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Situación límite
Escrito por Zorra de Diego

No era la primera vez que pasaba algo así. Ella era tan zorra que cada vez que podia aunque estuviera sola ponia a prueba su cuerpo y su capacidad de aguantar el dolor.

- ¿Que haces ahí?
- Menos mal que has llegado, por favor, desátame.
- ¿Pero como has acabado así?
- Sabes de sobra que siempre me ha gustado hacer esto.
- De sobra, lo sé de sobra, no es la primera vez que lo hemos hecho.
- ¿Y cuál es el motivo por el que me has querido reunir en tu casa?
- Me até sola esta mañana pero antes te llamé para que vinieras para hablar de lo nuestro, pero lo calculé para que cuando llegases ya estuviera desatada.
- Tú y tus cálculos. Más de una vez tuve que desatarte por tus cálculos mal hechos.

Ella estaba sentada en la cama, con la espalda sobre el cabecero de la cama, y las piernas abiertas y atadas por la ingle al somier de la cama con correas. La cintura la tenía amarrada al cabecero, y las manos las tenía esposadas por detrás. Tras un descuido la llave se le cayó al suelo, y no podía soltarse de ninguna manera. En el coño tenía una vela introducida pero apagada.
A ella le gustaba el riesgo mucho, sentir el peligro de cerca, el miedo y vivir las situaciones al límite. Eso es a lo que jugaba con este chico cuando eran novios.

El juego consistía en encenderle la vela y dejarla sola mientras ella manipulaba un candado para intentar escapar de esa situación. Él mientras se iba a otro lugar de la casa a hacer otras cosas (cortar el césped, limpiar la piscina...) y de vez en cuando se asomaba para ver cómo iba todo porque siempre la amordazaba y no podía pedir ayuda, ya que la vela se iba consumiendo y por lo tanto la llama se acercaba peligrosamente al coño.
Más de una vez tuvo que apagarle la vela ya que no conseguía abrir el candado para poder escapar de esa situación. A veces la llama la tenía tan próxima que sentía mucho calor por la zona y algunos pelitos se le empezaban a chamuscar.

- Bueno, desátame, tenemos que hablar.
- No hay nada de qué hablar, lo nuestro se acabó. No sé cómo me pudiste hacer eso, acostarte con mi mejor amigo. Eso no te lo perdonaré nunca. Me dejé mi vida
por ti y has acabado con la mía. He tenido que dejar el trabajo, no soporto tener que trabajar con mi mejor amigo sabiendo todo lo que hubo entre ustedes. ¿Desde cuándo eh?
- Fue un error, necesito que me perdones. Te Quiero.
- Puedes cometer un error y puedes ser perdonada, pero fueron dos años los que estuvisteis liados. Y eso es lo que sé, seguro que has estado con otros y ni lo sé. Eres una puta, siempre lo has sido. Te saqué de aquel mundo porque me enamoré de ti y te hice una mujer nueva. Podías mirar a la gente a la cara y tenías una vida conmigo en la que no te faltaba de nada.
- Por favor, perdóname, sino volveré a la prostitución, no tengo nada para sobrevivir.
- Lo siento, no te perdonaré.
- Vale, te entiendo, desátame entonces.

Tras ésta discusión le pone un trapo en la boca y con cinta aislante le tapa la boca. La deja amordazada. Acto seguido se agacha y coge la llave que se le cayó, y con un mechero enciende la vela.

- Eres una puta. Que hago contigo? Si me voy te quemarás el coño, será horrible el dolor que sientas, te estarás quemando y no podrás hacer nada porque esta vez no vendré a ayudarte como tantas otras veces, posiblemente mueras desangrada.

Se asoma por la ventana y se queda pensativo unos minutos. No sabía qué hacer. Se gira y la mira a ella, atada, sin posibilidad de escape posible y la vela encendida que se iba consumiendo lentamente. Le quedaría a la vela como una hora, porque siempre eran las mismas velas con las que hacían ese juego y ya lo tenían calculado cuanto tardaban en aproximarse al coño.
Se acerca a ella y le besa la frente ligeramente.

- A pesar de todo siempre te llevaré en mi corazón.

Tras decirle eso se dio media vuelta y se fue de la habitación. La dejó allí sola, atada, indefensa, amordazada y la vela metida y encendida, consumiéndose y volvió pasado unos 50 minutos. La llama estaba bastante próxima, a unos 2 cms, aun no sentía calor. Cogió más correas y la ató fuertemente al somier y al cabecero, pues cuando empezara a quemarse agitaría su cuerpo violentamente y con ellos impediría cualquier movimiento.
Cuando se consumió un centímetro más ya empezó a ir notando calor por la zona y ella comenzó a orinarse con lo que apagó la vela.

- Pero que tonta eres, ¿de que te vale eso?

Salió de la habitación y volvió con un cuchillo. Le sacó la vela y la cortó por la mitad y empezó a metérsela. La metió entera y solo dejo fuera la mecha. Cogió un mechero y lo encendió.

- Ya ha llegado tu hora.

Puso el mechero sobre la mecha y ésta prendió. Al instante su cuerpo se tensó y su cabeza empezó a agitarla con desesperación en todas direcciones mientras chillaba con la mordaza. La llama la tenía en la entrada de la vagina y le quemaba además el clítoris. Él se sentó en la silla y se quedó mirando cómo se estaba quemando. El pelo del pubis le ardió rápidamente y su cabeza se agitaba con más fuerza hasta que se desmayó del dolor. La tortura solo le duró unos 40 segundos. En ese momento le tiró un vaso de agua en el coño y apagó la vela y las llamitas de los pelitos prendidos. Tenía una gran quemadura en el coño. Pasados unos minutos volvió en sí y se vio ya sin estar atada. Tenía un dolor horrible, apenas podía caminar.

Se arrastró por el suelo mientras él la miraba y no pudo evitar sonreir como una perra.


Licencia de Creative Commons

Situación límite es un relato escrito por Zorra de Diego publicado el 10-09-2021 15:40:13 y bajo licencia de Creative Commons.

 

 

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