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Vacaciones para cuatro 7
Escrito por Wilmorgan

Nadé mar adentro buscando una zona donde el agua me cubriese hasta el cuello. Los dos chicos se dirigían hacia a mí sin vacilar.
Completamente desnuda vi como mi novio se sentaba en una mesa del chiringuito. Estaba perdida. Todo esté tiempo preocupada porque Carlos no estuviera presente y ahora necesitaba tenerlo cerca para librarme de esto.
- ¡Hola guapa! ¿Qué haces solita en el agua? – dijo uno de ellos acercándose a mí.
- Pensar y relajarme. Me gusta bañarme sola para meditar. – le contesté, con sólo mi cabeza a la vista.
- Pero una chica tan guapa como tú no debería estar sola. Tus amigos se han ido a beber y tu amiga está tomando el sol. ¿Qué te parece si te hacemos compañía? – dijo el otro.
- Uno de ellos es mi novio. – le aclaré, guardándome para mí que el otro era mi Amo.
- Tú amiga nos avisó que dirías eso. Sabemos que no es así.
- Nos ha dicho que eres muy tímida al principio. Pero que el sol te calienta rápido y te sueltas.
Que hija de puta era mi sumisa. Se estaba ganando tantos castigos que tendría que hacer una lista para no olvidar ninguno.
- Lo siento guapos, pero os ha vacilado. Siempre hace lo mismo. La tímida es ella. Me usa de excusa para entrarle a los tíos. Seguro que lo que quiere es que le echéis crema. Ir y veréis como dice que sí.
Los chicos empezaron a dudar y hablaron entre ellos sin saber a quién creer. Uno de los chicos parecía molesto y comenzó a nadar hacia la orilla. Uno menos, pensé.
El más persistente continuaba tirándome la caña, nunca mejor dicho. El oleaje no era muy fuerte, pero como todo, es impredecible.
Una ola más grande que las demás vino hacia mí por mi espalda. Sorprendida y solo tocando el suelo de puntillas, no pude mantenerme y salí impulsada contra el chico. Cuando por fin saqué la cabeza del agua, me vi en sus brazos. Mi pecho desnudo estaba contra el suyo, mientras él me agarraba de la cintura.
- Vaya, vaya. Si la sirenita no lleva conchas como en la película. – dijo él, aludiendo mi topless.
- No me gustan las marcas del sol. Venga suéltame. – le dije intentando apartarle.
- ¿Así agradeces que te haya salvado de esa temible ola? – contestó, llevando sus manos de mi cintura a mis nalgas.
- Temible será la hostia que te dé en la cara como no me sueltes.
- Vale, vale. Vaya sirena más agresiva. – dijo el chico soltando mi culo.
La ola nos había llevado un poco hacia la orilla y el agua no llegaba a cubrir mis pechos. Le di la espalda he intenté andar hacia aguas más profundas. Pero el oleaje me lo dificultaba.
El chico, dando unas brazadas se puso otra vez frente a mí. Tuve que taparme para que sus ojos no desgastasen mis tetas.
- No entiendo para que haces topless si te estás tapando siempre.
- Para que los salidos como tú no sé hagan pajas pensando en ellas. – contesté molesta.
De repente, sentí un golpe blando en mi cabeza. Volteé y vi a su amigo con la pelota con la que habíamos estado jugando los cuatro.
- La maciza de la toalla no quiere crema. Pero me ha dado nueva información crucial. – decía el chico del que pensaba que me había librado.
- ¿Qué información? – preguntó intrigado su amigo, recibiendo la pelota.
- Pues resulta que esta preciosidad ha perdido una apuesta. Y me ha dicho que tiene que ser complaciente con nosotros como castigo. Y qué, si no lo es, se lo digamos a ella.
Será cabrona la zorra de Pau. Lo que quería decir entre líneas era que tenía que cumplir con eso, ya que era una orden. Un tanto imprecisa, ¿qué significa exactamente complaciente?
- Que divertido… - contestó el amigo feliz por la noticia.
- Y nos ha dado esta pelota para que juguemos para romper el hielo. Me ha dicho que es de un tal Jorge. Que sí se perdía se enfadaría mucho.
Dicho esto, el que tenía la pelota la lanzó por encima de mi cabeza quedando a unos metros tras de mí, hacia la orilla.
- ¡Vamos sirenita, que no se la lleve la marea! – dijo él.
No me quedó más remedio que intentar alcanzar la pelota. Si se perdía en el mar seguro que Jorge me castigaría, aunque solo fuese por diversión.
No fue nada fácil. No podía nadar para evitar que viesen que también estaba desnuda por debajo. Y las olas alejaban la pelota de mí.
- ¡Pásala, tetitas morenas! – me dijo uno de ellos, según conseguí alcanzarla.
No tenía más remedio que jugar. Pasé la pelota mientras me tapaba como podía con un brazo, comenzando a jugar a una especie de voleibol acuático.
Realmente estaban jugando conmigo. Cuando me lanzaban la pelota lo hacían demasiado fuerte, haciéndome que tuviera que ir a por ella. Cada vez que eso ocurría nos acercábamos más a la orilla, disminuyendo el nivel del agua.
Además, amagaban con pasármela, para que yo levantase los brazos al máximo tratando de evitar que volviera a irse por encima. Así dejaba mis pechos al descubierto y a ellos haciendo comentarios obscenos.
- ¡Tuya sirenita! ¡Que nooo!
- Que bonitas tus tetas así mojaditas.
- ¡Un pase largo! ¡ Salta!
- Pero mira como botan. Me encanta este juego. – añadía el amigo.
Llegó un momento que ya tenían tan vistas mis tetas que dejó de importarme. Dejé de taparme los pechos y así me fue más fácil recibir la pelota.
Con mi cambio de aptitud los chicos prefirieron jugar bien y así disfrutar de cómo yo levantaba mis brazos y botaban mis pechos al recibir los pases.
Reconozco que tener a dos hombres deseosos de mí comenzaba a gustarme. Que malos son los calentones frustrados.
Mucho más desinhibida seguí jugando, dejando que ellos disfrutasen de las vistas y con mi mente calentándose al sol.
Tan distraída estaba que no me di cuenta que cada vez el agua cubría menos. Y así, en un leve salto para alcanzar un lanzamiento alto, los dos chicos se quedaron boqui abiertos.
- ¡Estás desnuda! – gritó uno de ellos.
- Nooo. – mentí yo.
- ¡Sííííí! Desnuda del todo. Lo hemos visto.
La pelota se alejaba tras de mí mientras ellos esperaban incesantes que alguna pequeña ola descubriese mi desnudez.
- ¡La pelota! – protesté.
- Ve a por ella. Así disfrutamos de las vistas.
- ¿No sabes la ley de la botella? Quién la tira va a por ella. – contesté con los brazos en jarra, dejándoles disfrutar bien de mis pechos.
- ¿Y tú sabes la ley de mi pollón? Me la suda si se pierde tu balón. – me contestó uno de ellos agarrándose el paquete.
Estúpida de mí, pensé que les tenía comiendo de mis manos por dejarles ver mis pechos. Miré y la pelota cada vez flotaba más lejos de nosotros. No me quedaba otra que ir a por ella o cualquier ola se la llevaría.
Mirando a la playa, me encamine hacia ella tapando mi topless. Por suerte Jorge y Carlos seguían en el chiringuito. Sólo estaba Paula sentada en la toalla, mirando su móvil. O eso parecía, pues sin levantar la mirada de la pantalla me saludó con la mano. Como no contesté, hizo el gesto de estar ganándome unos azotes, balanceando su mano con la palma hacia arriba. Tuve que saludar. No fue suficiente con una mano, pues me pidió que lo hiciese con las dos. Quería que le enseñase a ella mis pechos. Lo hice y entendí que no tenía el móvil en la mano por entretenerse. Me estaba grabando para luego enseñárselo a Jorge.
Paula me señaló con el dedo. No entendía lo que quería decir. Pero entonces noté la brisa marina correr en mis nalgas. Miré y me había acercado demasiado a la orilla. Todas mis vergüenzas estaban a la vista.
- ¡Ves! Esta desnuda. No lleva nada. Escuche tras de mí.
Los chicos me habían seguido y logrado confirmar sus sospechas. De rodillas para taparme, intenté inútilmente seguir a la pelota. Pero ya estaba demasiado cerca de la playa y cualquiera podía verme.
- Que culazo tienes sirenita.
- Date la vuelta que te veamos el chochito.
- Venga chicos no seáis malos. Ir a por la pelota. Ya habéis visto que estoy desnuda.
- Enséñanos el potorro y rescatamos tu pelotita. – dijo el más lanzado.
- Rescatarla y os lo enseño. – fue mi contraoferta.
- Nosotros tenemos tiempo. Ya nos lo enseñarás cuándo salgas. Pero tu pelota puede acabar en África.
Los niñatos tenían la sartén por el mango. Sopesé las posibilidades y mi excitación latente decidió que no era tanto problema enseñarles mi chochito a dos desconocidos que no volvería a ver.
- Está bien. Pero solo dos segundos y vais a por la pelota.
- Diez. O tu pelota se irá de crucero.
¿Por qué me excitaba tanto que me chantajearan? Me molestaba y me enfurecía que dos críos me tuvieran en sus manos. Pero eso creaba un hormigueo en lo que estaba a punto de mostrar. Sin pensarlo más, me puse en pie y dejé que aquellos niñatos me viesen completamente desnuda.
Sus miradas lascivas se fundieron con sus risitas vejatorias. Cada vez estaba más cachonda por exhibirme de una manera tan humillante. Caí en la cuenta que desde la playa me estarían viendo mi trasero desnudo. No me moví. La excitación comenzaba a ganar a la vergüenza. Cuando ya casi había pasado el tiempo estipulado, entre risas, uno preguntó:
- ¿Qué pone ahí?
Un golpe de realidad me despertó de mi momento libidinoso. Aún tenía escrito sobre mi pubis aquella frase. Miré y vi que, aunque bastante borroso, el rotulador permanente se mantenía visible sobre mi depilado pubis. Me tiré al agua hundiéndome entera avergonzada. Mi cara estaba roja y no por el sol. Una cosa era ser una zorra delante de ellos y otra muy distinta, que descubriesen que era una zorra sumisa.
- Déjanos verlo. No he podido leerlo.
- ¿Es un tatuaje? Venga enséñalo.
- La pelota. Que se pierde. – dije muerta de vergüenza.
- Cuando nos dejes leer lo que pone.
Miré hacia la playa y la pelota ya estaba muy lejos. Llegaba a la orilla, pero a esa distancia y con el oleaje podía acabar en cualquier sitio. Estaba desesperada. O descubría ante esos hombres mi condición de propiedad de Jorge o sufrir un castigo y la decepción de mi Amo. El castigo sería duro, pero lo soportaría. Pero que mi Amo se sintiese decepcionado por no ser una buena zorra… eso era demasiado para mí.
- Coger la pelota y os dejo verlo.
- El tiempo que queramos. Y sin que te tapes nada. Queremos verte toooodo.
- Sí. Todo. Lo que queráis. Pero ir. Por favor …
Me tenían a su merced por una triste pelota hinchable. Uno de ellos fue a por ella mientras su amigo me hacía ponerme de rodillas para, como él decía, “ pasar la espera admirando las vistas”. Allí estaba yo, arrodillada en el mar, mostrándole los pechos a un hombre desconocido por undécima vez.
La espera se me hizo eterna. El chico cada vez se acercaba más sin llegar a tocarme. Parecía el tímido de los dos, si es que chantajear a una mujer con su pelota era de tímidos. Le tenía casi encima de mí cuando escuché la voz de su compinche.
- Cada vez que salgo a la arena vuelvo más contento. – dijo, sin traer la pelota.
- ¿Dónde está? ¿Se ha perdido? – pregunté nerviosa.
- No, tranquila. La tiene tu amiga. Pero me ha dado otra cosa.
Me temí lo peor. La perversa mente de Paula era capaz de cualquier cosa.
- ¿Qué es? – dijo su amigo, quitándome la pregunta de la lengua.
- Después. Primero… lo prometido. Queremos verte bien. Sin tiempo y pudiendo leer lo que tienes sobre el tema. – sentenció él.
Comenzaba a preocuparme. No era bastante con dejarles verme y que leyesen aquella frase. Ahora también tenía que preocuparme por lo que pudiera haber hecho Paula. No había más tiempo que perder. Quién estaba desnuda en el mar era yo. Y cuanto antes contentase a Paula, antes me devolvería mi bañador.
Miré a mi alrededor y por suerte no había nadie lo suficientemente cerca como para verme claramente. Como mucho verían que estoy en topless y con algún tipo de tanga pequeñito. Pensar que ese era mi temor cuando llegue a la playa…
Me puse en pie tapándome el sexo con las manos. Sabía que era absurdo, aquello era el premio gordo. Pero mi lado exhibicionista había florecido por completo. Ese punto cuando te sientes completamente inversa en la situación. Cuando aceptas que tus actos no te pertenecen. El nirvana de la sumisión. Cuando tú misma disfrutas aumentando tu humillación por propia voluntad.
Me di la vuelta y dejé que se deleitaran con mi redondito trasero. Vi a Paula de nuevo con el móvil. Notando mis dedos tan cerca de mi sexo sentí su calor. Estaba disfrutando. Estaba cachonda de nuevo. Separé mis piernas y levanté mis brazos llevándolos tras mi nuca. Dejé que mi sumisa me grabase en la postura de inspección. Y a los chicos que disfrutasen de ella a mi espalda.
- Un culazo de infarto. Pero date la vuelta.
Manteniendo mi postura, obedecí. Quedando ahora frente a ellos completamente expuesta y dejando mi culo a la vista de toda la playa. Los chicos alucinaron con mi cuerpo completamente desnudo e intentaron leer el mensaje. Como ya estaba muy borrado por el agua, no les era fácil. Por lo que se fueron acercando a mi coñito que brillaba expuesto sobre el mar.
- ¿Propiedad de Jorge? ¿Pone eso?
- Sí. – dije, aún inmóvil, con los chicos casi tocándome el pubis para leerlo.
- ¿Jorge es tu novio?
- Es más complicado. – contesté.
- ¿Es tu Amo? – preguntó él más espabilado.
- ¿Puedo taparme ya? – pregunté.
- Sí, lo es. Y ella es su esclava. No ves que sumisa es. Por eso está aquí desnuda y en esa postura tan ridícula.
- Sí. Lo es. ¿Puedo taparme ya? Por favor, me va a ver así toda la playa.
- Bueno… sí te portas bien… puedo resolver eso. – dijo él que llevaba la voz cantante.
- ¿Cómo? – pregunté, manteniendo mi expuesta postura.
- Con esto. – dijo el maldito niñato, sacando de sus bolsillos las dos partes de mi bikini.


Licencia de Creative Commons

Vacaciones para cuatro 7 es un relato escrito por Wilmorgan publicado el 08-09-2022 19:55:06 y bajo licencia de Creative Commons.

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