así fue hasta aquella tarde en que Lena la llamó para que fuese a su casa.

Había recibido un mensaje de Antonio; quería, más bien ordenaba, que, aquella misma tarde, las dos fuesen con Manuel y sus amigos. María sabía que, tarde o temprano, llegaría aquel día, que por un lado le tranquilizaba que fueran las dos, pero por otro no le gustaba que su amiga la viera en aquella tesitura y así se lo expresó.

- A mí me ocurre lo mismo, pero ha sido muy claro en que fuéramos las dos. Será mejor que obedezcamos. Debemos ir ya, cogeremos mi coche. Al menos esta vez no tendré que complacerlos sola. Es mejor que te quites los sujetadores y te arregles un poco, antes de entrar tenemos que ponernos el collar.

- ¿Has estado otras veces?

- Sí, dos veces ya.

- Pero… ¿Cuántos son?

- Supongo que como las otras veces; Manuel y tres amigos. Por el camino te cuento más si quieres.

- Sí. Por favor.

María, durante el recorrido, estaba visiblemente nerviosa.

- Tranquilízate, Antonio no les permite llegar tan lejos como seguro les gustaría. Saldremos enteras y con un fin de semana por delante para reponernos.

- ¿Pero…que nos harán?

- ¿No te lo imaginas querida? Nos humillarán, vejarán. Se reirían de nosotras cuando cedamos al placer. Nos llenarán de su leche y, de seguro, nos cruzarán.

- ¿Nos cruzarán? ¿Qué quieres decir con esto?

- No sé por qué, pero a los hombres les gusta ver a dos mujeres juntas. Ya sabes.

- Pero Lena, yo nunca he estado con otra mujer.

- Ni yo, amor. Pero si tengo que hacerlo, que al menos sea contigo.

- Si…

Habían llegado al sitio que le había indicado Antonio, un almacén, situado en un polígono industrial.

- Es aquí. Antes de entrar quiero decirte algo María, es importante que lo haga. Es importante para mí y espero que esto no rompa nuestra amistad. El día que me contaste que habías estado con Antonio te dije que no te enterabas de nada y que yo no sentía celos de ti. ¿Lo recuerdas?

- Si. lo recuerdo bien. No entendí lo que querías decir. Más de una vez he pensado en ello.

- La verdad es que yo siempre te he querido más allá de la amistad. Antes de que nos usen estos hombres y nos crucen, como creo que harán, quiero que sepas que te amo. Que siempre te he deseado.

- Pero…pero…

- Lo siento. No puedo evitarlo. Si de alguien tengo celos es de él, de que él esté contigo. Se que tu no sientes lo mismo por mí y no quiero dejar de verte, de que seamos amigas. No puedo evitar lo que siento y prefiero que lo sepas antes de que nos obliguen a hacer cosas entre nosotras.

- Siempre. Siempre seré tu amiga. Bésame…No quiero que el primer beso sea delante de ellos. Seré lo que tú quieras…

Aquel fue su primer beso de amor.

- Vaya. Aquí están. Lena y la nueva putita de Antonio. ¿Cómo te llamas perra?

- María, me llamo María.

Tuvieron que soportar que les llamaran de todo. La imagen de María suplicando que la follaran era algo que Lena no olvidaría. Así como en la mente de esta quedaría grabada ver a su amiga escupida, buscando sus pollas para llenarse la boca con ellas. Lloriqueaban a la vez que gemían, suplicaban, jadeaban. Se ponían en evidencia como sumisas ansiosas de machos y ellos se burlaban de esto.
Terminaron tiradas en una de las dos colchonetas que había en el local. Acurrucadas, avergonzadas, usadas. Los machos, satisfechos, dándoles a limpiar sus penes. Ellas obedientes, carentes de dignidad. Todo había terminado o esto parecía.

- ¡Que se besen! ¡Que se besen!

Las palabras de Manuel pronto se convirtieron en un coro, mientras las obligaban a ponerse de pie, una delante de la otra.

Fue Elena la que tomó la iniciativa, besándola, acariciando sus senos, aquellos senos que tanto había deseado, acariciándolos, lamiéndolos, chupándolos. Habían perdido toda conciencia del entorno. Sólo estaban ellas dos. Las dos de nuevo echadas en una de las colchonetas, Lena saboreando sus jugos, al tiempo que se tocaba, mientras María gemía cogía su cabeza No sabían hasta qué punto se estaban poniendo en evidencia.

- Vaya bolleras. Son unas putas bolleras. Seguro que Antonio no sabe que sus perras en realidad son dos bolleras de mierda.

- Debes filmar esto y mandárselo.

- Sí. Sí

- Venga correos de una vez y largaos de aquí. bolleras viciosas. Dais asco. Esto es lo que dais.

Parecían heridos en su orgullo de machos.

Las dos pasaron el fin de semana en casa de Lena, recuperándose y queriéndose.

- Lena. te quiero. No sé qué pasará a partir de ahora, pero te quiero. Antonio querrá controlar nuestro deseo mutuo y no quiero que lo haga.

- Si no le dejamos tener control sobre nuestro amor nos repudiará. Pero hay muchos Antonios en el mundo y mujeres como tu no. ¿Quieres vivir aquí conmigo?

- SI. SI. Solo lo siento por Kim.

- Tengo un cuarto de invitados. Se conformará con tenerte de vez en cuando y que le cuentes que te hacen los Antonios del mundo. ¿Sabes? Kim me despierta ternura.

- Si quieres tú también puedes satisfacerle cuando te venga en gana.

- No te digo que no, mi amor.

Y fueron felices y comieron perdices


Licencia de Creative Commons

Amigas para siempre III es un relato escrito por Lena publicado el 03-08-2022 22:14:20 y bajo licencia de Creative Commons.

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