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Aventuras y desventuras de V (II)
Escrito por Lena

LA TÍA DE ROBERTO

Era la segunda vez que iba a encontrarse con Roberto. La había citado en casa de su tía, donde vivía. Un piso humilde, en un barrio igualmente humilde.

- Buenas tardes. Vengo a ver a Roberto.

- ¿Buenas tardes? ¿No te han enseñado educación? ¿Ni siquiera sabes decir señora?

Era una mujer ya mayor, más cercana a los sesenta que a los cincuenta, con el cabello grisáceo, casi blanco y, sin embargo, aún lucía un cuerpo deseable para los hombres. La única prenda que tapaba su cuerpo era un vestido de punto, ajustado, que marcaba unos pechos más tersos que lo habitual para su edad.
Recordó las palabras que sobre ella le había dicho Montse.

- Buenas… Buenas tardes, señora. Venía a ver a Roberto, señora.

- Esto está mejor. Roberto aún tardará un poco en llegar. Tú debes ser la profesora ¿No? Su nueva zorra.

- Sí. Así es, señora.

Dios. Qué desagradable era y, sin embargo su mirada no podía apartarse de sus duros pezones que se hacían evidentes a través de aquel vestido sin mangas ni hombros.

- ¿Qué miras?

- Disculpe… Disculpe, señora.

- ¿Quieres verlos?

Sin darle tiempo a responder y de un solo golpe, se bajó el vestido hasta la cintura.

- ¿Te gustan? Vamos, tócalos.

- Yo… Yo, señora… Yo nunca…

Nunca has estado con otra mujer. Nunca has tocado unos pechos femeninos que no sean lo tuyo ¿Es esto? ¿Verdad?
Mejor. Me gustan las primerizas, tan asustadizas y ansiosas como tú. Vamos, tócalos de una vez

Acercó su mano temblorosa hasta uno de sus pechos, acarició, sin poder mirarle a los ojos, aquella piel suave, aquel duro pezón.

- Eso es. Acarícialos. Chúpalos.

- Por favor… Señora…. No….

- ¿Quieres que le diga a Roberto que no me has obedecido? No creo que le guste esto.

Cogió su cabeza y llevó su cara hasta sus pechos. Los besaba, los chupaba. Temblorosa, obediente.

- Eso es. Eso es. Chupa. Vas a comerme entera.

Quizá fuesen los jadeos de aquella mujer, o el mismo hecho de sentirse humillada, lo cierto es que se estaba excitando. Desnuda, como le había sido ordenado, con la cabeza entre las piernas, la mano de ella en su cabeza. lamía aquel coño, lo saboreaba, lo comía.

- ¿Qué haces? Ni se te ocurra tocarte. Sigue. ¡Sigue!

Con los gemidos llegó su cenit, llenando su cara de jugos de hembra.

- ¿Acaso te he dicho que parases? Sigue puta. Quiero más.

Fue entonces cuando sintió aquellas manos agarrando su cintura.

- ¡Levanta el culo zorra!

Era la voz de Roberto. Su polla penetrándola. Con la cabeza inmovilizada, obligada a seguir dando placer a Olga, su tía, mientras se sentía tomada por él.

Pronto los tres explotaron en un orgasmo.

- Lárgate. Ahora ya sabes cuál es tu sitio.

- ¿Qué?

- Que te largues joder. Ya estás tardando.

Aturdida, recogió su ropa y fue al lavabo a limpiarse la cara antes de irse de aquel piso. Había alcanzado él placer, sí, pero había sido humillada, vejada. Le habían mostrado cuál era su lugar. Ahora lo sabía.


FIN DE EPISODIO


Licencia de Creative Commons

Aventuras y desventuras de V (II) es un relato escrito por Lena publicado el 21-02-2024 11:00:28 y bajo licencia de Creative Commons.

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