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La visita del maestro
Escrito por SoniaSev

Este relato es la continuación de “Mi amo Rufus”, “Los amigos de mis amos”, "La reunión anual" y "Lágrimas y sangre". Si no los has leído aún, léelos primero para entender este relato.
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Dedicado a mi amo, luz y guía de mi vida.
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Siguió pasando el tiempo mientras mejoraba como sumisa y esclava de mis amos.
Cada día era más feliz pudiendo complacer y ver felices a todos ellos.

Mis amos Rex y Rufus me usaban varias veces al día y cada vez parecían quedar más satisfechos conmigo. Mi vagina se iba dilatando cada vez más, por lo que a mis amos les costaba menos penetrarme y mi vagina era capaz de almacenar y retener más cantidad de su leche.

Por otro lado, mis amos parecían estar también más satisfechos con mis quehaceres en la casa y en cómo me comportaba cuando recibían visita. Parece ser que mi presencia en la reunión anual no había pasado nada desapercibida y cada vez eran más los amigos y conocidos de mis amos que querían pasar por casa a conocerme.
Siempre me mostraba sumisa y solícita a complacer a las visitas y no eran pocas las veces en la que mis amos me felicitaban al cerrar la puerta de casa tras irse la visita. Iba mejorando cada vez más los recibimientos, aprendiendo cómo, cuándo y a quién debía besar los pies, cuándo limpiar con mi lengua sus zapatos si venían sucios de la calle, cuándo quedarme quieta esperando una señal de mi ama para hacerlo y cuándo ser proactiva, ....

Lo mismo ocurría cuando se trataba de complacer los deseos más íntimos y sexuales de las visitas. Iba aprendiendo qué era correcto hacer y qué no. Siempre atenta a cualquier señal de mi ama para entrar en acción, tanto con hombres como con mujeres y siempre dispuesta y solícita a cualquier petición de estos.

Así, mi vida transcurría entre las labores de la casa, las constantes visitas y el cuidado de mis amos Rex y Rufus.

A estos los sacaba tres veces al día al parque que había justo en frente de casa. Ellos siempre andando un par de pasos por delante mía y yo siempre con la mirada baja, caminando dos pasos atrás y atenta a ellos.

Solíamos parar en una esquina del parque que estaba vallada y reservada para perros. Normalmente, los dueños de los perros le soltaban allí las correas para que estos jugaran y corrieran. Sin embargo, mis amos preferían quedarse conmigo mientras yo me sentaba en un banco apartado en una esquina.
Se solían situar delante mía, sentados uno al lado del otro y con las cabezas erguidas oteando al resto de perros mientras estos jugaban. Si alguno se acercaba a curiosear, les gruñían y ladraban para asustarlos y auyentarlos. Su sentimiento de posesión hacia su hembra les impedía siquiera compartir cercanía conmigo y los otros perros.
Normalmente, antes de salir de casa ambos habían hecho uso de mí y me habían llenado la vagina de su leche. De tal modo que durante el paseo por el parque mis braguitas se humedecían y empapaban de su rico manjar, haciéndome sentir húmeda desde que salíamos a la calle hasta que volvíamos y podía limpiarme. Había días que habían hecho uso de mi varias veces los dos, llenándome a rebosar la vagina de leche. De forma que, al sentarme en el banco del parque, mis bragas goteaban su leche formando un pequeño charco debajo del banco.
Cuando mis amos decidían volver a casa y nos levantábamos a caminar, el resto de perros corría hasta el banco para olisquear y beber del charco que había dejado. Esto provocaba los gritos y las carreras de sus amas al darse cuenta de lo que estaban haciendo sus mascotas, profiriendo insultos hacia mí y poniéndome de puta y de zorra.
Me daba igual. Prefería ser la puta y la zorra de mis amos que llevar sus vidas anodinas y aburridas.

Un día, cuando me disponía a preparar el desayuno para mis amos, mi ama se acercó a mí y me dijo que al día siguiente, por la noche, tenían revisión con su maestro.

- ¿Maestro, señora? -pregunté con respeto.
- Eso es. La asociación de amos en la que estamos inscritos tu amo y yo, que es la que organiza la reunión anual en la que estuviste, tiene unos controles muy exhaustivos de sus asociados. No todo el mundo puede ser amo o ama y tener una esclava en propiedad.
- No entiendo bien, señora. Creía que solo bastaba con la voluntad de la esclava y sus amos.
- Qué equivocada estás. No es así. Si un amo quiere tener en propiedad a una esclava debe pasar por una formación previa y, posteriormente, o la asociación le asigna una esclava que se encuentre libre sin amo o la puede buscar por su cuenta, como hicimos nosotros contigo. Posteriormente, debe pasar por unas revisiones periódicas de su maestro, que certificará que la esclava se encuentra bien e irá guiando al amo para que pueda llevar el proceso de aprendizaje de su esclava por el camino correcto.
- Además -añadió- si el maestro detecta algún tipo de maltrato o de dejadez en la formación de la esclava, puede llegar a retirarle su esclava al amo e, incluso, expulsarlo de la asociación. No querrás eso, ¿no?
- No, señora, por Dios. No podría vivir sin mis amos.
- Muy bien, esclava. No esperaba otra respuesta.
- No sabía nada de todo esto, mi señora.
- Lo sé, lo sé. Además, así debe ser. Tu única preocupación es ser una buena esclava y servir y satisfacer los deseos y los caprichos de tus amos. Lo que no sea eso, debe ser preocupación nuestra, no tuya.

Esa tarde mi ama volvió a hablar conmigo.

- Esclava, mañana necesito que sea una noche perfecta. El maestro vendrá y evaluará progreso y se cerciorará de que estás bien cuidada.
- Sí, señora. No se preocupe. Seré una buena esclava.
- Buena, no. Quiero que seas perfecta. ¿Lo entiendes?
- Sí -dije sin levantar la voz mirando hacia el suelo avergonzada por mi incorrección.
- Tu amo y yo necesitamos que seas lo más sumisa y solícita que sepas. Que estés atenta en todo momento a cualquier señal nuestra y, sobre todo, al maestro. Debes intentar adelantarte a cualquier petición suya. Si termina el vino de su copa, debes estar ya preparada con antelación para volver a rellenarle la copa. Si sus zapatos traen barro o arena de la calle, debes esforzarte en limpiarlos con tu lengua para dejarlos relucientes. Si ves que comienza a desabrocharse la cremallera del pantalón debes tardar menos de un segundo en ponerte de rodillas frente a él con tu boca bien abierta dispuesta a tragar. En resumen, su estancia aquí debe ser total y absolutamente placentera para él.
- Intentaré hacerlo todo perfecto, mi señora.
- Mañana por la mañana saldremos tú y yo de compras. Quiero que estés lo más guapa y radiante para el maestro que podamos. Puedes retirarte.

Al día siguiente, por la tarde, mi ama me llamó a su habitación.

- Desnúdate y date una ducha. Vamos a empezar a arreglarnos para el maestro.

Obedecí y me desnudé por completo, salvo el collar de mi cuello, dejando con mimo la ropa sobre la cama.
Me duché y me presenté de nuevo en el dormitorio de mi ama con el albornoz tapando mi cuerpo.
Allí, me esperaba junto a otras dos personas con las que charlaba explicándoles con detalle lo que deseaba para mi.

- Te presento a Ana y Rosa. Son tu peluquera y la persona que te hará la manicura para esta noche. Te dejo con ellas, para que te pongan guapa para el maestro.

Mi ama salió del dormitorio y me dejó con ellas, que me peinaron y me dejaron las uñas de una marquesa.
Cuando terminaron, una de ellas salió a buscar a mi ama, despidiéndose y recibiendo el dinero acordado.

- Toma, ponte esto - dijo mi ama dándome un tanguita de encajes precioso de color blanco marfil.
- ¿Es para mí, señora?
- No. No es para ti. Eso no te lo pones para ti. Te lo pones para el maestro. Además, es solo para esta noche, que conste. Si el maestro quiere verte, debes estar muy guapa y no puedes ir con las bragas sucias usadas por mi el día anterior.
- Lo entiendo, señora. Y muchas gracias.

Terminé de vestirme con la ropa que había comprado mi ama esa mañana y me miré al espejo.
Estaba preciosa. Había olvidado la sensación del roce de un vestido entallado de tela de raso y del maquillaje sobre mi cara.
Mi ama me dio un beso en la mejilla y, dándome la mano, me dijo:

- Vamos. El maestro está a punto de llegar y debes estar preparada para recibirle.

Me situé en el hall de la casa esperando que sonara el timbre.
No tardó ni cinco minutos en hacerlo.
Abrí la puerta y apareció ante mis ojos un hombre con el pelo cano y mandíbula marcada, muy masculina.
Aparentaba unos 60 o 65 años. Era sumamente atractivo. Debía medir unos 1.90 metros y tenía un cuerpo muy cuidado en el gimnasio a base de pesas y ambos brazos estaban cubiertos por tatuajes tribales.
Vestía pantalón vaquero y camiseta ajustada, que dejaba asomar los músculos de sus brazos.

Me sorprendió. No me lo esperaba así, tan atractivo. Y él lo notó.

- Cierra esa boca y disimula un poco. Te debes a tus amos, puta zorra. Y limpia mis zapatos, he pisado una mierda de perro y no he podido limpiármelos bien antes de entrar.

Mi ama me dirigió una mirada que bien podía haberme matado si hubiera podido hacerlo y, con leve ademán, me ordenó hacer lo que el maestro había pedido.
Me arrodillé ante él con toda la delicadeza que pude para no romper ni manchar el vestido y comencé a lamer sus zapatos, intentando disimular las arcadas que me causaba la mierda que estaba limpiando con mi lengua.
Cuando hube terminado, apartó mí boca dando un paso adelante y comenzando a caminar adentrándose en el salón.
Me puse en pié e intenté limpiar mis labios con un clinex que, disimuladamente, me dio mi ama a espaldas del maestro.

- La visita no ha comenzado bien. Espero que todo vaya mejor a partir de ahora -dijo el maestro mientras miraba a su alrededor escrutando la decoración del salón y sentándose en el sofá como si estuviera en su propia casa.

En ese momento mi amo salió del dormitorio, donde había estado vistiéndose.
Se saludaron efusivamente con abrazos y bromas que solo ellos entendían, mientras se reían a carcajadas.
Mi ama, sin embargo, estaba aún tensa por el incidente de la puerta y miraba a ambos forzando una sonrisa que disimulara su disgusto.

Me acerqué al maestro y extendí mis brazos para recoger su abrigo y su mochila.

- ¡Qué alegría tenerle aquí, maestro! -dijo mi ama, que continuaba intentando disimular su enfado.
- Es mi obligación, no lo olvides. Si no fuera por la asociación, como ocurría antes, cualquier descerebrado tendría una esclava malnutrida y maltratada. Y eso no puede ocurrir.
- Estamos completamente de acuerdo, maestro. La asociación es lo mejor que ha podido ocurrir -dijo mi ama.
- Bueno, sentémonos a cenar. Así podrá comprobar lo gran cocinera que es nuestra esclava. Y no le hemos tenido que enseñar nosotros, maestro. Ya sabía cocinar de maravilla antes de entregarse a nosotros -añadió mi ama
- Esperad. El incidente de la puerta no se puede quedar así. ¿No sabéis que debéis reprender cualquier comportamiento incorrecto de vuestra esclava? -dijo el maestro mirando fijamente a mis amos
- Bueno, es que ... -quiso decir algo mi amo
- Esclava, devuélveme mi mochila de nuevo -interrumpió el maestro alzando la voz

Corrí a devolvérsela y extrajo de ella unas bolas de metal de unos 10 cm de diámetro con una argolla fijada en ellas.
De la mochila extrajo también un par de cadenas con una pinza en sus extremos.

- Acércate esclava -me dijo el maestro haciendo un ademán con su mano

A continuación sacó mis pechos del vestido y me puso en cada pezón la pinza del extremo de cada cadena.
Aullé de dolor. Eran pinzas que apretaban muchísimo y que tenían pequeños pinchos que se hundían en mi piel.

- Ahora ponte a cuatro patas, ¡ya!

Obedecí sin poder evitar seguir quejándome del dolor.
En el otro extremo de ambas cadenas que colgaban de mis pezones enganchó las bolas de metal, que dejó en el suelo.

- ¿Veis?. Es un nuevo castigo que uno de los asociados está poniendo en práctica con sus esclavas. Me gusta mucho -dijo el maestro.
- Ven detrás de mí -dijo dirigiéndose hacia el otro extremo del salón

Me fue imposible levantarme para ponerme en pie. El peso de las bolas era considerable y me hacía muchísimo daño en los pezones si las pesas quedaban colgando.
Así que tuve que optar por seguir al maestro gateando a cuatro patas arrastrando las bolas.
Cada nuevo paso era un dolor inmenso en cada pezón.
A duras penas logré llegar a la esquina donde estaba el maestro que, antes de que diera el último paso para llagar a él, se volvió a mover al extremo opuesto del salón.

- Vamos, zorrita. Tú puedes hacerlo -dijo mientras movía las manos llamándome y sonreía placenteramente al ver en mi cara el sufrimiento por el dolor causado en mis pezones

Di la vuelta e inicié el camino opuesto hacia el maestro.
Cada paso. Cada movimiento era una puñalada de dolor en mis pezones.

Cuando llegué a su altura quitó las pinzas que clavadas en mis pezones y me volvió a colocar los pechos dentro del sujetador.
Mi ama se acercó a mí para ayudarme a colocar de nuevo el vestido de forma correcta y finalizó con una caricia en mi mejilla y susurrándome:

- Sigue así. Lo estás haciendo muy bien.

Comenzaron a cenar, mientras me mantenía de pie, en silencio y pendiente de cualquier necesidad que pudieran tener el maestro o mis amos.

- ¿Y vuestra esclava no come? -preguntó el maestro.
- Verá, maestro, hemos optado por la política que nos enseñaron en los cursos de iniciación de la asociación. Ella come de las sobras, una vez que nosotros hayamos terminado -explicó mi amo
- Eso está pasado de moda. Ya casi nadie lo hace así -respondió el maestro

Mis amos se miraron sin saber qué decir.

- Esclava, ven y arrodíllate a mi lado -me ordenó el maestro

Pinchó con su tenedor comida de su plato y la masticó a conciencia hasta hacerla una papilla de comida mezclada con su saliva. Giró su cara mirándome y me hizo un ademán para que abriera mi boca.
Acercó su boca a la mía, como si fuera a besarme, y comenzó a introducir la comida masticada de su boca a la mía, como lo hacen los pájaros con sus crias en el nido.

- ¿Veis?. Así se hace ahora -dijo el maestro al mismo tiempo que yo tragaba la comida masticada en forma de papilla que él había depositado en mi boca.
- Vuestra esclava debe ser completamente dependiente de vosotros para todo, incluso para alimentarse. En cuanto una esclava ve un mínimo resquicio de independencia, comienzan las dudas y los problemas. ¿Entendéis? -preguntó el maestro.

Mis amos asintieron con la cabeza sin decir nada.

Al mismo tiempo, el maestro agarró el vaso y llenó su boca de agua. Enjuagó su boca con el agua, de la misma forma que se enjuaga tras lavarse los dientes e hizo un par de gárgaras. A continuación repitió el ademán para que abriera mi boca y escupió todo el agua de su boca dentro de la mía.
Tragué y, a continuación, comencé a lamer toda la comida masticada y el agua que había caído al suelo, hasta dejarlo limpio.

Aquello agradó a mis amos, que comenzaron a llamarme y a darme alimento y agua en mi boca varias veces durante el resto de la cena.

Una vez que finalizaron la comida, comencé a recoger y me dispuse a servir el postre.

- El postre lo he traído yo de casa, esclava. No lo sirvas -me dijo el maestro.
- De acuerdo, maestro.
- Pero, antes de servirlo, hazte una infusión con esto y te la bebes -me dijo mientras dejaba en mi mano una bolsita de una fina tela que contenía yerbas en su interior.
- Eso sí, debes tomarla muy caliente y no debes echarle azúcar ni sacarinas, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza y me retiré a la cocina a hacerme la infusión.

Me quemé la lengua con los primeros sorbos por lo caliente que estaba. Pero no tardé en cumplir el deseo del maestro.
Una vez la hube terminado, volví a la mesa.

- No te arrodilles aún. Ve a mi mochila y coge una bolsa con fruta que hay dentro. Lávala y sírvela en un plato -me ordenó el maestro.

De camino a la cocina para obedecer al maestro comencé a sentir mucho calor y comencé a sudar.
Saqué de la bolsa varios racimos de uvas y gajos de naranjas y mandarinas, que dispuse en un plato.

Dejé el plato con la fruta en la mesa y me arrodillé junto al maestro.

- ¿Lo sientes ya? -preguntó el maestro

Levanté la mirada. No entendía la pregunta.

- El calor y el picor en tu coño. ¿Lo sientes? -preguntó de nuevo
- Mucho, maestro. Cada vez es más fuerte el calor y el picor -respondí
- Perfecto. Os lo explico -dijo dirigiéndose a mis amos
- La infusión que vuestra esclava se ha tomado es de unas hierbas importadas de contrabando desde Camboya. Causa una gran excitación en las hembras, que puede durar varias horas. Y causa, también, una extrema producción de flujos vaginales -añadió
- Nunca había oido hablar de eso -dijo mi amo.
- Claro. Es normal. Lo hemos descubierto en la asociación a través de los contactos que hemos mantenido con una persona de ese país, que ha tenido a bien darnos una muestra que estamos probando con nuestras esclavas y sobre la que estamos experimentando sus posibles usos. Vuestra esclava es la segunda que lo prueba -respondió el maestro
- Además, es algo muy difícil de conseguir. Es una planta que solo crece en unas condiciones climáticas muy específicas que sólo se dan en una región de Camboya -dijo para terminar su explicación

Mis amos escuchaban con atención sin saber qué decir.

- Esclava. Quítate las bragas, súbete el vestido y túmbate boca arriba en la mesa que hay frente al sofá -me ordenó.

Obedecí y los tres se levantaron de la mesa para sentarse en el sofá.
El maestro trajo consigo el plato con la fruta y un cuenco que le había pedido a mi ama.
Separó mis piernas con sus fuertes manos y comenzó a introducir las uvas y los gajos de naranja en mi vagina.
Tras llenarme la vagina, continuaron su charla.

Quince o veinte minutos después, el maestro me pidió que empujara y expulsara la fruta. Acercó el cuenco para colocarlo entre mis piernas y así recoger la fruta que fuese saliendo.

Comencé a provocar movimientos y espasmos en mi vagina y a los pocos segundos las uvas y los gajos comenzaron a caer fuera, acompañados de un rio de flujos, en el cuenco que había entre mis piernas.

El maestro contó las uvas y los gajos.

- Uno, dos, tres ...... creo que ya está todo -dijo

Cogió una uva y se la ofreció a mi ama.

- Fruta macerada en flujo extremo de esclava. Así hemos llamado en la asociación a este manjar. A ver qué te parece -dijo mientras depositaba la uva en la boca de mi ama

La cara de mi ama cambió.

- ¡Esto está exquisito! ¡Madre mía! -dijo mi ama elevando la voz

El maestro rió con satisfacción.

- ¡Lo sabía!. Hemos descubierto algo espléndido -dijo el maestro
- ¿Puedo probar? -preguntó mi amo
- Claro, comamos todos.

Tras degustar todas las piezas de frutas maceradas en mis flujos, el maestro tiró de la correa que ató a mi collar para que me incorporara.

- Lo que sale de tu cuerpo debe volver a él -me dijo mientras acercaba el cuenco donde habían caído las piezas de fruta y mis flujos a mi boca para que bebiera todo el flujo restante.

- Creo que es hora de celebrar este descubrimiento como es debido -dijo mi amo

Mi amo se dirigió al mueble bar del que cogió una botella de whiskey que había comprado la semana anterior y que le había costado un dineral.
Se acercó a mí y me ordenó que me pusiera a cuatro patas sobre el suelo. Introdujo la parte estrecha de un embudo en mi vagina y comenzó a vaciar la botella dentro de mi.
Al terminar de vaciarla, retiró el embudo y selló mi vagina con pinzas en los labios vaginales para que no se saliese ni una gota.
Me puso en pié y comencé a mover mis caderas como si fuera una coctelera.

Unos minutos después, mi amo retiró las pinzas de los labios de mi vagina y puso de nuevo el embudo en sentido contrario para que, al vaciarse mi vagina, el whiskey llenase los tres vasos con hielo que mi amo sostenía con su otra mano.
Al terminar de llenar los vasos, mi amo volvió a sellarme la vagina con las pinzas y me ordenó que siguiera en pie, moviendo mis caderas sin parar como si estuviese haciendo un baile en un local de striptease.

Acercó uno de los vasos al maestro.

- Pruébelo, maestro. Es whiskey originalmente envejecido en barrica de roble y finalmente envejecido en vagina de esclava -dijo mi amo mientras el maestro agarraba el vaso

Lo olió. Movió el vaso en círculos y, finalmente, mojó sus labios en el whiskey.
Hizo un gesto de aprobación.

- No está nada mal. Pero que nada mal. Tiene,.... no sé,.... como un toque afrutado y ácido que nunca había probado en un whiskey -dijo el maestro

Mis amos imitaron al maestro y también probaron el whiskey de sus vasos emitiendo sonidos de aprobación y de satisfacción por el sabor.

- El whiskey original es muy bueno, pero el toque final de vagina de esclava le da un plus muy original -dijo mi amo
- Además, si a eso le unimos su mezcla con los flujos vaginales que aún seguirá segregando y el gusto a la fruta que anteriormente ha macerado en su interior, lo elevan al estatus de los mejores whiskeys del mercado -añadió

- Mi más sincera enhorabuena -dijo el maestro
- ¿Veis?. Por eso me gusta tanto hacer las revisiones de las esclavas. En todas ellas aprendo cosas nuevas al mismo tiempo que enseño cosas que se están haciendo en otras casas y así, entre toda la comunidad, vamos enriqueciendo el aprendizaje de las esclavas y el provecho que los amos sacan de ellas -añadió
- Bueno, nosotros estamos aquí para eso, maestro -la respondió mi amo
- Excelente. Todo excelente. Mi más sincera enhorabuena de nuevo, de verdad. Ahora debo irme. Dejé a mis esclavas solas en casa y dios sabe lo que estarán haciendo sin mí -finalizó el maestro

Los tres se levantaron del sofá y comenzaron a despedirse.

- Un momento -le dijo mi amo al maestro
- ¿Qué ocurre?
- No quiero que se vaya con las manos vacías. Llévese el resto del whiskey. Sería un honor para nosotros que usted lo disfrutara.

Acto seguido mi amo se acercó a mi con la botella vacía, quitó las pinzas de los labios de mi vagina y comenzó a llenar la botella con el whiskey que aún quedaba dentro de mi y que, con tanto cariño y esmero, había estado mezclando con mis flujos al mover mis caderas.

- Se agradece el gesto. Muchas gracias -dijo el maestro al mismo tiempo que guardaba la botella en su mochila.
- Bueno. Quiero que sepáis que voy a dar un informe muy positivo de vosotros y voy a proponer a vuestra esclava para que sea promocionada de novicia a esclava de pleno derecho.
- Muchas gracias, maestro. No esperábamos esto -respondieron mis amos.
- Nada, nada. Habéis hecho un trabajo excelente con ella. Además, aún recuerdo cómo disfruté con su boca y su coño en la reunión anual -dijo el maestro mientras se cerraba la puerta del ascensor.


Licencia de Creative Commons

La visita del maestro es un relato escrito por SoniaSev publicado el 31-08-2023 18:09:40 y bajo licencia de Creative Commons.

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