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Amigas para siempre II
Escrito por Lena

- Tú debes ser María. ¿No? Yo soy Manuel, el chofer de Don Antonio. sube aquí detrás, te llevaré a su casa.

Le inquietaba lo que hubiesen podido pensar sus compañeras y compañeros de trabajo, viéndola subir en aquel coche, de cristales ahumados, que no permitían ver el interior.

Manuel la miraba, sin ningún reparo, por el retrovisor. Vestido con un traje oscuro, calculó que debía tener alrededor de treinta años. Por su físico parecía más el guardaespaldas de un mafioso que un chofer.

- Veo que llevas anillo de casada. A don Antonio le gustan las casadas. ¿Ya lo sabe el cornudo?

- No me gusta que le llames así.

- ¡Ah! De acuerdo, pero ¿lo sabe o no?

- No. no lo sabe.

- Acabará enterándose. Cuanto antes mejor. Les molesta ser los últimos en enterarse. Soportan mejor los cuernos que las posibles burlas por el hecho de llevarlos.

María ni siquiera le contestó, realmente se sentía muy molesta de que hablase de Kim de aquella manera. después de todo era su marido.

- Oye, un consejo: Quítate los sujetadores antes de que llamemos a su puerta, A Don Antonio le gusta que vayáis así en su presencia. Puedes hacerlo en el parquin. Aquí dentro no te verá nadie y yo ya saldré del coche mientras lo haces.

Sí. Gracias.

Quería gustarle. estaba dispuesta a ello. Parecía no tener conciencia de la espiral en que había entrado.

Cuando el llamó al timbre se oyó un pequeño chasquido, la puerta estaba abierta. Manuel la hizo pasar delante conduciendo hasta el salón.

- Ya estamos aquí Don Antonio.

- Bien, bien.
Veo que vas conociendo mis gustos y adaptándote a ellos. Eso me gusta.

Allí estaba, de pie, descalzó, con un elegante batin de seda, negro, tomando una copa de vino.

Su mano penetró en su escote, acariciando sus pechos.

- ¿Cuándo quiere que vuelva Don Antonio?

- Espera. Quiero que me des tu opinión.
Tú, desnúdate.

- Pero…

- ¿Qué pasa? ¿Crees que Manuel no ha visto nunca una mujer desnuda? Haz lo que te digo.

- Sí. Sí, señor.

- ¿Qué te parece Manuel? ¿Te gusta más que la otra?

- És distinta, Don Antonio. Lena es más curvilínea, pero esta es más joven. Además, tiene cara de mamona.

- Tienes razón. Aunque no lo creas, no lo hace demasiado bien, aún.

- Seguro que pronto aprenderá.

- Arrodíllate. A cuatro patas. te quiero a cuatro patas como una perra.

Aquello era humillante. Allí delante de aquel hombre. De aquel desconocido. Pero sabía que debía obedecer. Lo deseaba. Deseaba complacerlo.

- Mira cómo le cuelgan las tetas ahora. ¡Azótala!

Sentía los flagelos en su espalda, en sus nalgas. aun a su pesar no podía evitar algún gemido. Aquello le dolía, le dolía y le excitaba.

- No le des demasiado fuerte, seguro que es la primera vez y no le dejes marcas ya llegará el momento en que se las deje yo.

Sabía que merecía aquellos azotes por su inutilidad y aunque no los hubiese merecido tenía que aceptarlos si esto satisfacía a su señor.

- Para, para y tócala, quiero saber cómo está.

- Está chorreando, Don Antonio. Chorreando.

- Lo sabía, desde el primer día sabía que era una perra sumisa.
Ya puedes irte. Vuelve en un par de horas.

- Sí Don Antonio. Espero que la disfrute.

- Cuando la tenga bien emputecida te la dejaré un día, para que la disfrutes con tus amigos.

- Gracias Don Antonio. Será un placer.

Cuando oyó cerrarse la puerta aquellas palabras resonaban en su mente. Se preguntaba cómo había caído tan bajo solo a dos días de conocer aquel hombre. Lena ya la había advertido y ahora ya no podía parar. Deseaba ser suya.

Antonio había abierto su batín.

- Besa mis pies, perra. Bésalos y lámelos.

Postrada, sintiendo aún los azotes del cinturón de Manuel en su espalda, besaba, lamia, los pies de quien ya era su AMO.

Levantó sus ojos, su mirada era llorosa y suplicante.

- Cómeme los huevos. Al Menos esto si sabrás hacerlo. ¿No?

Nunca había hecho tal cosa, lo descubrió como algo sumamente humillante. Ponía todo su esmero en ello, mientras notaba aquella polla, durísima, en su mejilla.

- Levántate guarra. ¡Levántate!

Cogida de un brazo la llevó hasta el baño, delante del espejo del lavabo.
Veía el cuerpo de él detrás del suyo, mientras le acariciaba los senos, los labios de su sexo, su clítoris. Miraba su cara reflejada. Ya no era ella.

- Dime qué ves. ¡Dilo!

- A una perra, señor, una perra en celo.

- Esto es lo que eres; una puta perra viciosa. Una de ellas.

- Sí, sí, señor. Quiero ser suya. Rómpame, rómpame, aunque me duela, señor. Quiero ser toda suya.

Antonio refregó su pene en sus nalgas, antes de ponerse aquel preservativo. La penetró despacio, intentando que el dolor fuese el mínimo posible. No quería que se echara atrás de su súplica. Tendría que penetrarla muchas veces antes de vaciarla y no quería que se negara a ello. No iba a forzarla, se tenía que entregar por sí misma.

- ¡Dios! ! Como duele¡ ¡Como duele ¡

Lágrimas de dolor recorrían sus mejillas.

- ¿Quieres que pare? ¿Eso es lo que quieres? ¿No deseas estar abierta para mí y para los machos?

- Sí, sí lo deseo. No pare. No pare. Por favor.

-Tócate, tócate. Frota tu coño mientras penetró tus entrañas. Nunca olvidarás este día, ni quien te hizo hembra de verdad, por primera vez.

Se movía dentro de ella, hacia delante y hacia atrás, hacia atrás y hacia delante, cogiéndola por la cintura y en cada movimiento la penetraba más y más. La hacía más suya. Más suya y más puta.
Hasta que se corrió, abandonado aquel agujero, ya algo más dilatado que antes, más accesible a las pollas.

- No pares. no pares hasta que te corras.

A pesar del dolor ahora sus gemidos eran de placer. Aguantándose como podía, con una mano, en la pica del lavabo, hasta que sus piernas fallaron, cayendo de rodillas mientras tenía aquel orgasmo. Con su cuerpo lleno de dolor y de placer.

- Gracias. Gracias, señor.

- Date una ducha y vístete. Manuel está al llegar.
¡Ah! Y cuando hables con tu amiga, recuerda que te enseñe a hacer mamadas como es debido.

Por suerte aquel día Kim, su esposo, llegaría tarde, le había dicho que tenía una cena de trabajo. Solo tenía ganas de descansar, dormir y reponer fuerzas, al día siguiente tenía que volver al trabajo. Aún le dolía. Sabía que tardaría unos días en volverle a llamar para ir a su lado, así se lo había hecho saber.

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- Hola, cariño. ¿Cómo ha ido el trabajo? Ha venido un joven a traerte un paquete, parece un regalo, lo tienes aquí en la cocina. No me ha querido decir de parte de quien era. Dice que tú ya lo sabrás.

- ¿Un regalo?

- Sí, toma. ¿No piensas abrirlo?

No quería hacerlo delante de él, podía ser cualquier cosa que la delatara, pero no tenía otra opción.

- ¿Pero que carajo es esto? Un collar de perro. ¿Quién te manda esto?

- Debe ser un error, amor.

. ¿Un error? pero si lleva tu nombre en la placa. ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿De quién es? Dímelo. ¿Te estás viendo con otro hombre? Es eso ¿Verdad?
Y tiene la osadía de mandar esto a casa. Quiero saber la verdad.

María había palidecido. Tartamudeaba.

- Lo siento mi amor…Lo siento…

- ¿Crees que con decir esto lo arreglas? y este tarjetón. ¿Qué coño pone?
“Llámame”. Llámame. ¿Vas a hacerlo? ¿Vas a llamarlo?

- Tengo que hacerlo. Tengo que hacerlo.

María cogió su móvil. Tenía que hacerlo, de ninguna manera quería que él se enfadase, que la dejase. Ya no podía prescindir de Antonio. Kim, su esposo la miraba, sin terminar de comprender qué pasaba, cómo era posible que lo llamara delante de él, sin más explicaciones. Solo oía lo que ella decía.

- Sí, señor
Gracias, gracias, señor.

- Sí, sí lo haré.

Le arrebató el teléfono, preguntándose cómo era posible aquello.

. ¿Quién coño eres?

- Eso digo yo. ¿Quién eres tú?

- Su esposo.

- ¿Su esposo? Pues entérate. Yo soy su AMO. ¿Lo entiendes?

- ¿Qué? ¿Qué estás diciendo?

- Lo que oyes y a partir de ahora cuando quieras follar con ella antes tendrás que pedírmelo.

A diferencia de Maria él había puesto el altavoz para que su esposa se enterase bien de la conversación. Ella escuchaba, cabizbaja y nerviosa.

- ¿Qué? ¿Pero qué te has creído?

- ¿Quieres perderla?

- No…no…

- Si no haces lo que te digo le ordenaré que te deje.

- Pero…

- ¿Vas a hacerlo o no?

- Sí…sí…señor…Puedo… ¿Puedo esta noche?

- No. Debe descansar, ayer fue un día muy duro para ella. Llámame mañana y veremos.

- Sí… Sí señor.

Maria se preguntaba cómo podía ser aquello, que poder tenía aquel hombre para hacer que su esposo se doblaba de aquella manera. Que perdiera su dignidad.

- No quiero perderte amor. ¿Quién es? ¿Quién es este hombre?

- Antonio, el AMO de Lena y mío. Yo no sabía que ocurriría esto. Ahora ya no puedo prescindir de él. Pero, yo, yo te quiero.
Tengo que ponerme el collar. Quiere que me lo ponga para dormir. ¿Le pedirás permiso mañana?

- Sí. Se lo pediré. Yo tampoco quiero perderte, pero quiero que me lo cuentes todo. Todo lo que te hace.

- Sí, amor. vamos a la cama y te lo contaré todo.

Le contó cómo lo había conocido, como había hecho sufrir a Lena para hacerlo. Todo lo que había hecho aquellos dos días. El preguntaba detalles, detalles de lo que sentía con él, de cómo era. Empezó a acariciarla, cada vez más excitado.

- ¿Pero ¿qué haces? No tienes su permiso. ¿Aún no lo entiendes? Soy suya. ¿Quieres perderme?

- No…No…perdona.

- ¿Qué te ocurre? ¿Te gustaria ver como me usa? ¿Cómo me someto a él? Es esto ¿Verdad?

- Si…

- Quizá le diga que un día venga a cenar y nos sirves la comida. Seguro que lo harías.
Será mejor que vayas al baño y te hagas una paja antes de que manches las sábanas. Quizá mañana mi macho deje que folles conmigo.

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- No te enfades conmigo. Por favor.

- ¿Que no me enfade contigo, dices? Me has pedido tomar el café en mi casa en lugar del bar para venir a decirme esto. Para venir a decirme que has estado con él. ¿Como te pondrías tú si te dijese que he follado con Kim?
Sabía que esto pasaría. Te dije que no debías conocerlo. Aceptaste que le mandara una foto tuya y tu teléfono no para hacerme un favor, lo hiciste porque te morías de ganas de conocerlo.

- Esto no es verdad, sabes que no es verdad. No quiero que pienses esto. Quiero seguir siendo amiga tuya. Por favor. No tienes por qué tener celos de mí. Él no te dejará.

- ¿Celos de ti? Realmente no te enteras de nada. Solo que no sabes lo que llegará a hacer contigo, en que te convertirá. Esto es lo único que me preocupa.

- Sí. Sí lo sé y sé que ya es inevitable.

- Será mejor que evitemos, en lo posible, hablar de él. Yo también quiero que sigamos siendo amigas. No me gustaría perderte. Ni por él.

- Gracias Lena. De verdad. Sí, procuraremos no hablar de él. Solo hay una cosa, una cosa más. No creas que me gusta plantearlo, pero me ha dicho que me enseñes, bueno, que me enseñes a mamar una polla, a hacerlo como haces tu.

- Dios mío, solo me faltaba esto, está bien, lo haré, no por él, si no por la amistad que nos une. Ven, vamos a la cocina.

Le mostró una página de Instagram (https://www.instagram.com/womaneatbananaa/ )
Después le enseño como lo hacía ella, Solo tenía que relajarse cuando le tocase la campanilla, parecía muy fácil.

- Ahora hazlo tú y no te olvides de mover la lengua, Esto le gusta mucho.

Le daban arcadas. No podía. Hasta la cuarta vez no pudo. Lena la observaba, dándole ánimos.

- Ves como sí puedes. Si se quiere correr, el mismo se echará un poco atrás. Lo hará en tu cara o en tu boca. Si lo hace en tu boca tienes que tragar su semen, de lo contrario se enfadará contigo y tu no quieres eso ¿Verdad?

- No. No. Claro que no. Gracias Lena, no sabes cómo te lo agradezco.

- Ahora solo tienes que comprar unos cuantos plátanos y ensayar antes de volver a estar con él.

- Gracias amor.

- No hablemos más de esto. espero que no nos quiera a las dos a la vez. No me gustaría,

Se acercó a ella para besarle la mejilla.


Licencia de Creative Commons

Amigas para siempre II es un relato escrito por Lena publicado el 02-08-2022 22:13:10 y bajo licencia de Creative Commons.

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