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Extreme coprofilia. El castigo de la señora Isabel.
Escrito por sumisso

ADVERTENCIA: Es un relato de coprofilia, scat terriblemente duro y a la vez divertido. Si no te gusta el tema no leer. Si te gusta es muy inusual encontrar un relato de coprofilia mezclado con bdsm y castigo.



¿Alguna vez habéis tenido algún enemigo en vuestra vida? Estoy seguro que la respuesta es afirmativa. En esta vida somos muy diferentes y tarde o temprano te cruzas con alguien opuesto a ti y comienza una batalla de la que parece no tener fin. En mi caso, tuve una enemiga y he de confesar que fue completamente ridícula la circunstancia y el motivo. Mi enemiga era mi vecina, la señora Isabel, la mujer que habitaba justo en la puerta colindante a mi izquierda. Os aseguro que subestime por completo a la señora Isabel. Ella escondía un oscuro secreto y un tema taboo en esta sociedad que muy poca gente conocía, pero que pronto también llegue a conocer en primera persona. ¿Intrigados ?... Os contaré brevemente como comenzó todo y averiguareis su oscuro y sucio secreto.

La empresa que acaba de fundar iba muy bien, el nivel de ventas había aumentado considerablemente. Decidí comprar mi primera casa e independizarme de casa de mis padres. En aquel entonces tendría algo menos de 30 años de edad. Compré una casa en un edificio aparentemente tranquilo. Sus vecinos me recibieron con los brazos abiertos, gente hospitalaria y amable. Me ayudaron en la mudanza y comencé una buena amistad con mis vecinos. No todo iba a ser perfecto, la excepción era mi vecina de la puerta de la izquierda, La señora Isabel, ella era completamente diferente al resto de vecinos. ¿Queréis conocer cómo era la señora Isabel? Estoy seguro que sí.

La señora Isabel era una mujer de unos 55 años de edad quizás alguno más. Una mujer poco sociable y apatica, apenas se hablaba con sus vecinos. Un fuerte temperamento y una altivez que se creía en poder de la razón siempre. Los vecinos trataban de esquivarla, no deseaban discutir con ella, era una fuente de problemas. Muchos vecinos la tenían incluso miedo. Los vecinos la esquivaban, pero yo fui completamente diferente y la planté cara, os puedo aseguro que lo pagué muy caro, aunque hoy en día estoy muy orgulloso de haberla conocido, ya comprenderéis el porqué, todo a su tiempo.

Físicamente la señora Isabel era una mujer grande y voluptuosa. Tenía exceso de peso, una gran envergadura y un culo y estomago grande. Unos 100 kilos de peso y caminaba lentamente, se la veía subir las escaleras siempre sudando y sin aliento. Una de sus principales aficiones era la comida, aunque no la principal, su principal afición era completamente diferente y oscura.

Desde el primer día que llegue al edificio, comenzaron las disputas con la señora Isabel. Todo cuanto hacía la molestaba, los ruidos, las visitas que recibía, la música alta, mis llegadas a altas horas, la limpieza del rellano de la escalera etc. Tuvimos nuestras primeras disputas. Era imposible razonar con ella, su temperamento era muy fuerte y acababa recriminando cualquier cosa. Nuestras discusiones fueron aumentando poco a poco. Cada vez que nos cruzábamos ella recriminaba mi comportamiento y yo me defendía burlándome de ella. No la tenía el menor respeto aunque fuese mayor que yo. Cada vez que nos cruzábamos ella me trababa como un niño y recriminaba mi comportamiento, yo la respondía burlándome de ella y hacía gracias inaceptables hacia el sobrepeso de su cuerpo. Eran dignas de ver nuestras disputas, ella recriminándome con su dedo amenazante y yo burlándome. Una de nuestras absurdas disputas era tal que así:

- ¿Te has comido ya todas las tartas de la pastelería? – Me reía de ella faltándola al respeto. La insinuaba que se comía todo cuanto había en la pastelería y de ahí su peso. Ella me miraba furiosa, se podían apreciar rayos saliendo de sus ojos encolerizada. Me señalaba con el dedo amenazante:

- ¡¡ Un día te prometo, vas a pagar por tus modales, lo pagaras muy caro ¡¡ - Me recriminaba furiosa con su dedo y levantando la voz. Yo volvía a burlarme de ella una y otra vez. Ella se marchaba furiosa al interior de su casa humillada.

El desenlace final que terminó por explotar todo fue el día que tuvimos una reunión de vecinos. La señora Isabel propuso una idea para mejorar el edificio, era una idea absurda. Me burle de ella delante de los demás vecinos y todos comenzaron a reírse a carcajadas. Se sintió encolerizada por el trato recibido y me miró fijamente con gran odio. Ese día fue cuando comenzó a planear todo. Iba a hacerme participe de su oscuro secreto, iba a ser su presa. El castigo iba a ser muy duro y cruel.


Uno de los días que subía a mi casa, la señora Isabel estaba esperándome en su puerta. Deduje que íbamos a tener una nueva discusión. Todo terminaría como siempre, ella recriminando mi comportamiento y yo burlándome de ella y su cuerpo. Me equivoqué por completo, aquel día fue completamente diferente. Antes de mediar palabra, la señora Isabel agarró mi muñeca por encima de mi mano y me empujó al interior de su casa. Apretaba con fuerza mi muñeca obligándome a entrar a su casa y caminar tras ella.

- ¡¡ Ahhhhh, me haces daño ¡¡ - me quejé en el interior de su casa mientras ella continuaba sujetándome por la muñeca de mi mano y empujándome hacia el final del pasillo de su casa. No me defendí de su ataque, nunca he sido violento, solo un joven con la lengua muy afiliada y capaz de burlarse de cualquiera, en especial de la señora Isabel.

Me condujo sujeto por mi muñeca hasta una habitación. Abrió la puerta y descubrí que era el baño de su casa, el lugar donde realizaba sus necesidades, es decir donde se encontraba su wc. Me empujó al interior y ella entró tras de mí. Cerró la puerta con llave. El baño tenía una llave interior para cerrar la puerta. Sacó la llave de la cerradura y la guardó en el bolsillo de su falda fuera de mi alcance.

- ¡¡ Siéntate ahora mismo en esa silla ¡¡ - Me ordenó mostrándome una silla de madera con alto respaldo. Estaba desconcertado, ¿Que pretendía de mí?, ¿porque me condujo hasta el baño de su casa ? y… ¿ qué hacía una silla de madera en el interior del baño? El baño de su casa no era grande, era pequeño pero el espacio suficiente para colocar un wc, un lavabo, una ducha, un armario y ahora en el centro de la estancia una silla de madera. Debido a las dimensiones de su baño tenía a la señora Isabel muy cerca de mí, sin apenas mucho espacio.

Me senté en la silla atemorizado sin saber que pretendía. Sus gritos furiosos me asustaron, estaba más enfadada que nunca. Estaba completamente furiosa llena de ira hacia mí. Esta vez no me burlé de ella, me produjo cierto temor. Agarró unas esposas de metal y las colocó rodeando mis manos. Empujó mis manos fuertemente hacia mi espalda y cerró las esposas al respaldo de la silla. Apretó con dureza las esposas a mis manos. El metal mordía mi piel y me hacía daño. Apretó demasiado las esposas.

- ¡¡ Ahhhhhhh, me haces daño ¡¡ - me quejé ante la dureza de la señora Isabel.

- ¡¡ Callateeeee¡¡¡, no quiero escuchar una sola palabra más ¡¡ - me recriminó furiosa. Continuó atándome los pies con un manojo de cuerdas a las patas de la silla. Apretó cada pie a la altura de los tobillos a cada pata de madera de la silla. Agarró otra nueva cuerda que tenía preparada para atar mi cintura a la silla. Terminó colocando un collar grueso de cuero de perro a mi cuello y sujetándolo a la parte trasera de la silla dejando mi cara inclinada hacia arriba. En apenas unos minutos quedé completamente inmovilizado. Ahora ya era tarde para intentar libérame. Intente escapar o levantarme de la silla pero ahora era imposible. No podía moverme en absoluto, no podía ni ladear el rostro debido al collar grueso de perro que estaba sujeto al respaldo de la silla de madera manteniendo mi rostro inclinado hacia arriba. Presa del pánico la grité enfurecido.

- ¡¡ Suéltame ahora mismo puta gorda ¡¡ – La grité enfurecido.

- Te advertí que cerraras la boca…. Pero continuas insultando y faltándome al respeto ….. lo vas a pagar muy caro - La señora Isabel introdujo su mano por debajo de su falda y tiró de sus bragas deslizándolas por sus muslos, piernas, tobillos y sacándolas por unos zapatos de tacón que llevaba enfundados en sus pies. Agarró las bragas que acababa de quitarse y las introdujo en mi boca. No pude oponer resistencia, no podía moverme ni ladear la cara debido al collar de cuero que sujetaba mi cuello. Ahora estaba inmovilizado y atado con sus bragas grandes dentro de la boca.

La señora Isabel se tranquilizó. Comprobó que ahora no podía oponer resistencia ni gritar. Comenzó lentamente a realizar una serie de preparativos. Inmovilizado y atado en la silla comprobaba inerte sus movimientos dentro del pequeño baño. Comenzó a despojarse de su ropa. Se quitó su blusa y posteriormente su falda. Quedó semidesnuda ante mí. Comprobé su enorme cuerpo voluptuoso. He de admitir que sentí cierta atracción ante ella. Unos minutos antes no la hubiese mirado de forma obscena pero ahora algo había cambiado en mi interior. Estaba ante mí con sus medias negras hasta los muslos, las ligas caídas ya que estaban sujetas a sus bragas que ahora estaban en mi boca. Un enorme coño peludo y grandes pechos que sobresalían de su cuerpo.

Estaba completamente confuso, desconocía que pretendía de mí y porque estaba completamente inmovilizado a la silla y amordazado dentro de su baño. Sus preparativos continuaron. Abrió la puerta del armario y sacó un orinal de plástico hondo. Lo introdujo dentro del wc del baño desconcertándome aún más. Agarró una bolsa de plástico del armario y para mi sorpresa en su interior había unos guantes largos de goma o quizás de caucho de tipo industrial. Al abrir la bolsa respiré un fuerte hedor, olían a excrementos. ¿Por qué olían tan mal aquellos guantes? La señora Isabel sonrió al comprobar mi temor y comenzó a enfundarse los guantes gruesos de goma en sus brazos carnosos. El ruido de la goma rechinaba en la estancia a medida que introducía su brazo carnoso, su mano y sus dedos. La quedaban muy ajustados a sus manos apretando la carne de su brazo, parecía que iban a reventar los guantes al estar tan apretados, pero era lo que precisamente deseaba, movilidad en sus manos. Los guantes la llegaban hasta el codo y desprendían un olor fétido.

- ¡¡ Adoro estos guantes ¡¡…. ¿ puedes notar su olor ?- Me preguntó mientras terminaba de enfundárselos mirándome fijamente.

- Hmmmmmhhhmmm - Intentaba contestar o quejarme sin poder articular palabra por su mordaza.

- Si….. Huelen a excrementos….. en concreto a mi mierda…..¡ siempre los utilizo para dar de comer mi mierda a gusanos como tú – Me explicó enfurecida.

- HmmmmmHmmm – Mi temor aumentó al explicarme porque olían tan mal sus guantes.

- Ohh siiii…. Has adivinado bien…. Vas a tragar toda mi mierda sin rechistar. Adoro observar como los gusanos como tu tragan mis excrementos, no hay nada que me dé más placer en esta vida – Esta vez fue ella quien se burlaba de mí.

Intenté liberarme, escapar, gritar. Nada era posible, estaba completamente atado por las esposas metálicas, las cuerdas y el collar grueso de animal. Comencé a observar cómo tras terminar de enfundarse los guantes gruesos que la llegaban hasta el codo, se sentó sobre el wc de ceramica. Comenzó a defecar frente a mí sin poder hacer nada para escapar, solo observar sus movimientos. Mientas comenzaba a defecar dentro del wc , sentada con sus manos enguantadas apoyadas en las rodillas volvió a dirigir su tono de voz hacia mí.

- Adoro defecar a sabiendas que alguien va a tragar todo cuanto salga de mi interior…. Mi parte más íntima y a la vez repugnante va a ser digerida por algún estúpido…. Ese estúpido eres tu…. Vas a tragar toda mi mierda sin rechistar…. Te aseguro que no vas a dejar una sola migaja - . Continué intentando gritar, escapar, todo sin resultado bajo la atenta mirada de la señora Isabel que descargaba todo su interior dentro del orinal que había colocado en el fondo del W.C. Sus manos enguantadas seguían apoyadas sobre sus muslos sentada en el wc. Estaba casi pegada a mí ya que el baño era pequeño.


Estuvo varios minutos sentada en el wc descargando todo su excremento. El olor de su ano comenzó a impregnar la habitación de un fuerte hedor. Amordazado solo podía respirar por la nariz y olfateaba todo el olor. Terminó de defecar dentro del orinal, agarró un trozo de papel y se limpió su ano. Se burló mientras arrojaba el papel con una sonrisa dentro del orinal. Agarró otro segundo trozo de papel y tras limpiarse su culo volvió a arrojarlo con su mano enguantada dentro del orinal. Metió sus manos enguantadas en el wc, sacó el orinal de plástico repleto a la mitad por sus excrementos sólidos. Había llenado la mitad del orinal, había descargado una gran cantidad de residuos en el orinal, su gran estomago se había vaciado. Colocó el orinal en el suelo frente a ella y a la silla donde me encontraba atado y dio una palmada sonora con estusiasmo chocando sus manos enguantadas. Me mostró el orinal repleto de sus heces, acercó el orinal a mi nariz par que pudiese olerlo y a la vez obsérvalo de cerca.


- Ahora vas a comer todo….. todo…… no vas a dejar nada….. incluso el papel…. - La señora sentada frente a mi abrió de nuevo el armario que estaba a su lado y agarró un rollo de cinta americana gris. Comenzó a cortar trozos de varios centímetros con unas tijeras y pegar el extremo a su lado. Estaba confuso, no entendía nada cuanto estaba haciendo ahora con el rollo de cinta americana, pero pronto lo comprendí.

- Tengo métodos para hacer que tragues todo….. no vas a poder escapar …. Ni vas a poder escupir tu comida – La señora se acercó a mi, sacó sus bragas de mi boca y acto seguido metió la mano dentro del orinal. Agarró un trozo de sus excrementos sólidos y lo introdujo dentro de mi boca forzándolo con sus guantes al interior. Antes de poder escupirlo, se aseguró de colocar un trozo de cinta americana en mi boca, que previamente había cortado. Observé su cara de satisfacción y regocijo comprobando como llevaba un trozo de sus excrementos en mi boca y no podía escupirlo ya que me había sellado la boca con un trozo de cinta adhesiva gruesa.

Sentí un fuerte hedor, un sabor repugnante. Su excremento inundaba mi boca y no podía escupirlo con la cinta. Aquella técnica era infalible. Intenta escupir el trozo de excremento pero no podía, me sentía humillado sin escape.

- No tenemos ninguna prisa…. Ahora o tragas o lo retienes en la boca…. Es tu decisión – Comenzó a reírse a carcajadas observando mi cara de repugnancia sin poder moverme. La señora Isabel continuó sentada tranquila observándome con una sonrisa en su rostro.

Era la primera vez que tenía un trozo de excremento en la boca. Desconocía cual era la mejor decisión si tragarlo o dejarlo en la boca. El hedor y sabor era repugnante. La señora Isabel sentada frente a mi cruzó sus piernas cómodamente y disfrutó del momento observando mi cara de repugnancia. Tras un minuto la señora se levantó y se acercó de nuevo a mí.

- Yo te ayudare a tragarlo – Tapó mi nariz presionando mi nariz con los dedos de su guante. En unos instantes me faltó la respiración y no tuve más remedio que tragar su trozo de mierda.

- ¿Ves?... buen chico….. así me gusta. No te preocupes hay mucha más mierda….. no tenemos prisa…. No vas a salir de aquí hasta que termines el último pedazo. – La señora Isabel sonrió y metió de nuevo su mano enguantada dentro del orinal para agarrar otro trozo solido marrón. Volvió a introducirlo dentro de mi boca y cerró la boca con otro trozo de cinta americana que tenía preparado.

El siguiente trozo era más difícil para mí digerirlo, era más grande. La señora Isabel me miraba con una sonrisa en la boca. Finalmente su sonrisa se volvió enfado al comprobar que no tragaba el trozo y transcurría el tiempo. Esperó pacientemente pero no tragaba.

- ¡¡ Va a ser peor para ti….. tengo muchos métodos para hacer que tragues todo ¡¡ . La señora agarró una pinza de madera. Una pinza para tender la ropa. Colocó la pinza sobre mi nariz y me quitó la respiración. Quedé amordazado con el trozo de su ano dentro de mi boca, sellada con cinta americana gris y la pinza de madera tapando mi nariz.

- ¿Quieres respirar ?..... ¡pues traga¡, no te voy a quitar la pinza hasta que tragues - Se sentó de nuevo y me dejó sin poder respirar. Pasados unos segundos no tuve más remedio que tragar todo. La señora Isabel observó cómo tragaba y me quitó la pinza de la nariz. Respiré exhausto. Volvió a agarrar otro nuevo pezado de su mierda y lo acercó a mi boca. Cerré la boca con fuerza apretando los dientes para que no pudiese introducirlo. La señora Isabel se enfadó, volvió a cerrar la cinta en mi boca, y soltó el trozo de excremento en el orinal enfadada al comprobar como cerraba la boca sin querer abrirla.

- Cada vez que cierres la boca te propinaré 10 bofetadas, se irán acumulando, aprenderás a abrir la boca - . Levantó su mano enguantada y me abofeteó duramente una y otra vez en mi rostro. La goma gruesa de su guante resonaba en la habitación. PLAAAAAAAAAAAAAAFFFFFFFF PLAAAAAAAAAAAAAAAFFFFFF . Me abofeteó 10 veces tal como prometió. Me dejó la cara escocida y roja del impacto de la goma de su guante con dureza en mi cara. Recibí tremendos bofetones en ambos lados de mi rostro.

- Ahora si se te vuelve a ocurrir cerrar la boca serán 20 bofetones, tú decides…. Te aseguro que me encanta abofetearte, podría estar haciéndolo todo el día, dame un solo motivo y lo hare hasta que aprendas - .. Volvió a introducir su guante en orinal y agarró de nuevo el trozo de excremento. Lo acercó a mi boca y esta vez la mantuve abierta, no deseaba ser de nuevo abofeteado, me ardía el rostro. Volvió tapar mi boca con cinta americana y comenzó a reírse a carcajadas.


- ¡¡ Ahora no eres tan chulo¡¡ … no eres más que un comemierdas….¿ Se te han quitado las ganas de faltarme al respeto? – La señora observó cómo volví a tragar y sonriendo se levantó, se acercó a mí y me propino dos nuevas bofetadas con la palma de su guante de izquierda a derecha que resonó en toda la habitación. Me dejó la cara aún más dolorida con sus tremendas bofetadas. Quedé completamente humillado mientras metía de nuevo su guante en el orinal.

- ¡¡ Todavía queda la mitad¡¡ … te prometo que vas a tragar todo, incluso los dos trozos de papel – Volvió a meter un trozo más grande dentro de mi boca. Volvió a colocar la pinza en mi nariz y no tuve más remedio que tragar de nuevo.

Desconozco cuanto tiempo llevábamos dentro de su baño. Me pareció una eternidad, el orinal nunca terminaba de vaciarse y mi castigo no terminaba. Empecé a quejarme e intentar resistirme, estaba saciado y no terminaba nunca el orinal. La señora tiró del extremo de sus guantes para ajustárselos y se puso de pie a mi lado.

- Te lo advertí, duplicaría las bofetadas si te resistes …. Serán 20 – Cerró la cinta en mi boca y comenzó a abofetearme duramente de nuevo. Su mano derecha se estrellaba con fuerza en mi rostro sin piedad. Mi cara terminó completamente roja y escocida.

- Vuelve a cerrar la boca y serán 40 la próxima vez…. Estoy deseando abofetear tu cara de gusano - . Me recriminó la señora mientras volvía a agarrar más heces dentro de su orinal.

Tragué todo tal como me prometió, terminé por completo el orinal. Agarró los dos trozos de papel marrones que quedaban en el interior del orinal.

- Ahora vas a tragarte estos dos trozos…. Yo te ayudare para que sean más digeribles - . Se sentó a horcajadas en el orinal y comenzó a orinar dentro. Los dos trozos de papel quedaron completamente empapados en su orina. Agarró el primer trozo y lo acercó a mi boca. Lo introdujo en mi boca mientras lloriqueaba, no tuve más remedio que masticarlo y tragarlo. Agarró el segundo trozo y de forma impulsiva cerré la boca negándome a digerir un segundo trozo de papel sucio. La señora sonrió mirándome fijamente con rostro perverso:

- Voy a disfrutar mucho abofeteándote 40 veces…. Adoro abofetear tu cara de estúpido. – Traté de suplicar, gritar, escapar, pero cerró de nuevo mi boca con cinta americana. Tiró del extremo de sus guantes para ajustárselas a sus manos y se colocó frente a mí.

PLAAAAAAAAAAAAFFFFFFFFF PLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAFFFFFFFFF PLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAFFFFFFFFFF


Me abofeteó hasta 40 veces mientras reía a carcajadas. Aquella señora era terriblemente perversa y cruel. Su odio hacia mí era infinito, motivos la había dado. Terminó de abofetearme dejándome la cara completamente roja como un volcán en erupción. Lloriqueando en la silla atado, la señora agarró el ultimo trozo de papel mojado de orina y restos de heces y lo introdujo en mi boca. Mientras masticaba el papel la señora me miraba fijamente.

- Vuelve a faltarme al respeto o desobedecerme alguna vez y esto es lo que te ocurrirá - Me recriminó con tono muy serio.

Me desato de la silla y me liberó y Salí corriendo de su casa mientras la señora Isabel se reía a carcajadas allí semidesnuda con sus guantes enfundados en sus manos dentro del baño de su casa. Parecía la risa de una bruja resonando en todo el edificio. Había cumplido su venganza.

Aquella noche en mi casa estaba completamente confuso. No paraba de recordar lo sucedido y no paraba de excitarme. Había sufrido mucho y a la vez me excitaba al recordarlo. No paraba de pensar en la Señora Isabel, su cuerpo voluptuoso desnudo. Sus guantes gruesos de goma apretados en sus brazos. La crueldad con la que me trato. El carácter de la señora me excitaba. El sabor desagradable de sus heces. Sus bofetadas continuas. Estaba completamente excitado y sin apenas tocar mi pene comencé a descargar mi semen completamente excitado como nunca antes en mi vida. No comprendía que me ocurría, ¿Porque me hacía excitado tanto aquella situación llena de sufrimiento por parte de la señora Isabel? Debía averiguar que sucedía en mi cabeza, tramé un plan que llevaría a cabo .Deseaba volver a ver a la señora Isabel.


Al día siguiente llame a la puerta de la señora Isabel. Esta vez fui yo quien la sorprendí, no esperaba mi visita después de todo lo sucedido y lo humillado que me marché. La saludé muy educadamente y la pedí disculpas por mi comportamiento. La hice saber que estaba completamente arrepentido por la forma en que la había tratado en el pasado. Tras disculparme fue cuando me insinué hacia ella. La indiqué que necesitaba modales y ella era la persona indicada para enseñarme a comportarme.

La señora Isabel sonrió y sin dar crédito a mi comportamiento completamente educado y mi ofrecimiento, me contestó:

- ¿ Estas insinuándote para ser mi retrete personal ? – Me preguntó mirándome fijamente.

- Esto yo… eh… yo…. – Lo deseaba por completo, pero me avergonzaba reconocerlo abiertamente ante ella. Tartamudeaba y agachaba la cara intimidado ante la señora.

- Bien…. Te dejaré pensar la respuesta. Si decides ser mi retrete personal acudirás esta tarde a mi casa y me lo indicaras claramente…. Por el contrario no vuelvas a llamar a estar puerta nunca más. – La señora cerró la puerta y me dejó allí plantado frente a su puerta cerrada.

Regresé a mi casa y volví a pensar en sus palabras, “ser su retrete personal “, aquello me excitaba demasiado, deseaba serlo. No había tenido valor para indicárselo, me pudieron los nervios y la vergüenza. Aquella tarde acudí de nuevo a su casa. Llamé a su puerta de nuevo y me abrió la señora Isabel. Iba vestida de forma provocativa. Una bata fina abierta de par en par mostrando su cuerpo voluminoso y voluptuoso. Su bragas negras, sujetador negro, sus medias de liga negras y sus guantes largos olorosos hasta el codo por encima de la bata. Casi me derrito en su puerta al observarla. Me invitó a pasar a su casa. Me indicó cortésmente que tomase asiento en el salón de su casa. Ella se sentó provocativa frente a mí.

- ¿Qué quieres decirme?… se claro esta vez - Me preguntó.

- Quiero y deseo ser su retrete personal señora Isabel – Esta vez se lo indiqué sin remordimientos ni vergüenza.


- Muy bien…. Ahora te explicaré que ocurrirá si decides aceptar ser mi retrete…. Como has comprobado soy muy estricta, no toleró que me desobedezcan… si decides ser mi retrete humano tragaras todo cuanto expulse de mi cuerpo… puede ser por las buenas o por las malas… será mucho peor… has comprobado que tengo muchos métodos para hacerlo… cinta americana, pinzas…. Y sorpresas que ahora te contaré - Empezó la señora Isabel a relatarme mientras la escuchaba atentamente en silencio.

- Te educaré y te enseñare a tragar todo a la velocidad que yo decida, rápido o despacio…. Si desobedeces tendré que castigarte…. – La señora Se levantó y sacó de un cajón una caja de madera con varios utensilios, no era una caja normal – Las mostró ante mi sin saber lo que era aquella extraña caja.

- Esta caja se mete tu cabeza dentro .. tumbado en el suelo…. Se sujetan las cadenas internas a tu collar de perro. No podrás moverte un milímetro. Te colocaré este abre bocas metálico… - La señora se detuvo al observar mi sorpresa ante el abre bocas metálico que sujetaba en su mano enguantada. Observó mi reacción, abrió el abrebocas metálico entre sus guantes de goma y lo mostró ante mi rostro estupefacto.

- Como puedes observar es bastante rígido, si lo coloco en tu boca te aseguro que no vas a poder cerrar la boca, la vas a mantener bien abierta. Me sentaré en la caja y descargaré toda mi mierda llenando tu boca bien abierta. Mis guantes harán el trabajo, puedo empujarla una y otra vez con mis dedos hasta que tragues. Te recomiendo no me desobedezcas o me hagas enfadar porque este método no te va a gustar nada. – La señora Observó mi rostro de temor debido a su explicación y su castigo tan cruel.

- Bien…… Última advertencia. Soy muy estricta como has comprobado. Prepararé la comida que yo desee… pescado, pollo, verduras y la mezclaré con mis heces. Al principio te educaré bien atado y te enseñaré a tragar pero… con el tiempo te sentaras en esa silla y tragaras todo tú solo bajo mi atenta mirada. Si me desobedeces puedo romperte la cara a bofetadas, me encanta abofetear gusanos como tú con mis guantes. Puedo duplicar una y otra vez tu castigo abofeteándote, cuando recibas 100 bofetadas te aseguro que detestaras mis guantes por el dolor. – Terminó de explicarme la señora bajo mi atenta mirada. Estaba aterrado y a la vez excitado.

- Te lo voy a preguntar una sola vez….. ¿Quieres ser mi retrete humano? , firmaras un contrato y si lo incumples te aseguro que iré a buscarte a tu casa y te traeré sujeto de los pelos si hace falta a tragar todo metido dentro de la caja , no habrá vuelta atrás si lo firmas ….. ¿cuál es tu respuesta? – La señora observó impaciente mi respuesta.

- Si, acepto – Dije firmemente. La señora Se levantó y me propino una bofetada terrible en mi rostro que resonó en todo el salón de su casa.

- Señora Isabel, me trataras así…. – Me recriminó al no contestar educadamente.

- Si, señora Isabel – Rectifiqué mi error. La señora se levantó satisfecha de su asiento. Me entregó su contrato y lo firme sin apenas leerlo. Ahora era su retrete humano y no había vuelta atrás.

- Puedes irte. Cuando te avise vendrás a mi casa, tu alimentación la decido yo…. A partir de ahora comerás lo que yo quiera y mezclado con mis heces…. Vete acostumbrándote y obedéceme o será mucho peor. Lárgate de mi casa estúpido…. – Obedecí y me marché a mi casa. Sabía que en cualquier momento la señora podría llamarme para acudir a su casa la cual tenía justo al lado. Pronto empezaría mi entrenamiento.

La señora tiró del extremo de sus apreciados guantes para despojarse de ellos. Los agarró con la palma de su mano y se los llevó a su nariz, olfateó el hedor que desprendían y la señora se excitó completamente. Adoraba el hedor de los excrementos. No tenía ningún tipo de pudor o repulsión hacia el olor, la encantaba. Empezó a pensar en todo cuanto podría disfrutar conmigo, iba a ser terriblemente estricta. Adoraba hacer tragar a los gusanos su excremento y siempre encontraba alguna imperfección para enfadarse y hacerlo a la fuerza como a ella la gustaba. Su caja de madera iba a ser un instrumento que iba a utilizar muy a menudo conmigo. Pronto averiguaría que mi entrenamiento iba a ser terriblemente duro.

Continuará…. Describiré el entrenamiento si les ha gustado.

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Extreme coprofilia. El castigo de la señora Isabel. es un relato escrito por sumisso publicado el 23-03-2024 14:04:13 y bajo licencia de Creative Commons.

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