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Vacaciones para cuatro 4
Escrito por Wilmorgan

- Te vas a buscar un castigo como salgamos tarde por tus juegos.
- Quizás… ¿pero a quién crees que castigará más el Amo? Ya sabes que estos días serás el objetivo de su mente perversa.
Tenía razón. Paula conocía a Jorge tan bien como yo. Ahora mismo yo era su juguete favorito y Paula su compinche. Lo primero me encantaba, lo segundo no tanto.
- Esta bien. Vamos. ¿Qué quieres?
- Pues… que te parece si me comes el coño. Así lo preparas para él. – dijo, recostándose en la cama y subiendo su vestido.
- ¿Y no crees que al Amo le molestará que consigas placer oral sin que él esté presente?
- Tienes razón… eso podría ponerse en mi contra. Pero seguro que le gusta saber que tus babas han lubricado mi estrecho coñito que él se va a follar.
- Una pena que no pueda hacerlo sin darte placer con mi juguetona lengua. – contesté con picardía sabiendo que estropeaba sus planes.
- Pues sí… una pena que tú lengua no pueda recorrer estos labios tan sabrosos. – dijo ella apartando su tanga y mostrando su depilada vagina juvenil.
- Pero puedes lubricarlo igual. Ven aquí, a cuatro patitas y deja caer tus babas de perra sobre mi chichi. -añadió después.
Su experiencia como sumisa habían entrenado su cabecita calenturienta para buscar soluciones así. No me quedó más remedio que hacer lo que me pedía mi sumisa. Subirme a la cama a cuatro patas y colocar mi boca abierta junto a su sexo liberado ya de su tanga.
Paula agarró mi cabeza y la bajó hasta tocar su zona más cálida. Me sentía ridícula en esa posición. Con mi culo en pompa, notando como mi sexo y mi ano quedaban abiertos. Y oliendo su coñito que era como una droga para mí.
Casi hubiera preferido directamente hacer un cunnilingus y al menos llevarme la satisfacción de probarlo. Pero de esa manera no era yo la única que se quedaba frustrada. Ambas deseábamos que mi lengua recorriese el surco que formaban sus labios, siempre tan mojaditos.
Muy a mi pesar, mi boca se me hacía agua. Estar inclinada y con ella abierta también ayudaba a que mi saliva fuera cediendo a la gravedad y cayendo poco a poco sobre su rajita.
Paula se estremecía con cada gotita que se descolgaba de mis labios a los suyos. Yo intentaba que llegase el máximo a su clítoris. Deseaba volverla loca de placer. Hacer que me hundiera la cara entre sus piernas, como tantas veces había hecho yo con ella. Deseaba probar su néctar. Y más deseaba que fallase al Amo y fuera castigada por ser una puta salida.
- ¡ Dios, Amita! Eres una cerda babosa. – me dijo mientras metía un dedo en mi boca para después restregarlo en su ya empapado coño.
Puso a máxima potencia el vibrador que, gracias a mi postura con el coñito al aire, se escuchaba claramente en la habitación. Aquello casi me hace caer del todo sobre mi sumisa abierta de piernas. Dejándonos a las dos en un impasse de tremenda excitación palpitante.
- ¡Joder! ¡Quita! Que al final te hago comérmelo hasta que me corra en tu cara de chupa chochos. – dijo ella fuera de sí, mientras me apartaba la cara y me empujaba fuera de la cama.
- Menos mal que el Amo me usará ahora. Tú no tendrás tanta suerte.
Aquello era cierto. Ella disfrutaría de Jorge sin mí. Al menos, si era verdad lo que había dicho de la conversación entre Jorge y mi novio, Carlos calmaría el calor de mi entrepierna.
- Bueno, ahora vamos a hacer lo que el Amo a ordenado. Y rapidito que vamos tarde.
Paula se levantó de la cama sin molestarse en ponerse el tanga. Buscó algo en su maleta y se dirigió a mi sin mostrarlo. Se sentó de nuevo en el borde de la cama, frente a mí. Yo esperaba de pie aún con el vibrador al máximo e inquieta por saber que sucedería.
- Me encanta como piensa el Amo. Es un hombre súper morboso. Por eso tiene a dos putitas complaciendo sus caprichos.
- Venga Pau… por favor… dime ya que es. Estás siendo muy mala conmigo.
- He aprendido de mi Ama. – me contestó con sarcasmo.
Tenía una sonrisa de oreja a oreja. No podía imaginar que artilugio habría pensado mi Amo para hacerme sufrir. En esa maleta había todo tipo de instrumentos capaces de hacer llevar al éxtasis a una mujer. O provocarle el mayor de los sufrimientos. Estaba temerosa, pero sobre todo, deseosa de descubrirlo.
- ¡Tatatachán! – canturreo descubriendo lo que ocultaba tras de si.
- ¿Un rotulador? – pregunté yo desconfiada.
- Verás … el Amo quiere ayudar a convencerte para que confieses a Marcos que eres su perrita fiel. Y para ello se va asegurar de llevarte al borde de la locura. Y ya sabemos cómo mejor lo sabe hacer el Amo.
Mis ojos se abrieron como platos mientras mis piernas temblaban por un orgasmo a punto de explotar. Imaginaba a lo que se refería. Noté mis ojos llorosos de desesperación a pesar de estar a punto de disfrutar de un orgasmo por las fuertes vibraciones.
- Bueno ya. Que si te corres así, no tiene mucho sentido esto. – dijo Paula, apagando mi juguete.
Ahora sí que quería llorar. Me había denegado mi orgasmo en puertas. Y estaba a punto de asegurarse que no hubiera otro.
Destapando el rotulador, comenzó a escribir sobre mi pubis. Mis temores se hicieron realidad. Sin poder hacer nada por ser orden directa de mi Amo, dejé que mi sumisa de 19 añitos escribiera: “Propiedad del Amo Jorge” sobre mi pubis.
Aquello me obligaba a negar el sexo a mí novio. Ni siquiera podía verme desnuda sin descubrir aquella frase sobre mi coñito. Y con aquel vestido sería una odisea ocultarlo. Algo tan sencillo y casto como un rotulador. Y me haría la vida imposible hasta que se borrase.
- Esto ya no te hará falta. – dijo Paula, metiendo dos dedos en mi ardiente cueva.
Hurgó más de lo necesario para alcanzar el vibrador, para después sacarlo de mi interior. Quedé vacía después de muchas horas con algo llenando mi agujero.
Resignada con mi castidad forzada, vi como Paula lamía los dedos que habían estado dentro de mí.
Se puso en pie, quedando pegada frente a mí. Bajó mis tirantes y descubrió mis pechos. Aplastó los suyos contra los míos a la vez que su boca venía derecha a la mía. Me besó con pasión, dándome a probar mis propios jugos.
Mientras nuestras lenguas jugaban, su mano volvió a bajar. Un par de pasadas acariciando el interior de mis labios inferiores, mientras los otros seguían en aquel beso húmedo y lésbico.
Esas leves caricias me llevaron de nuevo al cielo. Sólo para dejarme allí y verme caer cuando se apartó de mí. Salió casi corriendo abriendo la puerta y chupando sus dedos como una niña juguetona. Dejándome allí con las tetas al aire y un calentón frustrado por la niñata de mi sumisa.
Me quedé paralizada unos segundos, hasta que vi a Carlos pasar por delante de la puerta abierta. En ese instante un acto reflejo me hizo guardar mis pechos bruscamente. Entonces me miró y sonrió guiñando un ojo. Le devolví la sonrisa, más de nervios por no saber si me había descubierto con las tetas al aire, que por complicidad con mi novio calenturiento.
Alisé mi vestido todo lo que pude y llena de nervios porque dejase al descubierto el mensaje de mi pubis y salí con todos al salón.
- Bueno, pues descansamos una horita y nos vamos a la playa ¿No? – dijo mi novio impaciente.
- Sí. Una horita nada más. Así aprovechamos la tarde en la playa. Estas bellezas tendrán que tomar el sol. – añadió Jorge, con un sonoro cachete en el culo de Paula cómo colofón.
Carlos me agarró de la mano llevándome a la que sería nuestra habitación. Desde la puerta cruzamos las miradas Jorge y yo. De sus labios salieron unas palabras mudas : “enséñamelo”. Mirando por encima de mi hombro, vi a Carlos de espaldas a mí, quitándose la ropa ya. Levante mi vestido y desde el umbral de la puerta de nuestra habitación mostré mi coñito marcado con rotulador permanente al que es mi único dueño.
- Venga nena, trae ese culito a la cama. – decía mi novio desde dentro.
Cerré la puerta y tragué saliva. Me iba a costar mucha imaginación que Carlos no descubriese mi nuevo tatuaje.

Carlos ya estaba en calzoncillos esperándome en la cama. Sujetando disimuladamente mi vestido por delante, fui hasta la ventana y cerré las cortinas. La oscuridad era mi mejor aliada.
- ¿Que haces nena? Quiero ver lo bien que te queda el vestido de Paula. – decía mi novio mientras encendía la luz de la lámpara.
- Hemos quedado que en una hora iremos a la playa. Tendremos que darnos prisa si queremos descansar algo del viaje.
- Nos dormiremos más rápido si estamos relajados. – replicó Carlos, acariciando su paquete sobre el bóxer blanco.
Parecía que era verdad lo que dijo Paula. Carlos estaba decidido a echarme un polvo como inauguración de nuestras vacaciones. Pero eso era imposible por la castidad que mi Amo me había impuesto.
Me acerque lentamente a la cama, temerosa y con la mente funcionando a 5000 revoluciones para evitar lo inminente.
- Deberías ir de compras con Paula. Me encanta el estilo que tiene.
- Estilo de putilla, eso quieres decir ¿No?
- Un poco… me sorprende que hayas accedido a ponerte ese vestido tan corto delante de Jorge. – dijo Carlos, llevando su mano a la falda.
- Pensé que te gustaría. Pero si te molesta luego me cambio. – contesté, sujetando su mano.
- Claro que me gusta. Tienes un cuerpazo. Y ese vestido deja disfrutar muuucho de él. – contestó intentando llegar con la otra mano bajo el vestido.
Empezaba a irritarme su insistencia. Por un lado, lo entendía. Me había vestido como un zorrón. En teoría, para él. Era normal que esperase un rapidito al menos. Como explicarle que lo que creía suyo, pertenecía a otro hombre.
Una de sus manos fue a mí culo. Parecía un pulpo. Lo dejé hacer. Al fin y al cabo, era mi novio. Como negarle que me tocase el culo…
Pronto esa mano penetro por debajo de mi vestido. No se lo impedí. Mientras que se entretuviera acariciándome el culo no corría peligro de que descubriera la nota aclaratoria de mi pubis.
- Ven cariño. Túmbate conmigo.
Me acosté a su lado sin que soltase mi trasero. Toda mi atención se centraba en que el vestido no descubriese mi coño. Algo extremadamente difícil por lo cortísimo y por la ausencia de ropa interior.
Carlos comenzó a besarme mientras me acariciaba suavemente las nalgas. Que diferencia con Jorge. No digo que mi Amo no sepa ser delicado. Claro que sí. Pero para estas alturas ya tendría su mano marcada en mi culo o un dedo suyo penetrando en él, mientras me besa apasionadamente.
Estaba claro que Carlos quería calentar el horno antes de meterla. Pobre ingenuo. Yo no necesitaba preliminar alguno. Llevaba mojada desde que nos subimos al coche.
- Cariño… no llevas nada. – dijo él sorprendido.
Tan preocupaba estaba en que no viese mi mensaje vaginal, que no caí en que acabaría dándose cuenta de eso al manosear mi culo.
- Lo sé… ¿Te gusta? – le dije, con una triste actuación.
- Sí que estás cachonda, nena.
Me sentía mal haciéndole pensar que todo lo hacía por él. Pero al menos sirvió para salir airosa. Y tampoco es que mintiera. Estaba tremendamente cachonda.
Carlos volvió a intentar llegar a mi coño. Esta vez fue directamente sin levantar el vestido. Lógico al saber que su novia llevaba el coño al aire “para él”.
- Estás muy mojada. Vaya, vaya… ¿qué te ha puesto tan cachonda?
Si el supiese…
- Esa polla que escondes, amor. – le dije sin pensar.
- Pues toma. Toda tuya. – dijo sacándose su ya erecto pene.
- Cariño… se nos va a hacer tarde…
Estaba súper cachonda. Pero sabía que si seguíamos me quedaría más frustrada aún. Y encima correría el riesgo de ser descubierta.
- Si estás empapada. No me digas que no te apetece. Uno rapidito y dormiremos súper relajados.
Su mano volvió a mí coño, abandonando su polla. Comenzó a penetrarme con un dedo. Y yo me derretía. Instintivamente agarré su miembro y comencé a pajearle mientras el hacía lo propio conmigo.
El ritmo comenzó a acelerarse bajo mi vestido. Yo también lo hice. Me estaba volviendo loca y sentía como podía correrme en poco tiempo.
Pero el vestido subía y bajaba sin control. En cualquier momento la ceñida tela quedaría subida y todo a la vista.
Mi mente barajó la posibilidad de que fuese la mejor opción dejarle ver la verdad. Tenía que decírselo de todas formas. Y yo necesitaba desahogarme de una vez. No era como lo tenía pensado. Pero estaba tan cachonda…
- ¡Ay, ay, ay! ¡ Me duele! – dije fingiendo.
- ¿Te he hecho daño? – preguntó confuso.
- Sí… bueno es que estoy recién depilada. Lo tendré un poco irritado. Mejor dejarlo para luego.
Me costó decir eso y volver a quedarme sin orgasmo. Pero era lo mejor. Si continuaba podría confesarle a Carlos la verdad de la peor manera.
- ¿Y si lo hago más despacito?
- No, no. Mejor dejarlo reposar. Así luego podremos disfrutar más.
La cara de decepción de mi novio era monumental. Me sentía mal por dejarle así. Si solo pudiera contarle que yo estaba mucho más desesperada.
- Bueno… pero no pensarás dejarme así. – dijo Carlos, comenzando a acariciar su erección descomunal.
Me moría de ganas de polla. Quería decírselo así de claro. Pero eso significaba quedarme aún más frustrada.
- Vamos a dormir anda. Yo no puedo disfrutar, no es justo.
Me escuchaba realmente cínica diciendo eso. Cuántas veces habré complacido a Jorge sabiendo que no habría placer para mí…
- Yo no tengo la culpa de que no puedas. Pero tú si tienes la culpa de esto. – dijo apretando su hinchada polla.
Con cara de pocos amigos, comencé a pajearle. Sabía que ver cómo se corría me pondría más caliente y me daría mucha envidia. Pero por suerte tenía buen adiestramiento en eso.
- ¡Mmm si! Me encanta.
Una mano fue a mí culo y la otra saco mis dos tetas por fuera del vestido. Sus caricias me excitaban más todavía. Mi novio me estaba torturando sin saberlo.
- Chúpamela, cariño.
Lo que me faltaba … pero no podía negarle una triste mamada a mí calenturiento novio. Agachándome sobre él comencé a lamer su pene.
Que diferencia… Un rato antes estaba de rodillas en el suelo mamando como una salvaje. Me tragaba el mástil de mi Amo hasta la campanilla haciendo que mis babas desbordasen de la boca. Y a mi novio, mi chico al que tanto quería… a él solo lamía y chupaba poco más que la punta.
Mi cuerpo me pedía meterla hasta la garganta y lamerle las pelotas con la punta de mi lengua. Pero no podía. Eso era solo para mí Amo. A mi novio tenía que hacerle una chupadita amorosa. Por más que me pesase.
Pero por mucho que intentaba hacer una mamada light, mi cuerpo se revolucionaba. Me pedía más. Deseaba meterme su daga y cabalgar como una amazona. Mis pezones estaban erectos casi tanto como su polla.
Su mano acariciaba mi culo, recorriendo sumamente entre mis dos nalgas. Acariciaba tímidamente y de pasada mi ano. Me moría porque metiese su dedo en mi agujerito y me follase salvajemente. Pero no… eso él no lo hacía. Nunca. Eso era solo para Jorge…
- Sigue, sigue. Me voy a correr.
Dos chupaditas más y saqué su polla de mi boca. Él no se corría dentro, nunca. Continúe masturbando a mí novio, completamente reprimida sexualmente. Deseosa de sentir placer.
Era muy distinto con mi Amo. Muchas veces había estado en esa situación. Tremendamente cachonda y sabiendo que no recibiría placer propio. Pero era mayor mis ansias por complacerle que ninguna otra cosa. Eso no me ocurría con Carlos.
Veía su pecho subir y bajar con esa respiración costosa propia de quién va llegar al orgasmo. Su polla hinchada y mojada de preseminal. Ese que tanto me gustaba a mí saborear, pero con él no podía hacerlo.
Quizás todo esto cambiaría muy pronto. Cuando le confiese a mí novio que soy la puta sumisa de Jorge. Si lo acepta, podrá elegir cual será su papel. Si es que no me manda a la mierda por ser una pervertida que folla con su amigo. Lo más probable. Pero… y si Carlos acaba siendo mi nuevo Amo, solo dependiente de Jorge…
Si fuera así, no se estaría corriendo con una triste paja. Su leche no acabaría en su propia tripa y pecho. Tendría a su novia con la boca bien pegada a su polla para no dejar escapar nada. ¿Que sucederá? No había mayor intriga en mi mente. Esa y conocer que tendría pensado mi Amo hacer en la playa.


Licencia de Creative Commons

Vacaciones para cuatro 4 es un relato escrito por Wilmorgan publicado el 02-08-2022 23:58:56 y bajo licencia de Creative Commons.

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