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El secreto de Naima (II)
Escrito por Arwen perra de Nazgul

Laura se marchó y dejó solos a la sumisa y al Amo, la sumisa se vistió y siguió al Amo hasta el salón, allí él se sentó en un sillón y la pidió que se acercase, ella se acercó, él la ordenó que le mirase a los ojos mientras se quitaba las braguitas. Una cosa tan tonta hizo que la chica se pusiera roja y a duras penas podía mantener la acerada mirada de su Amo, pero aguantó. Luego la hizo abrir las piernas y separarlas, él la metió la mano bajo la falda y la fue subiendo hacia arriba hasta llegar a su coño que estaba empapado.

- Ahora desnúdate perrita - le ordenó el.

Ella se quitó toda la ropa y como él la había instruido en algunas sesiones cibernéticas dobló perfectamente toda la ropa en una silla. Luego él se colocó detrás de ella y la tapó los ojos con un pañuelo negro y la ató las manos a la espalda, se sentó y la hizo tumbarse sobre sus rodillas, en esa postura estaba completamente expuesta, ella en su interior sabía que estaba completamente desarmada, entregada y sometida algo que hacía que se excitase sobremanera, un efecto que a su vez tenía el efecto de que su grado de sumisión había subido varios grados.

El Amo la empezó a dar azotes con la mano abierta en las nalgas alternando los golpes, golpes no muy fuertes para que no se pusieran rojas las nalgas antes de tiempo, luego la hizo arrodillarse y echar el cuerpo sobre la mesa de cristal baja que había delante del sofá. Ahora quería que ella viera lo que la iba a hacer, sacó una pala de tenis de mesa y se la enseñó y la ordenó que contase los azotes como él la había enseñado.

Comenzó a darle azotes mientras ella los contaba y daba las gracias por sentirse usada por el Amo, cuando él vio que las nalgas tomaban un color rosado paró y la soltó las manos y la colocó un collar de perra y la llevo como si fuera una perrita a cuatro patas hasta el dormitorio donde la colocó boca arriba en la cama, ató cada muñeca a cada esquina del cabecero de la cama y cada tobillo a cada esquina de los pies de la cama, la tensó bien para que la postura resultase incomoda y estuviera tensa.

Salió un rato y volvió con un pequeño tazón con espuma de afeitar y una maquinilla, llevaba también una toalla y polvos talco. Con una pequeña brocha de las de afeitar fue extendiendo la espuma por todo el pubis hasta que los restos de vello púbico quedaron completamente llenos de dicha sustancia, los labios vaginales, perineo y la zona del ano ya estaban libres porque se lo había tenido que hacer ella para quedar limpia como le ordenó ayer.

Con la maquinilla con suaves movimientos y de manera precisa la fue rasurando, había tenido la cuchilla en el congelador con lo que ella sentía frio cada vez que la rasuraban con lo que la excitación subía y hacía que ella se mojase aún más incluso la piel libre de vello brillaba. Cuando acabó de rasurarla la limpió todos los restos de espuma y luego la untó con una crema especial para verter sobre la zona luego unos pocos polvos de talco.

La volvió a tapar los ojos, estuvo a punto de taparla la boca, pero al final no lo hizo quería oír sus sensaciones, sobre todo si jadeaba porque a él le encantaba que jadease, le excitaba todavía más. Antes de taparle los ojos, él la premió con un striptease ya que después de que se había ido Laura se había vuelto a vestir. El cogió varias pinzas de la ropa y puso una en el pezón izquierdo y otra en el derecho, ella sintió dolor, pero quería parecer una buena sumisa y se mordió los labios para no gritar, quería solo abrir la boca para jadear o para hablar cuando el Amo le diera permiso.

Ahora colocó tres pinzas en el labio vaginal izquierdo y otras tres en el derecho. Ella cuando entraron en la habitación había visto una argolla en el techo, pero no sabía para que podía ser, pero enseguida lo comprobó, el Amo ató una cuerda a una anilla a la que había atado varias pequeñas cuerdas que salían de las pinzas de los pezones y del coño y la pasó por la argolla y en el otro extremo colocó una vela de tal forma que la cera no cayese a no ser que ella se moviera.

Por cada pequeño movimiento caía una gota de cera sobre los pechos de la chica, la argolla del techo estaba puesta con una ventosa para colgarse del techo de tal forma que la podía mover a su antojo, cuando el pecho ya era de un color azul, cambió la argolla a la vertical del ombligo y luego a la zona del monte de venus.

La veía que estaba sufriendo porque las pinzas ya mordían la piel demasiado, entonces apagó la vela y con una fusta quitaba las pinzas de un certero golpe, cuando las de los pezones salieron la chica notó una punzada de dolor que no aguantó y chilló. El la soltó y le dijo que se lavara, la quitó el pañuelo de los ojos. Ella fue al baño a ducharse, tenía que ducharse con la puerta abierta para que él la pudiera ver. Primero había colocado la videocámara, estaba grabando todo.

Pudo comprobar como la chica tenía los muslos brillantes, se había excitado sobremanera, ella mientras se duchaba a duras penas podía mantener la cabeza gacha como debía por las ordenes de su Amo, él para recompensarla la dejó que se duchase a su gusto y que le mirase si quería, pero en vez de mirarle con una mirada neutra sin emociones le miraba con una mirada de deseo.

Ella salió y él la recibió con una gran toalla con el que la secó muy cariñosamente premiándola con un dulce beso en la boca que se convirtió en un gran morreo y muerdo. Las lenguas comenzaron a jugar mientras los dos desnudos se abrazaban haciéndose de dos cuerpos uno solo.

Ella fue bajando besando el cuello, luego los pezones mordisqueándolos mientras con la mano sopesaba los testículos y acariciar la polla masturbándola. Luego lamía el ombligo bajando hasta la polla y pasando la lengua por ella engulléndola de un solo golpe. Estaba tan cachonda que no paró en preliminares, se la metió de golpe sin pensarlo. Lo mamaba como si fuera un pirulí apretando los labios sobre la polla y ensalivándola al máximo.

El Amo la dio la vuelta haciéndola que se sujetase al lavabo y se la clavó de un solo golpe comenzando a follarla, la cogía de los pelos atrayéndola hacia él y diciéndole al oído:

- Perrita, te estaría follando toda mi vida, de momento eres una gran sumisa, si sigues así haré de ti la mejor de las perritas.

La follaba y la sostenía de los pechos haciendo que los pezones quedasen entre los dedos y al cerrarlos los pellizcaba delicadamente, ella jadeaba de manera desatada, se cortaba para no decir lo que estaba pensando de verdad, él lo vio y le dio libertad para follar y comportarse libremente durante el polvo. Naima jadeaba al máximo y dijo:

- Follame a tope, quiero que me hagas correr hasta que me desmaye, dame duro.

La folló y sintió que se iba a correr con rapidez, ella tuvo un gran orgasmo que no la calmó, sino que la encendió más y apretó con los músculos de su conejito la verga del chico, ella se agachó después de ser descabalgada y se introdujo la polla en la boca mamándosela como queriéndola ordeñar hasta que el Amo se corrió en la boca tragándose todo el semen y mirando a su Amo con cara de viciosa. Naima se incorporó y se dio un dulce y prolongado morreo con su Amo.


Licencia de Creative Commons

El secreto de Naima (II) es un relato escrito por Arwen perra de Nazgul publicado el 27-12-2022 23:00:22 y bajo licencia de Creative Commons.

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