Tiempo estimado de lectura de 6 a 8 minutos

Lágrimas y sangre
Escrito por SoniaSev

Este relato es la continuación de “Mi amo Rufus”, “Los amigos de mis amos” y "La reunión anual". Si no los has leído aún, léelos primero para entender este relato.
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Dedicado a mi amo, luz y guía de mi vida.
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Habían pasado varias semanas desde la reunión anual en los que mi progresión como esclava había ido alabada por mis amos de forma constante.
Podía notar como mi amo disfrutaba cuando usaba mi cuerpo, cada vez con más frecuencia. Y mi ama no dejaba de invitar a amigas a casa para mostrarme y sentirse orgullosa de mí.
En cuanto a mi amo Rufus, como el amo inteligente que era, se contagió de aquel ambiente y su actitud cuando me sacaba a pasear al parque era cada vez más orgullosa y altiva con el resto de canes.
Sin embargo, a pesar del buen ambiente que reinaba en casa de mis amos, había algo en mi interior que me hacía sufrir. Tenía ya dos faltas y comenzaba a tener síntomas de que un pequeño gran problema estaba creciendo en mi interior.
Antes de nada, quería estar segura y aproveché mi paseo con mi amo Rufus una tarde para comprar un test en una farmacia. Aquella noche, en mi arenero me hice la prueba.

- Esclava, ¿estás bien? -me preguntó mi amo llamando a la puerta de mi baño.
- Sí, señor. Es solo que me he dado un golpe en un dedo del pie. Siento haberle incomodado con mi llanto.
- De acuerdo. Pero si te duele mucho, dínoslo para llevarte al veterinario.
- Muchas gracias, señor. Pero creo que no será necesario.

Caí rendida mientras lloraba desconsolada sobre el suelo de mi baño.

- No puedo guardarme más tiempo esto. Mis amos no se lo merecen. Debo echarle valor y ser una buena esclava. -me repetía en mi cabeza continuamente.

Un par de días después, tras recoger la cocina y dejar preparadas todas las cosas para el desayuno del día siguiente, me acerqué al sofá donde mis amos veían una película y me coloqué en posición sumisa frente a ellos.

- Señora, señor, tengo que ... -no pude seguir mientras caía en un mar de lágrimas y desesperación.
- ¿Qué ocurre, esclava? -me dijo mi amo contrariado por no dejarles ver la película.
- ¿Tiene algo que ver con lo de tu pie?
- No, señora. No es eso. -respondí mientras me recomponía y secaba mis lágrimas.
- ¿Entonces?
- Creo ...... bueno, creo no, estoy segura.....
- Me estás poniendo nerviosa, termina ya -me gritó mi ama.
- ¡Estoy embarazada!

Se hizo el silencio durante unos segundos que parecieron eternos.
Mi ama abrió la boca y casi se le desencaja la mandíbula.
Se levantó del sofá y me dio un bofetón con la mano abierta que hizo que cayera al suelo sobre mi espalda, dolorida y humillada.

- ¡Te lo dije!. ¡Tanto follártela sin condón! -gritó mi ama
- ¿Y quién te ha dicho que sea mío?. En la fiesta anual se la follaron no menos de 25 tíos. ¿Y qué me dices de Rufus?
- ¿Rufus?, ¿en serio?, ¿hablas realmente en serio?
- Pues claro. Se la folla todos los días. Incluso hay días que varias veces.
- ¿Me insinúas que un perro puede dejar embarazada a una mujer?
- Pues claro. Lo consulté con el veterinario, viendo que Rufus se la follaba, y me dijo que es una posibilidad muy muy baja, pero que puede darse.
- ¡Madre mía! Y, ¿qué es lo que puede salir de ahí?
- Imagínate -respondió mi amo mientras ambos me miraban con una mezcla de pena y de desdén mientras aún me dolía el bofetón que mi ama me había dado.

Tras aquello, el ambiente en casa se enrareció muchísimo. Y fuera de casa, en mis paseos con Rufus, notaba como otras mujeres cuchicheaban y hablaban de mi al ver el moratón que había dejado como marca en mi cara el bofetón de mi ama.

- Esta noche tenemos visita. Unos amigos vienen a cenar. Ponte el vestido y los zapatos que usé el pasado sábado cuando tu amo me llevó a cenar. Y enseguida te daré la ropa interior cuando me la quite para ir a la ducha. -me dijo mi ama mientras buscaba en el armario y los cajones ropa para ponerse esa noche.
- No te preocupes por la comida. Tu amo ha encargado a un catering todo lo necesario. Tú solo ocúpate de ser sumisa y solícita con todo lo que te digan y de dejarnos en buen lugar, ¿entendido?
- Sí, mi ama. Haré que se sientan orgullosos de mi -respondí
- No sé si eso es ya posible -espetó mientras se quitaba la ropa interior dejándola sobre el suelo y se dirigía al baño para darse una ducha.

Me arreglé con la ropa que mi ama me había ordenado, me peiné y maquillé. Preparé la mesa para la cena y esperé, de pie, pacientemente junto a la puerta la llegada de los amigos de mis amos.
Sonó el timbre y abrí la puerta para, después, retroceder unos pasos, echarme a un lado y ponerme de rodillas en posición sumisa mirando fijamente al suelo.

- Bienvenidos. Espero que su estancia sea de su agrado.
- ¿Y tus amos? -preguntó ella.
- Enseguida salen. Están terminando de vestirse. Por favor, pasen al salón y póngase cómodos. Les serviré lo que deseen mientras les esperan.
- Ponles dos copas de vino, esclava. -dijo mi ama apareciendo por el salón

A los pocos segundos apareció también mi amo y todos se saludaron de forma efusiva.

- Esclava, ¿has saludado a los señores de forma adecuada? -preguntó mi ama.
- Sí, señ.... -intenté responder.
- La verdad es que no. Esperaba más de ella, después de lo que a oído por ahí. -dijo en un tono de voz elevado la amiga mis amos, interrumpiendo lo que iba a decir.

La cara de mi ama se encendió de cólera y corrí solícita a los pies de los invitados para besar sus zapatos en señal de respeto.

- No te preocupes. Hay veces que las esclavas son así de olvidadizas -le dijo su amiga a mi ama mientras la cogía del brazo.
- Ya, ya. Pero es que no sabes por lo que estamos pasando los últimos días. ¡Qué disgusto más grande!
- Estoy enterada. Mi marido me lo ha contado todo.

Después de la cena, mis amos y sus amigos pasaron al salón donde se recostaron en el sofá a tomar las copas que les serví.

- ¿Te ocurre algo? -preguntó mi ama a su amiga.
- Tengo algo pegado en el zapato que no me deja andar cómoda. -respondió su amiga mientras levantaba su pie y miraba la suela de su zapato.
- Es un chicle que habrás pisado en la calle -dijo mi ama nada más verlo.

Mi ama me lanzó un gesto y corrí para ponerme de rodillas frente a su amiga, que se sentó en un sillón, cruzó sus piernas y elevó el pie mostrándome la suela de su zapato.
Me acerqué y comencé a lamerla para limpiarle los chicles y toda la suciedad que tenía en ella. Tardé un buen rato, pero la suela quedó impoluta, como recién salida de la caja al comprarlos.
Volvió a cruzar las piernas y a mostrarme la suela del otro zapato, sobre la que volví a hacer la misma operación.

Una vez hube terminado mi ama hizo un gesto con su mano para que me retirara.

- Espera. -dijo el amigo de mis amos- No todo van a ser castigos y humillaciones. Cuando una esclava lo hace bien, también hay que decirlo y premiarla. Ven, anda.

Miré a mis amos que aprobaron el que me acercara a su amigo.

- Abre la boca -me dijo al llegar frente a él.

Introdujo algo dentro de mi boca que había sacado de su bolsillo.

- Es una golosina, por lo bien que lo has hecho esta noche. Ahora trágatela.

Así lo hice.

Aquella noche dormía en el colchón sobre el suelo, junto a mi amo Rufus. Cuando un tremendo dolor de vientre hizo que me despertara de golpe.
- Seguro que he cogido una gastroenteritis al limpiar la suela de la señora -me imaginé mientras corría a mi arenero.

Allí, en cuclillas intentando expulsar todo lo que hubiera en mi estómago e intestinos, vi que empezaba a sangrar por mi vagina. E iba a más. Empecé a expulsar mucha sangre líquida y en coágulos.
Me asusté, chicle y mis amos asomaron por la puerta del baño.

- No hay que preocuparse, esclava. Es solo que estás teniendo un aborto -me explicó mi amo.
- ¿Un abor...? -pregunté mientras no despegaba mis manos de mi vientre.
- Eso es. La golosina que te ha dado nuestro amigo ha provocado esto. Hemos consultado a varios especialistas y, por los síntomas que tenías en los últimos días era más que probable que la criatura que estaba desarrollándose dentro de ti, fuera mitad humana y mitad canina. ¿Lo entiendes?
- No podíamos permitir que esto siguiera adelante. Entiéndelo. Era un riesgo para ti y, sobre todo, para nuestra reputación. Pero ahora está ya todo solucionado. Mañana por la mañana vendrá a casa un veterinario que te examinará y comprobará que todo ha ido bien. Ahora, límpiate y duerme. -dijo mi ama mientras cerraba la puerta del baño.

Esa noche mis amos me permitieron dormir en mi habitación en lugar de hacerlo, como de costumbre, en el colchón de mi amo Rufus. Así evitaría su ímpetu. Después del aborto debía cuidarme.

Me levanté al amanecer y preparé el desayuno de mis amos y mi amo Rufus me dio el primer paseo del día. Y, al llegar a casa, me estaba esperando el veterinario para hacerme una revisión, tras el aborto.
Todo terminó rápido y este le confirmó a mis amos que en un par de semanas estaría completamente recuperara y lista para ser usada por ellos. Lo que me alegró sobremanera. Ver a mi amo Rufus y no poder satisfacerle a diario me causaba mucha pena.
Así que pasé unos días bastante apesadumbrada. A pesar de que podía satisfacer a mi amo chupándosela cuando él me lo solicitaba, me seguía sintiendo como una esclava inservible.

Mis amos también andaban preocupados al verme así. Tanto tiempo a su servicio había creado unos vínculos entre nosotros que, a pesar de ser su esclava, tenían algo de, digamos, afecto.

Días más tarde, cuando se cumplía el plazo dado por el veterinario para poder ser usada, mi amo entró en casa con una correa de perro en su mano. En el otro extremo de la correa caminaba tras él un imponente dogo. Enorme como un caballo y apuesto como un caballero de la edad media.

- Esclava, tu ama y yo hemos pensado que sería bueno aumentar la familia y, de paso, darte la oportunidad de que puedas servir a un nuevo amo. Te presento a Rex -me dijo mientras lo acercaba hacia el lugar en el que lo esperaba en posición sumisa.

Mi nuevo amo Rex caminó hacia mi despacio, con un caminar que solo tienen aquellos que saben que son los dueños del lugar tan solo dos minutos después de poner un pie en el sitio.
Mi amo Rufus lo entendió al instante y cruzando la mirada con mi amo Rex la bajó un segundo después y acto seguido se tumbó en señal de respeto hacia Rex.
En lo que a mi concierne, mi corazón se aceleró y caí igualmente rendida a la atracción que mi amo Rex irradiaba a su alrededor.
Me miró fijamente a los ojos y, sin decir nada ni hacer ningún gesto, supe enseguida lo que mi nuevo amo deseaba de mí.
Subí mi falda, bajé mis bragas y puse mi coño en posición para satisfacer a mi nuevo amo.
Caminó erguido hasta situarse detrás de mí y de un solo impulso subió a mi espalda y me penetró.

Estaba recibiendo un placer inmenso, al mismo tiempo que intentaba contener mis gemidos y mis múltiples orgasmos por respeto a mis otros amos.
Había perdido la noción del tiempo y el lugar cuando me pareció (o lo soñé, ya no lo sé) que mi amo se acercaba a mi oído y me dijo:

- Estás disfrutando, ¿verdad?. Pues relájate porque esto es solo el comienzo. ¿Qué te parecería el pertenecer a una camada de perros, todos machos, siendo tú la única hembra?. Piénsalo....

Continuará....


Licencia de Creative Commons

Lágrimas y sangre es un relato escrito por SoniaSev publicado el 07-05-2023 19:18:06 y bajo licencia de Creative Commons.

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