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Una historia de piratas
Escrito por dereck

Seis corceles tiraban del carruaje, un hermoso modelo importado desde tierras francesas. Atravesó el pueblo con bravura, en su interior, la gobernadora Susan luchaba por mantener a raya su nerviosismo. Solo hacía seis meses que el viejo gobernador de Port Royal falleció en un dramático accidente de navegación. Los días venideros fueron un caos al no haber un claro sucesor al cargo. Varios hombres se enfrentaron en facciones por el control de la ciudad. Nadie habría apostado a que una joven mujer de apenas 24 años, sobrina del difunto, daría un golpe sobre la mesa y acabaría como la gobernadora. Susan tuvo que lidiar con la oposición de casi todo el pueblo, pero su gestión parecía haber calmado los ánimos. Estaba dispuesta a hacer de Port royal la ciudad marítima mas importante del viejo continente, la joya de los mares.

Susan se encontraba en su mansión cuando llegó la noticia del desembarco de piratas, concretamente del temido capitán Dick, mas conocido por “Caracortada”. No era algo inusual que forajidos llegasen a Port Royal, pero si era algo que por el futuro que había imaginado, pensaba erradicar.

El carruaje llegó a la conocida como plaza de los navegantes, un amplio espacio a la espalda del puerto, donde florecía el comercio. Susan bajó. Era una mujer muy hermosa, de rasgos delicados y piel de porcelana. Sus bucles pelirrojos llovían por su cuello hasta el nacimiento de un mas que generoso escote, si sus ojos verdes no desarmaban a los hombres, lo hacía su abultado pecho, elevado mediante un corsé de alta moda. Como era habitual en ella, vestía un elegante traje de color rosado muy llamativo.

La gobernadora se hecho la mano a la boca al observar la depravación que ardía en la plaza. Allá donde alcanzaba la vista, rudos hombres de aspecto desaliñado campaban a sus anchas, bebiendo ron, gritando y hasta orinando en cualquier lugar. Muchos de estos hombres acosaban a las mujeres sin ningún pudor, ningún hombre parecía querer detenerlos, salvo algún pobre incauto que yacía inconsciente en el sueño y visiblemente magullado. Indignada por el espectáculo pregunto a su mayordomo

-¿Dónde se encuentra ese indecente capitán? Va a pagar por todo esto.

El hombre señalo la taberna “cola de Sirena”. Era un local bien conocido porque en su interior abundaba la bebida espirituosa, el juego ilegal y hasta la prostitución. Era un sitio que la gobernadora tenía intención de clausurar cuando llegase el momento; no era tonta, y sabía que privarle a los hombres de su diversión acarearía enfados y rebeldía, por eso debía esperar al momento indicado. Sin espacio a la duda, la gobernadora atravesó las puertas del local, con paso firme e imponente. Su aspecto cuidado, y su llamativo vestido, la hacía destacar desde el mismo momento que puso un pie dentro de la taberna, y todas las miradas se posaron sobre ella.

A Susan sin embargo le causo tal espanto el espectáculo que se generaba bajo aquel techo que casi pierde en equilibrio. Una densa capa de humo cubría y mancillaba el aire. Se habían organizado mesas de juego ilegal donde algunos hombres, tramposo quizás o sin dinero para apostar, yacían desmayados. El Ron abundaba, y el posadero no dejaba de servir mas bebida a cambio de suculentas monedas de oro. Pero lo que mas incomodo a la gobernadora fue observar como los hombres fornicaban en cualquier esquina con mujeres. Algunas tenían fama en el pueblo como rameras, sin embargo otras muchas eran chicas decentes. Algunas se las veía incluso disfrutar, otras sin embargo parecían casi obligadas a satisfacer a los piratas. Pero todas tenían su botín por los servicios.

La mirada de la gobernadora se desvió hacía la escalera que conducía a una estancia privada. Justo en ese momento se abría la puerta y de su interior salía con paso firme y sonrisa pícara el capitán Dick. Era un hombre muy alto, le sacaba fácilmente una cabeza al mas pintado. Vestía completamente de negro, incluida su casaca y su sombrero, rematado con una pluma. Tenía un físico imponente, con una piel tostada y curtida de las interminables jornadas bajo el sol en el mar. Una cuidada barba apenas tapaba sus rasgos, que en otros tiempos habrían sido increíblemente atractivos, pero en estos días, cualquiera que lo mirase, no podría dejar de observar la enorme cicatriz que le atravesaba el rostro, desde la frente, pasando por toda la mejilla y hasta llegar al cuello. Solo un milagro de la providencia le había salvado el ojo, pues el resto de la cara había sufrido un tajo mortal. Ahora entendía el apodo de “caracortada”. Y si alguien lograba apartar la mirada de la cicatriz, quizás podía fijarse en unos ojos tan oscuros y siniestros como embaucadores y rebosantes de inteligencia. El capitán, nada mas salir de la estancia, termino de abrocharse el cinturón de los pantalones y sonrió satisfecho sin mirar atrás. Susan si pudo ver antes de que la puerta se cerrase, que sobre un colchón, había dos mujeres desnudas y en apariencia desmayadas y agotadas, cubiertas con algunas monedas de oro.

El capitán bajó las escaleras con aire decidido, solo interrumpido cuando uno de sus hombres le ofreció una botella de ron. Este tomo la botella, bebió un buen trago y escupió una parte del brebaje al suelo. Alzo la botella y grito con voz imponente

¡Adelante muchachos! ¡Gozad de la hospitalidad de esta buena gente, al estilo pirata!

El grito fue aclamado por vítores y risas. Y el capitán siguió bajando la escalera hasta toparse de frente con la mirada iracunda de la gobernadora. El capitán no pudo evitar mirar con desmesurado descaro el generoso escote de Susan, sus bellos rasgos y aquel traje tan elegante como sensual. Con una sonrisa lasciva terminó de bajar los escalones y quedo junto a Susan. El capitán en un rápido gesto alargo la mano cogiendo el pelo de la muchacha y atrayéndolo, se inclino y olio profundamente el cuello. Susan pudo percibir de cerca la mezcla de olores de Ron, tabaco y sexo… y por algún extraño motivo por un instante disfruto de ese aroma.

-¡Tabernero! – gritó el capitán –No me dijiste que tenías un género nuevo, ¿Dónde guardabas a esta muñequita?

De un mantazo Susan retiró la mano del capitán, sientiéndose ofendida

No soy ninguna…. Ramera… de las que vos acostumbran. Soy la gobernadora de Port royal y le exijo un respeto.

El capitán Dick la observó con renovado interés, dio unos pasos rodeándola mientras sus manos se asían al cinturón de su pantalón, y la contemplaba con ojos de lobo

-Vaya vaya… este pueblo se ha vuelto mucho mas interesante en los últimos tiempos, un buen cambio sin duda. – La mano del capitán agarró la falda del vestido con desfachatez, y simulando interesarse por la tela continuó –Y veo que también es mas próspero que en la última visita

Susan se apartó como pudo

Mire usted, capitán Dick, si piensa que voy a permitir que en mi…

Se vio interrumpida cuando un hombre cayó presa de un empujón, fue el capitán el que detuvo al desgraciado con su fuerte brazo, y de un puñetazo lo envió al otro extremo del salón, recibiendo aplausos de algunos hombres. Desesperada, susan alzó la voz

-¡Vayamos a parlamentar fuera de este cuchitril por dios!

Ya de regreso en la calle, susan pudo observar con mayor detenimiento el excepcional físico del capitán dick, asi como su enorme cicatriz. El capitán se fijó en el detalle, y sonriendo se acaricio la mejilla

-Os aseguro que mucho peor quedo el tipo que me la hizo. Pero no le hare perder mas su valioso tiempo, gobernadora…

-susan

-Susan –dick acompaño estas palabras con una exagerada reverencia que casi sonaba mas a broma que a respeto – Es un buen nombre para una gobernadora. Bien, como muestra de mi respetos hacia su persona, mantendré los mismos términos comerciales que tenía con su antecesor.

- ¿términos comerciales?

-Oh, claro querida, somos honrados hombres de negocios. Brindamos protección a su pueblo y a sus embarcaciones a cambio de una minucia regalía económica.

- ¿Protección? Y dígame capitán, ¿Qué pasaría si no accediera su oferta?

El capitán sonrió malévolamente

-Sería… desagradable… para mucha gente. Hay piratas muy diferente a nosotros.. sin modales.. canallas… Bajo nuestra protección, nadie sufriría ningún percance.

-eso suena a amenaza, y yo no consiento que me amenacen. ¿Para que necesitaría su protección? Tengo a mi guardia.

Cuatro hombres dieron un paso al frente rodeando a Caracortada. El capitán no dejo de sonreir en ningún momento. Lo siguiente ocurrió tan rápido que los testigos aun no se ponen de acuerdo de como pasó. El capitán dio un salto y estrelló su cabeza contra la nariz del primer soldado, derribándolo en un mar de lamentos. Giró rápido y su bota se hundió en la entrepierna del segundo hombre, dejándolo de rodillas y a lágrima viva. El tercer hombre desenfundó su espada. El capitán hizo lo propio pero a mayor velocidad colocando la punta de su espada en el cuello del hombre, al mismo tiempo que su mano se echaba al cinto, sacando su pistola y apuntando a la frente del cuarto hombre cuando trataba de desenfundar su espada.

-Basta – suplicó la gobernadora viendo la derrota de sus hombres

Los dos hombres en pie dejaron caer sus armas en rendición y el capitán enfundo las suyas.

-Bien gobernadora. No creo que sus hombres estén muy preparados para asegurar su protección.

- Sois un bárbaro

-Caracortada envainó su espada, y se acercó a la gobernadora, esta, echándose atrás, chocó con su carruaje quedando atrapada por el pirata. Nuevamente, el hombre se inclinó para oler el cabello rojizo de la mujer con sumo descaro

- Bien mi señora, hemos empezado con mal pie. Le ofrezco una tregua. Esta noche será mi invitada de honor, cenará en mi camarote. Y así podrá comprobar por usted misma que somos gente honrada. Y podremos discutir los términos de un nuevo acuerdo que… nos satisfaga a ambos. Sería una lástima dejar a sus vecinos sin recibir nuestra generosidad, ¿no le parece?

El pirata se apartó de la dama

-Podemos.. reunirnos en mi mansión… sería mas apropiado – balbuceo la gobernadora

-No me insulte gobernadora, ni desprecie la invitación de un capitán a su barco. Sería muy descortés por su parte… Y no querrá que me ofenda, ¿verdad? Esta noche.

Al caer la noche el carruaje de la gobernadora se detuvo en el muelle. Aunque le había aconsejado vestir de forma mas discreta, susan había elegido un vestido escarlata de generoso escote. Se había maquillado y peinado. Por algún motivo se sentía complacida de atraer la atención del capitán. Era consciente de que ese hombre habría conquistado el cuerpo de docenas de damas, y muchas de ellas complacidas por un hombre de cuerpo tan escultural sin duda. Y que a pesar de ello, fuese capaz de romper sus defensas la excitaba. Pensaba usar su atractivo en su favor.

Al bajar, con una guardia mucho mas nutrida, dio un respingo al ver que el barco se encontraba fondeado en la bahía y no en el muelle. Una barca la esperaba, y un pirata viejo, de aspecto desaliñado, con un rostro sátiro y babeante y una pata de palo, la invitó a subir a la barca.

-¿Por qué está el barco alla? No era lo que pensaba…

-Ja, las mujeres no entienden de barcos. Mal fario subir a una. No me haga perder el tiempo

Uno de los soldados hizo un amago de subir, pero el viejo sacó un revolver y apunto

-Solo la gobernadora

-La gobernadora no irá a ninguna parte sin su escolta

-Ja! Para lo que le sirvió esta tarde… ¿Qué harán ustedes en un barco contra mas de 40 piratas? Pagaría por verlo de echo. Ahora, gobernadora, suba de una vez. No soy el sirviente de ninguna puta, por cara que sea.

El guardia iba a protestar pero la gobernadora con un gesto lo silencio y montó en la barca

-Tranquilos, yo me ocupare de estos rufianes

Al llegar al barco la gobernadora tuvo que subir por la escalerilla. Al pisar la cubierta en plena noche observo varios cuerpos de hombres que dormitaban, muchos de ellos bajo los efectos del exceso de ron. Otros tantos se afanaban en limpiar el suelo, reparar daños y preparar el navío. Y otros solo parecían pasar el rato sin nada mas que hacer. Pero tanto unos como otros se pararon para observar a la bella dama. Susan recibió un empujón por parte del viejo que la había traído, un empujón que casi la derriba de no ser porque otro pirata la sujetó a tiempo. Susan se apartó del hombre solo para comprobar que el resto de la tripulación la habían cercado en un círculo cada vez mas estrecho. Trató de mantener la compostura hasta que un hombre, de piel oscura y dientes aun mas oscuros, que apenas se cubría con un taparrabos, avanzó un paso y levantó su mano asiéndola de la cintura y atrayéndola hacia él. Susan logró zafarse del negro, pero fue incapaz de huir porque el resto de la tripulación ya la tenían rodeada sin dejarle ningún espacio. Unas manos tímidas acariciaron la seda de su vestido, pero los tocamientos se hicieron mas obscenos, comenzaron a palparle las piernas, pellizcarle el culo y una mano incluso agarró uno de sus pechos. Presa de los nervios, la muchacha no logró gritar auxilio y ya se veía absorbida por la maraña de manos y dedos, cuando el estruendo de un disparo apartó a los hombres. Caracortada sonreía desde el timón.

-Caballeros, caballeros… ¿Dónde están sus modales? La gobernadora es mi invitada esta noche. –En ese momento, su expresión cambio a un rostro tan duro que nadie le aguantaba la mirada – Y al próximo que le toque un solo cabello, le cortare las manos y se las lanzare a los tiburones. Ahora, gobernadora, acompáñeme a mi camarote, la cena esta dispuesta.

La tripulación desapareció entre las sombras con la mirada gacha y la gobernadora, tras arreglarse el vestido, siguió al capitán a sus aposentos. La estancia era relativamente amplia. En uno de sus extremos se situaba una estantería llena de libros y cartas de navegación, junto a un escritorio bien preparado. Una cama de gran tamaño se situaba en el lado opuesto. Y en el centro, una gran mesa que ahora estaba llena de fruta, algunas carnes y otros manjares.

-Ruego que disculpe a mis hombres… en ocasiones ven un rostro bonito y pierden el norte. Siéntese. Le tengo aquí preparado un vino, creo que encajará mas con su refinado paladar que nuestro ron. Viene de la lejana España, bodega personal del mismísimo rey me aseguraron

-Es muy considerado por su parte capitán Dick.. le costaría una pequeña fortuna

-Lo que mas costó fue arrancar la botella de la mano muerta del hombre jajaja

Diciendo estas palabras, Caracortada se recostó en su asiento colocando los pies sobre la mesa.

-Y ahora querida… tenemos asuntos que tratar, ¿no es verdad?

Susan respiró hondo y se preparó un discurso que ya había ensayado muchas veces, pero que sin embargo, la presencia de aquel hombre desarmaba su valor.

-Si.. así es. Agradezco sus.. ofertas.. Pero bajo mi mandato sigo dispuesta a no hacer concesión alguna a ningún pirata, lo siento capitán dick.

-Hummm… Destila un odio muy grande a los piratas… y sin embargo se esfuerza en gustarles, ¿Por qué si no la gobernadora luciría así de hermosa para entrevistarse con un pirata?

-Yo tengo clase capitán, y educación.

- ¿Insinúa que yo no?

-Es un pirata, no hay honor en la piratería

-honor… jajaja… sobrevalorado… Muy bien gobernadora. Le demostrare que somos gente civilizada. Si no quiere mantener nuestro acuerdo, nos marcharemos sin mas dilataciones.

- Me parece una sabia decisión capitán –Dijo la gobernadora, aunque algo en la mirada turbia del capitán la estaba asustando por momentos.

-Pero falta por aclarar nuestra compensación… hemos viajado muchas millas hasta llegar aquí, hemos cumplido el viejo acuerdo… Y si usted lo rompe, algo deberá compensarnos las molestias.

- si claro.. –concedió susan algo nerviosa – Podemos llegar a un trato, ¿Cuánto dinero considerarían para paliar el agravio?

- ¿Dinero? ¿Por qué le pediría algo que puedo tomar por la fuerza cuando quiera? No gobernadora, su dinero no puede comprarnos. Le recuerdo que nuestro acuerdo ya se ha roto.

-entonces.. ¿Qué desea? –La voz casi se le quebraba a susan, que no veía buen fin a este parlamento.

-Solo deseo una cosa… gobernadora… Demostrarle porque las mujeres como vos, se dejan ver de día con nobles caballeros, pero en la noche sueñan y buscan la compañía de los piratas.

Sin tiempo a reaccionar, susan vio como el capitán se abalanzó sobre ella, tumbándola sobre la mesa. El sonido de los platos cayendo al suelo ahogo su propio grito. Y con la tranquilidad de manos expertas, el capitán ató las muñecas de la gobernadora con una soga. La mujer pataleaba y trataba de incorporarse, pero la fuerza del hombre y su propio peso no la permitían moverse. Una segunda soga apareció y el capitán la pasó por el cuello de la mujer, apretándola lo justo para dejarla respirar pero quedando bien sujeta. Y sin miramientos, tiró de la cuerda. Susan cayó de la mesa y tuvo que luchar por ponerse en pie para no ser arrastrada por el suelo del camarote. El capitán abrió la puerta y salió con grandes zancadas, tirando de su prisionera, que debió correr para no caer de bruces.

-Muchachos, venid aquí, es hora de que empiece la fiesta

El capitán llevó a la gobernadora hasta uno de los mástiles, alzó sus brazos sobre la cabeza y los ato quedando inmovilizada en aquel poste. Con horror susan vio como los piratas regresaban de sus escondrijos y volvía a formar un circulo a su alrededor. El capitán no dejaba de mirarla, disfrutando de su incertidumbre, y de sus generosos encantos. Desenvainó su espada y con un tajo certero, rasgó su vestido a la altura de pecho. Los vítores de los piratas fueron ensordecedores. Susan se sentía ultrajada y expuesta a las miradas lascivas de docenas de hombres. Y lo mas cruel, que en el fondo de su ser, se sentía motivada y excitada por la situación.

Ayudado por su espada, el capitán logró desprender el corsé de la muchacha, dejando libre sus dos hermosos pechos. La prenda voló y un grupo de hombres se abalanzó sobre ella como una manada hambrienta. Caracortada observó durante unos momentos los perfectos pechos, firmes, y sonrió al comprobar como los pezones estaban duros, firmes y excitados.

Siguió blandiendo su espada, rasgando el traje de seda de la gobernadora. Cada corte hacía desprender un trozo de tela, dejando al descubierto brazos, piernas, cintura… y cada vez que esto ocurría, había silbidos, aplausos y gritos obscenos así como el chocar de las botellas de ron de la tripulación que seguían bebiendo.

En pocos minutos los últimos trozos de tela se desprendieron, cayeron al suelo y dejaron a la gobernadora completamente expuesta. Su sexo, completamente depilado, no era algo corriente de ver y dejaron a los hombres anonadados y babeantes, incluso Caracortada fue incapaz de mantener la compostura ante tan suculento manjar.

-Por favor, por favor, suélteme, no hare nada, le daré todo el oro de port royal, lo que me pida, firmaré el acuerdo otra vez.

Susan cayó cuando el filo de la espada del capitán se poso en su cuello, acompañado por un dedo de caracortada que se posó en sus labios sellándolos. El capitán levantó un poco mas la espada, pinchando la delicada piel y obligando a la gobernadora a alzar la cabeza para no ser atravesada, su mirada ahora solo podía perderse en los ojos del capitán. Susan sintió como un líquido tibio era vertido por su cabeza. Al no poder mover el cuello solo pudo ver de reojo que un pirata vaciaba una botella de ron por su cuerpo. El elixir la cubría, serpenteando por sus pechos, bañando sus pezones. Sentía el líquido introducirse entre sus nalgas y deslizarse por sus muslos. Se sentía sucia y asquerosa. Y de golpe sintió la humedad. Instintivamente bajó la cabeza, pero el dolor agudo del filo de la espada, aun en su cuello, le hizo volver a mirar al frente. Si pudo ver de reojo al viejo pirata cara de sátiro que la acompaño en la barca. El viejo había pegado su boca en su pubis y bebía y lamía el ron que caía por su cuerpo. Otros hombres lo imitaron y en breve susan tuvo al menos media docena de bocas lamiendo su piel, labios pegados a sus muslos, y el mas atrevido, a sus pechos. Los piratas bebían aquella cascada de ron que caía por su cuerpo. Notaba sus lenguas juguetonas, sus babas mezcladas con el alcohol en su piel. Sus lamidas cada vez mas profundas.

-Por favor, parad, os lo suplico, hare lo que queráis

Caracortada sonrió y alejo a sus rufianes de la dama. Con un rápido gesto cortó la cuerda y la gobernadora cayó de rodillas al suelo. Mientras esta trataba de recomponerse, el capitán se acomodó sobre unas cajas, separó sus piernas y tiró de la soga. Susan se vio obligada a avanzar arrodillada, a cuatro patas, como una perra. Lo que mas le molestaba era la chaza de los piratas, le molestaba y a la par le excitaba. Llegó hasta los pies del capitán Dick

-Muy bien querida, ¿queréis que os perdona vuestra ofensa? Ya sabéis lo que debéis de hacer, ganaros mi favor. –dijo mientras bebió otro trago de ron

Susan sabía lo que el capitán esperaba de ella. Con la mano temblorosa, desabrochó los cinturones del pantalón, hasta que finalmente fue capaz de liberar la hombría de aquel hombre. Siendo sincera consigo misma, tenía gran expectación por ver que se escondía tras esos ajustados pantalones, y no pudo mas que sorprenderse cuando contemplo una polla de gran grosos, parcialmente cubierta de un salvaje vello. Susan cerró los ojos, tratando de no escuchar los bochornosos insultos que proferían los piratas, y se concentró en llevarse a la boca aquel enorme trozo de carne. Comenzó lamiendo el glande, chupándolo de forma tímida, mientras su mano agarraba el falo y lo masturbaba. De súbito paró cuando la mano del capitán la agarró del pelo y elevó su cabeza. La miró a los ojos y sin previo aviso le cruzó la mejilla con una sonora bofetada.

-Hay rameras que la chupa con mas devoción que tu. Si no vales la pena, aprenderás chupándole la polla a toda la tripulación. Ahora haz que merezca la pena.

Apretó sus labios con los de la gobernadora, su lengua la penetró volándole la boca. Escupió sobre sus labios. De un empujón Caracortada llevó de vuelta la cabeza a su pene y la apretó contra él. Susan no iba a permitir que cumpliera sus amenazas, asi que en esta ocasión se esmeró como si le fuese la vida en ello. Introdujo la polla del capitán en su boca tal cual larga era, notaba la punta en la garganta pero aguanto las ganas de vomitar. Lamio todo el tronco saboreando su sabor, devoró el glande con frenesí, y para volver aun mas loco al capitán, introdujo su mano por el pantalón y comenzó a masajear sus huevos. Volvió a introducir la polla en su boca, una y otra vez. Noto como los vítores se transformaban casi en un silencio ceremonioso donde solo se escuchaba los jadeos e Caracortada. Por unos instantes se sintió una triunfadora.

El capitán, casi fuera de sí, se levantó haciéndole perder el equilibrio a Susan que cayó de culo al suelo. Una vez mas agarró la soga y obligo a la mujer a gatear, casi arrastrarse por la cubierta. Empujó el cuerpo contra un barril y susan no pudo incorporarse porque fue aplastada por la corpulencia del capitán. Caracortada, presa de su propia excitación, introdujo su polla en el coño de la mujer, que para su sorpresa, gimió de puro placer al sentir esa carne en su interior. Dick tomó la cabeza de la mujer y la llevó contra el suelo, impidiendo que se pudiera zafar. Y la embistió con rudeza. Cada embestida iba acompañada de un sonoro bofetón en su culo. Caracortada disfrutaba golpeando las nalgas con fuerza y presumiendo de ello ante sus hombres

“mirad como disfruta la perra” “el buen culo de la gobernadora” “vamos puta, hazme disfrutar”

Aquellos insultos y otros tantos los profería Caracortada fuera de si. Con cada embestida de su grueso pene, iba un nuevo golpe a su ya rojizo culo. Y Susan solo podía aguantar el castigo y la follada, maldiciéndose por estar disfrutándolo y corriéndose ante la rudeza de aquel hombre. Finalmente noto como su coño se llenaba de una explosión de líquido caliente.

Caracortada se levantó dejando a la mujer tendida, recobrando el aliento y saboreando aun un último orgasmo. Casqueo los dedos y se hizo a un lado. Poco sabía susan que aquel gesto era una carta blanca para sus hombres.

Aun adormecida, Susan fue volteada y elevada al aire por varios hombres. Gritó, maldijo al capitán y trató de defenderse con patadas y arañazos, mas sabía que era una guerra perdida. Varios hombres habían preparado un conjunto de sogas que colgaban de los mástiles y llevaron hacía allí a la mujer. Rápidamente fue depositada en una suerte de improvisado balancín, con sus muslos atados y sus piernas abiertas, bien expuesta. Sus muñecas igualmente atadas y con los brazos estirados. Durante unos momentos, se hizo el silencio y los piratas solo observaban el cuerpo de la mujer, como si se tratase de un ídolo venerable. Susan jadeaba hasta que delante de ella apareció el hombre negro, ahora sin taparrabos. Su cuerpo se tensó y apenas pudo prepararse cuando el hombre la agarró de las caderas. La empujó y el efecto de las cuerdas a modo de balancín la atrajo hacia él y la penetró de golpe. La gobernadora no pudo reprimir un jadeo. El hombre, clavando sus dedos en las caderas, comenzó un frenético movimiento de caderas, violándola con hambre voraz.

Mientras susan sufría los embistes del negro, un pirata de baja estatura se estiró hasta llegar a los pechos de la gobernadora, y comenzó a devorarlos. Los mordía son reparo, saboreando la mezcla de ron y sexo, chupaba como si quisiera sacar leche y castigaba sus pezones con mordiscos.

Los jadeos de susan fueron silenciados cuando la mujer se encontró la polla de otro pirata en su boca. Otros hombres habían colocado sus miembros entre los dedos de la gobernadora, que por acto reflejo los masturbó como buenamente podía. Incluso llego a notar como un hombre se situó bajo el improvisado balancín y le lamía el culo.

Susan apenas pudo notar como el negro se corría sobre ella y se intercambiaba por otro pirata, que tras follarla brevemente, también terminaba su corrida sobre su cuerpo. Lo que mas lamentaba era ser presa de sus propios orgasmos disfrutando aquella situación.

No fue consciente de cuantas pollas y corridas pasaron hasta que la depositaron sobre unas lonas, exhausta. Trataba de recomponerse cuando una nueva polla invadió su boca. Supo de quien se trataba. Caracortada. El capitán había cogido la cabeza de susan con ambas manos y ahora movía su cadera con ímpetu renovado, follándose literalmente su boca. Algunos hombres sujetaban sus manos, aunque era innecesario, hacía tiempo que había abandonado la idea de resistirse. De echo, había aprendido a disfrutar la violación. Por algún motivo solo el capitán dick se había corrido dentro de ella, asi que ya sabía lo que le esperaba. Caracortada aumento el ritmo de sus embestidas, le ardían los labios, caían al piso sus babas mezcladas con el líquido que emanaba de la polla del capitán, que avanzaba hasta llegar a su garganta. Y notó la nueva explosión de semen en su boca. El capitán gritó de placer, ella misma sintió un nuevo placer en su interior. Cuando el capitán retiró su miembro de su polla, le tapó la boca con su mano y la obligó a tragarse hasta la última gota de leche que inundaba su boca. Los piratas aullaron y abrieron nuevas botellas de ron.

Casi amanecía cuando golpearon la puerta del palacete de la gobernadora. El anciano sirviente casi cae desmayado cuando vió aparecer la imponente figura de Caracortada. Llevaba en brazos a la maltrecha gobernadora, apenas cubierta por harapos. El capitán, haciendo caso omiso de los sirvientes, avanzó hasta dejar el cuerpo de la gobernadora sobre un sofá. La mujer estaba agotada, curiosamente sonriente. Antes de quedarse dormida escucho hablar al capitán

-No se preocupe gobernadora. Port royal seguirá bajo nuestra protección, se lo ha ganado. Pero recuerde, que cuando volvamos, exigiré un nuevo tributo por su parte jajajaja… si… sin duda Port royal se ha vuelto un lugar mas interesante… jajajaja


Licencia de Creative Commons

Una historia de piratas es un relato escrito por dereck publicado el 27-07-2022 15:39:17 y bajo licencia de Creative Commons.

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25 No me gusta0
Comentarios  
Marina
+1 #3 Marina 02-08-2022 16:09
Coincido con Sade, es un relato diferente y leerlo ha sido algo diferente
dereck
0 #2 dereck 01-08-2022 00:12
Gracias Sade por tu comentario. Me "retaron" a escribir una historia de piratas y este fue el resultado jaja
Sade
+1 #1 Sade 31-07-2022 14:17
Super original, la mayoría de escritos son iguales, el hecho s basarlo en otras épocas no se suele ver. Un 10
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