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Historia de una sumisa 2 y 3
Escrito por joaquín

Mi primera noche en una perrera fue para sorpresa de nadie la experiencia más rara de mi vida hasta aquel momento. No fue tan extrema como seguro que estáis pensando al leer estás líneas. El sitio era cálido, la paja confortable, no apestaba tanto como yo creía y los perros estuvieron callados lo suficiente como para permitirme dormir hasta la mañana siguiente.
Me despertaron de buena mañana con sus ladridos al notar que su cuidador venía la comida.
Por mi parte, estaba muerta de vergüenza. Me senté en la jaula tratando de esconder mi cuerpo todo lo posible.
-Buenos días.
Yo no contesté.
-La primera noche e incluso el primer mes es duro, pero lo soportarás.
No, no lo iba a soportar, no tenía la menor intención de soportar nada.
-Mi nieta me ha comentado que ella misma te alimentará y te sacará de paseo esta primera vez.
A esa nieta suya le iba a explicar cuatro o cinco cositas. Aún me dolían los dos azotes que había recibido en mi vientre de su parte.
-Me aseguraron… que podía salir de aquí cuando quisiera, ¿no?
-Sí, así es. Y supongo que estás pensando en salir ahora mismo, ¿Verdad? Salir de aquí, bañarte, vestirte, y volver a tu vida como si nada de esto hubiera pasado. Pero las cosas no funcionan así.
-¿Y cómo funcionan?
-Si quisieras irte de verdad ya estarías fuera.
No respondí nada. Para mí estaba bastante claro que me estaban reteniendo contra mi voluntad.
Mi ama no tardó mucho más en llegar. Llevaba puesto un precioso vestido azul y traía un collar con ella.
-¿Me has echado de menos?
-No.
-Mentirosa.
Abrió la puerta de la jaula porque nunca estuvo cerrada en primer lugar.
-¿Vas a dejarte poner esto por las buenas o por las malas?
Por un momento me imaginé que quería decir mi ama con por las malas… Y me mojé.
Sí, me mojé. Me mojé pensando en que podía pasarme si me resistía a sus deseos.
Y ella lo notó.
-No debes avergonzarte de nada
-¿Cómo no voy a avergonzarme? Mira este sitio, mira donde estoy… Y estoy mojada.
-Es lo más normal para las de tu clase.
-No sé qué clase es esa. Pero es una clase donde yo no quiero estar.
-Bien, lo haremos por las buenas para que no te corras del gusto y lo pongas todo perdido.
Le saqué la lengua.
Una mujer de 27 años hecha y derecha como yo sacándole la lengua a toda una mocosa mientras me ponía el primer collar de perra que iba a llevar en mi vida.
-Muy bien. ¿Has visto que fácil ha sido?
-Sí, sencillísimo.
Sentir por primera vez el collar en tu cuello es toda una experiencia. Es grande, tosco, cuesta adaptarse a él, y cuando te acostumbras, te sientes desnuda sin él.
-Las reglas con estás. A partir de ahora, solo podrás decir guau y caminar a cuatro patas. ¿Lo entiendes?
-Sí… ¡Ay! … ¡Guau!
Comencé a caminar a cuatro patas al lado de mi ama.
Toda una experiencia. (Y sí, ya sé que me repito y que lo he puesto hace unas líneas, pero es que lo es)
Ahora estoy acostumbrada, claro, pero en ese momento, madre mía.
Tenía la sensación de que me dejaba las rodillas y las manos en cada paso que daba.
Mi ama me llevó hasta un trozo de tierra situado detrás de la casa y me mandó orinar.
Yo, en fin… ¿De verdad pensaba mi ama que iba a mear delante de ella?¿En esa postura?
La única verdad es que si tenía ganas y…
-No. Son los machos los que levantan la pata. Las perras mean agachadas.
Vale, sí, nunca he tenido perro y no tenía ni la menor idea de que debía hacer. Así que levantar la pierna me pareció algo normal.
Abrí mis piernas un poco para agachar mi vientre y comencé a mear.
Fue una especie de liberación para mi.
-Buena perra.
-Guau.
Se situó detrás de mí y comenzó a manosearme el coño.
Lenta y sabiamente.
Mis sensaciones eran de lo más raras. Por una parte me daba mucha vergüenza que me tocará con lo sucio que lo tenía, a lo que hay que añadir que yo siempre me había considerado una mujer hetero.
Por otra me estaba muriendo de placer con cada roce de mi ama en mí.
-Te gusta, ¿Eh?
-Guau. - Aseguré con alegría.
La muy… de su madre se detuvo dejándome a la mitad.
-No me mires así, si quieres un orgasmo te lo tienes que ganar.
-Guau - protesté.
Desde mi punto de vista, bien merecido me lo tenía.
-Vamos, ven por aquí
Mi ama me condujo hasta el interior de la casa, más concretamente hasta una habitación preparada para hacer cierto tipo de cosas.
-Verás perrita, como está es tu primera vez debo indicarte como funciona todo esto. Ahora tu placer y tu dolor me pertenecen. Pero tampoco es como si pudiera hacer contigo lo que me dé la gana, hay límites. Si hay algún momento en el que verdad pienses que no puedes más, grita… hum… ferrocarril. ¿Todo claro?
-Ferrocarril
-Qué perra más divertida eres. Bien, sube a la mesa.
Cuando me subía la mesa de tortura, estaba dispuesta a gritar ferrocarril, Atocha, estaciones de tren y todo el recorrido del metro si hiciera falta.
Mi ama me abrió de piernas y me indicó que me agarrará fuertemente a las correas que tenía en la cabecera.
Yo nunca me había encontrado en una situación como está y la verdad es que tenía ansiedad y cierto nerviosismo por ver qué pasaba.
Mi ama descargó el primer azote sobre mi vagina… y para mi absoluta sorpresa no grité.
Soltó sobre mí un par de golpes rápidos más antes de comenzar a sobarla.
Debido a los azotes recibidos la tenía muy sensible.
-Te gusta, ¿Eh?
-Guau.
Sí, me gustaba mucho más de lo que yo creía posible.
Por ser mi primera sesión, no fue demasiado intensa ni salvaje, pero sí que fue una sesión de autodescubrimiento para mi. Mi ama alternaba azotes con tocamientos, alternaba las partes que me azotaba, a veces lo hacía con dureza y la mayor parte de las veces suavemente.
Y yo no supliqué que se parase.
Cuando mi ama me aseguró que mi placer y mi dolor le pertenecían ni tenía ni puñetera idea de qué significaba eso.
No hasta que no descargó el primer golpe sobre mí.
Mi propio placer estaba en entregarme, en dejar que esa chiquilla hiciera conmigo lo que le diera la gana. Eso era algo mío y nunca me lo podía quitar.
Salvo cuando se detenía, claro.
-Ya está bien por hoy.
-Guau, guau, guau - protesté yo.
-Golosa.
Me dio un último golpe más y me corrí de gusto con él…

Me llevó hasta su habitación solo para dejarme atada en una argolla que sobresalía en la pared y se marchó.
En cierta manera yo agradecí que me diera un poco de descanso.
Pero no tanto.
No sé exactamente cuánto tiempo llevaba dentro cuando ella regresó para usarme de nuevo.
-Ten, debes estar hambrienta.
Colocó el plato de albóndigas en el suelo.
Era un plato muy bonito, azul con flores blancas. El único problema es que no dejaba de ser un bolt para perros.
-Sí, ya sé lo que piensas. De ninguna manera pienso comer de ahí. Pero ahora no eres más que una perra y lo harás.
Yo miré el plato, luego miré a mi ama, el plato de nuevo…
Ella cogió una albóndiga y me la acercó en la palma de su mano.
-Come, está bueno.
Aún sigo sin tener claro cuál es la fuerza que mueve a las sumisas a hacer lo que sus amos le piden. Sé que es parte del placer, pero no lo explica todo.
Abrí la boca y me vi comiendo de la palma de su mano, y a continuación bajé mi cabeza al suelo para comenzar a comer.
Lo hacía despacio, albóndiga a albóndiga, tratando de no mancharme la cara con la comida.
-Buena perra. No creí que fueras capaz hasta dentro de unos días.
En un momento dado mi ama me detuvo, cogió una de las pocas albóndigas que aún quedaban en el plato y la soltó en el suelo.
-Atocha - mencioné.
-Si lo haces tendrás un regalito especial, algo que seguramente te encantará.
Me quedé mirando la albóndiga del suelo fijamente. Del bolt todavía, pero del suelo me daba asco.
Mi ama mientras tanto se sentó en la cama.
-No te lo voy a dar hasta que te lo comas todo.
Bien sabía ella a pesar de las escasas horas que llevábamos juntas que mis ganas de ser usada por ella iban a ganar mi asco.
Me llevó un tiempo decidirme porque estamos hablando de comida en el suelo. Podía tener pelusa, tierra, que sé yo…
-Si continuas a mi lado vas terminar por tragarte semen, meados, basura, mierda y cualquier cosa asquerosa que se me pase por la cabeza. ¿Y te da miedo una simple albóndiga del suelo?
Yo no le creí. Que me iba a tragar semen a espuertas, pues sí, seguro, y estaba lista para ello.
Pero por lo otro, no, por ahí si que no pensaba pasar.
Me concentré en el problema que tenía delante, la albóndiga del suelo.
Era simple. Solo tenía que dar un bocado un bocado por la parte de arriba, luego otro dejándola a medias y ya tenía casi todo el trabajo hecho.
El problema era la parte final.
Cerré los ojos, bajé la cabeza y por fin lo hice para alegría de mi ama.
-Lame el suelo.
¿Pero es qué esto no se iba a acabar nunca
-Ferrocarril
-¿De verdad no quieres hacerlo? Es solo un lenguetazo y ya.
-Ferrocarril, ferrocarril, ferrocarril.
-Algún día lameras semen del suelo. Debes prepararte para ello.
Sí, algún día haría cosas verdaderamente asquerosas…
-¿Entonces?
Esmeralda siempre supo como lograr que yo fuera más allá de mis límites. Sí, maldita sea, bajé la cabeza y me puse a lamer el suelo como una loca.
-Buena perra. Ahora ven y ofrécete. Es hora de tu recompensa.
Ofrecerte a tu ama significa básicamente ofrecer tu coño a tu ama para que esta juegue con ella.
A pesar de ser mi primera vez, tenía claro lo que debía hacer. Camine a cuatro patas hasta situarme, y me tumbé cabeza arriba con las caderas levantadas. La posición se llama Sula-ki, aunque yo entonces no lo sabía.
Mi ama se quitó uno de sus zapatos y la media antes de comenzar a frotarme el coño con el pie.
Tiene un pie pequeño, muy suave y delicado. La sensación es completamente distinta a cuando usan la mano y más humillante, pero a mí me estaba volviendo loca.
Estaba completamente entregada a los deseos de mi ama y ella lo noto hasta el punto de que fue un poquito más allá y comenzó a introducir su pie en mi coño.
Yo gemí pero no me resistí. Sabía que entraba fácilmente ya que estaba empapada y me daba muchísimo morbo que me metiera su pie sudado dentro de mi vagina.
Lo introdujo hasta el tobillo y yo creía que me iba a dar algo.
Quería que se moviera, quería que me follará con él.
Cuando comenzó a moverse me sentía la perra más feliz del mundo. Era un auténtico gustazo sentir esa parte de su cuerpo entrar y salir de mi interior.
Me corrí como una loca.
A continuación, mi ama me pidió que me acercará aún más a ella para poder pisarme el rostro.
Acarició toda mi cara con su pie bien mojado en mis flujos vaginales y terminó introduciendolo en mi boca como remate.
Me gustó chuparlo, lamerlo, que me pisará la cara y los pechos con él. No pensé nunca que tenía un fetiche semejante con el pie femenino.
-Tenemos que hablar de cosas importantes. Creo que tienes cualidades para ser una esclava completa.
-¿Y eso qué significaría?
-Que me pertenecerías sin condiciones, claro. No como ahora, serías realmente mía, pero debes pensarlo. Por el momento, tienes toda la tarde para ti ya que no voy a estar, pero esta noche vendré con un par de amigos.
Llamó a una de las criadas que había en la casa y le ordenó que me llevará hasta mi habitación. Como muestra de que había terminado conmigo, me dieron una bata.
-Tiene suerte - me aseguró - la señorita Esmeralda es una gran ama. Aunque no se fie de su apariencia, puede ser extremadamente dura.
-¿Mucho?
-Puede ser verdaderamente brutal si se lo propone, mucho más que su padre o su abuelo. Bien, como aún no es una esclava completa, podrá descansar aquí hasta que necesiten de sus servicios de nuevo.
-¿Y dónde descansan las…?
-Esas o no descansan o a cualquier sitio que se les ocurra.
-¿Tiene mi ama alguna esclava completa?
-Sí, una, pero no se preocupe por ello. La esperan a las nueve, sea puntual.
Cuando me vi libre, me di cuenta de que no sabía muy bien que diablos hacer con mi tiempo.
Mis cosas habían sido guardadas en una habitación de las muchas que tenía la casa. Me bañe, me vestí y luego… nada.
Revisé mi móvil para ver si mi novio me había llamado o enviado algún mensaje.
Mi novio…
No hacía ni 24 horas que me había separado de él y parecía toda una vida.
Decidí salir a recorrer el pueblo dado que nunca había estado en él y tras verlo todo, me senté a esperar en un banco en el parque.
Deseaba estar de nuevo con mi ama.
Lo deseaba de verdad.
Era la primera vez en mi vida que había estado con una mujer y ahora parecía que no podía estar sin ella.
Esclava completa… Sonaba absolutamente aterrador. Solo con buscar vídeos en el móvil buscando que las hacen sabes que te estás metiendo en un pozo sin fondo, y eso que solo muestran la superficie.
Sin mucho tiempo para más, regresé a la casa.
Allí mi ama me mandó que me desnudara del todo, salvo por las medias, y me colocó el collar.
-No me decepciones.
No pensaba hacerlo.
Me llevó paseando a cuatro patas hasta una habitación donde solo podía ver dos pares de pies esperando.
-Supongo que te preguntarás qué vamos a hacer contigo. Bueno, pues poca cosa. Estos chicos tienen un fetiche muy simple.
-No tan simple, Esmeralda, no te pases.
-Quieren correrse en el pelo de una chica.
Como cualquier mujer o chica que se precie, mi pelo era sagrado. El simple hecho de pensar en dejar que ese par de mocosos se corrieran en él me asqueaba.
Pero mi ama había preparado muy bien el terreno. Es extremadamente difícil negarse a algo cuando te encuentras en esa posición.
Yo solo lo vi después en un vídeo.
Tuve que ver al lado de mi ama como los chicos se sacaban sus pollas y se pajeaban solo para correrse encima de un trozo de carne sumisa.
Pude apreciar perfectamente los dos enormes goterones de semen que dejaron en mi precioso cabello.
Apagué el vídeo y cogí el trozo de cabello donde habían caído. Aún estaba todo pegaso y apestaba.
Fue un momento crucial. Sabía que en el futuro me esperaban al lado de mi ama cosas mucho más duras y asquerosas que esta.
Y no sabía si era lo suficientemente fuerte para soportarlas.


Licencia de Creative Commons

Historia de una sumisa 2 y 3 es un relato escrito por joaquín publicado el 16-02-2022 10:01:51 y bajo licencia de Creative Commons.

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