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El pervertido encapuchado
Escrito por sumisso


Me llamo Julián, soy un joven que nunca ha tenido suerte con las mujeres. Soy un bicho raro y siempre las he espantado. No soy feo, tampoco guapo, un joven normal de aspecto físico, pero muy tímido, extravagante y poco sociable, una combinación perfecta para no ligar nunca. Las chicas siempre se reían de mí o intentaban evadirme. Así pasé mi infancia y luego mi juventud sin acercarme a las mujeres por miedo a sus burlas hasta que un día encontré la solución perfecta al problema.

Estaba viendo una película típica de un superhéroe, cuando mi mente pervertida pensó algo absurdo. Podría disfrazarme con un traje que no se me reconociese y acercarme a las mujeres y poder burlarme yo de ellas y tocarlas a mi antojo. Si, lo sé, una idea sucia y detestable, pero ya os he contado que era muy extravagante a la vez que estúpido y deseaba tener una mujer a mi antojo. Llevé la idea a cabo, el traje de héroe tuve que conformarme con comprar ropa oscura, pantalón negro, jersey negro, guantes negros y un pasamontaña. De esa guisa nadie me reconocería. Patrullaría por la noche al acecho de alguna mujer sola, la diría todas las guarrerías calenturientas que pasaran por mi mente y las tocaría a mi antojo. Había una pequeña línea fina entre pervertido y violador, pero era un joven tan estúpido y pervertido que no me importaba.

Los resultados fueron maravillosos, en tan solo un mes tenía a todo el barrio asustado. Me disfrazaba y por la noche irrumpía a las mujeres con todas mis perversiones, ellas quedaban aterradas ante mí. Ahora era yo el que me reía de ellas y podía hacer realidad mis perversiones. Las toqueteaba de arriba abajo mientras pronunciaba palabras obscenas. Todas las mujeres del barrio estaban preocupadas, pero no conocían la identidad del pervertido encapuchado. Salía noche tras noche sin ser descubierto, me producía placer el saber que producía temor en las mujeres, yo tenía el poder sobre ellas.

Siempre era muy precavido, huía rápidamente y nunca dejaba que nadie me viese la cara. Hasta que un día cometí un pequeño error. Hacía mucho calor esa noche y me quité la capucha justo antes de entrar a mi casa tras haber vuelto de mis excursiones pervertidas. La cotilla de la vecina de enfrente siempre estaba asomada a la ventana, la gustaba mucho fisgonear y por desgracia para mí, me vio con el traje de pervertido y quitarme la capucha al entrar en mi casa. Ahora conocía mi identidad sin yo saberlo.

La vecina cotilla, es la Señora Carmen, mujer mayor de unos 58- 59 años, ama de casa y muy hogareña. Aspecto corpulento y carnoso, unos 100 kilos de peso, uno de sus mayores placeres es comer. La señora Carmen llamó a sus dos mejores amigas. Lara, una mujer de unos 52 años, también corpulenta, aunque menos que la citada Carmen, cuyo mayor hobbie de Lara es bailar y disfrutar y porque no decirlo, también beber, abrir una buena botella orujo y tomar chupitos a lo largo del día. Olga, la tercera amiga, la más joven de las tres, unos 45 años, su principal característica es su carácter extrovertido y alocado, los hombres la terminan dejando a menudo. La gusta mucho el cine y sobre todo las películas de terror y miedo. Cada noche ve una película de ese género.

Las tres amigas se sentaron en el salón de la Señora Carmen mientras relataba todo lo sucedido y Olga abría una botella de orujo. La señora Carmen les revelaba con todo detalle lo ocurrido y quien era el pervertido de la noche, es decir yo, el vecino de enfrente que tenía asustado a todo el barrio. Decidieron darle una lección por su propia cuenta. Acudir a las autoridades no serviría de nada, deseaban darle su merecido. Olga fue quien dio la idea principal influenciada por las películas de terror que veía cada noche frente a su televisor. Adaptarían la película de terror a una escena de castigo al pervertido. Fueron surgiendo muchas ideas y poco a poco tramaron el plan por completo. Hicieron una lista con todo lo que necesitarían para llevar a cabo el castigo al pervertido y cada una de ellas se encargaría de conseguir los objetos necesarios. Doña Carmen la mujer más madura del grupo sonrió y habló a sus inseparables amigas:

- Vamos a darle tal susto al imbécil que se orinará en los pantalones, va ser una pesadilla tan real que se le quitaran las ganas de asustar a las mujeres para siempre - . Sus amigas sonrieron y afirmaron con la cabeza ante sus palabras.

Durante una semana compraron todo lo necesario y continuaron planeando el castigo del pervertido. Hoy era el día de llevarlo a la práctica. Lo primero era mostrarle el cebo al pervertido. Enviaron una carta misteriosa a su casa.

Cogí una carta misteriosa que había en mi buzón, estaba escrita por una mujer. Me relataba que sabía quién era y que se había enamorado de mí, la daba mucho morbo el encapuchado y quería conocerme e intimar conmigo. Si hubiese sido algo inteligente me hubiese dado cuenta de que era una trampa, pero era bastante estúpido y me creí todo. En la carta me citaba en una casa a las 7 de la tarde. Me vestí con mi ropa oscura, me puse mis pasamontañas y me dirigí a la cita a conocer a la mujer que me había escrito. Llegué a la casa y la puerta estaba abierta, me adentré en un jardín exterior y anduve hasta la puerta principal. Allí había un pequeño letrero escrito a mano que indicaba que me esperaba en el garaje. Giré mi vista y observé la puerta abierta de par en par. No lo dudé me adentré al interior a conocer a mi pervertida.

Las señoras Carmen, Lara y Olga estaba tras la puerta que comunica la vivienda con el interior del garaje, como quien está a punto de salir al escenario. Entraron al garaje frente a mí por la puerta interior de la vivienda mientras yo estaba parado frente al portón del garaje. La puerta grande del garaje comenzó a cerrarse a mis espaldas mientras las señoras entraron a su interior. Quedé sorprendido sin comprender nada, había tres mujeres todas mayores que yo y me miraban fijamente a varios metros de mí.

- Esto… ehhh…. Yo ….. ¿quiénes sois? – Llegue a pronunciar finalmente debido a mis nervios.

- Eso a ti no te importa, pero nosotras si sabemos quién eres – Me indicó una de las mujeres mientras sacaron unos guantes de goma de uso doméstico y comenzaron a enfundárselos en sus manos y brazos. Quede completamente asustado ¿porque se colocaban guantes de goma en sus manos? Continué observando cómo se enfundaban los guantes de goma gruesos hasta el codo, unos de color amarillo, otros rosas y otros bicolores, mientras avanzaban terminando de ajustarse los guantes mirándome fijamente hacia mí. Giré la cabeza para huir, pero el portón del garaje ya estaba cerrado tras de mí. No había salida.

Observé como las tres señoras estaban a escasos centímetros de mi con sus manos enguantadas y me acorralaron situándose a mi alrededor. Sin previo aviso se lanzaron hacia mí, una de ellas, la más voluptuosa, es decir Carmen, me atrapó por detrás y me sujetó con su antebrazo por el cuello. Noté una fuerte presión en mi cuello que me impedía respirar, no estaban de broma, utilizaron su fuerza bruta. Una segunda mujer me agarró las manos fuertemente y la tercera mujer comenzó a tirar sobre mí para arrojarme al suelo. Pronto caí al suelo, intentaba luchar, pero eran tres mujeres y dos de ellas bastante voluptuosas. Una vez en el suelo se acabó la lucha, la de mayor peso se sentó sobre mi espalda, 100 kilos de peso me aplastaban contra el suelo mientras otra mujer con mis manos agarradas las conducía a mi espalda. Noté como colocó unas esposas metálicas en mis manos. Escuché el ruido del metal cerrándose y las esposas oprimieron duramente mis muñecas.

- AAAAAAAAAAjhhhhhhhhhh – Grité por el dolor del metal atenazando mi piel.

- Cállate estúpido – Me recriminó la señora Lara mientras tapaba mi boca con sus manos enguantadas. Moví la cabeza de un lado a otro para evitar me tapara la boca.

- Soltarme hijas de putaaaaa – Comencé a gritar airado.

- ¿No sois capaces de amordazarle, tengo que hacer todo yo? – Levantó la voz enfurecida la mujer más veterana a sus amigas. Carmen situada sobre mí dejando caer todo su peso aprisionándome en el suelo, se levantó y metió sus manos enguantadas por debajo de su vestido, dejó caer unas bragas blancas grandes de señora mayor por sus muslos y pies para poder agarrarlas con su mano. Volvió a sentarse sobre mí e hizo un ovillo a las grandes bragas blancas. Ya que sus amigas no conseguían silenciarme fue ella quien tomó riendas en el asunto. Estrujó las bragas blancas entre su mano de goma y las acercó a mi boca, presionó con fuerza y empezó a introducirlas. Quedé aterrado, sus bragas estaban completamente sucias con tonos amarillos y marrones de restos de suciedad. ¡¡ Aquella señora era una cerda¡¡ pensé para mis adentros. La señora Carmen utilizó su fuerzo y empujó con fuerza las bragas dentro de mi boca. Las introdujo hasta el fondo de mi boca, me tocaban la campanilla, era completamente desagradable el sabor que desprendían y me producían arcadas, pero eso a la señora no la importaba, era justo lo que pretendía, humillarme por completo. Su amiga la ayudo a envolver mi boca y cabeza con cinta americana para que no pudiese escupir la mordaza. Gastaron medio rollo, no escatimaron en hacerlo, no deseaban contratiempos, no podría escupir mi mordaza apretada en la cinta americana.


En pocos minutos quedé esposado con las manos a la espalda, posteriormente me ataron los pies con cuerdas, codos, rodillas….. Quedé completamente atado sin poder moverme y con las bragas sucias que desprendían un sabor detestable dentro de mi boca. Ahora era un mero objeto inerte sin poder moverme y emitir sonido alguno. No habían terminado, colocaron una cadena sobre una viga del garaje y el extreno lo sujetaron a mi cuello con un grueso candado cerrado con llave. Se aseguraron de que no pudiese escapar de ninguna forma. Atado, amordazado y sujeto por el cuello a la viga del garaje.

Las señoras respiraron exhaustas por el esfuerzo. La primera parte de su plan había funcionado a la perfección, me tenían justo donde querían y como querían, atado y amordazado. Esta parte del plan les había llevado tiempo diseñarla, días anteriores Lara acudió a una ferretería y compró una cadena, muchas cuerdas, cinta de embalar, guantes de goma…. Esa había sido su misión.

Tras tomarse un pequeño descanso las señoras comenzaron a desnudarme rasgando mi ropa. Me dejaron completamente desnudo. Yo estaba aterrado, desconocía que pretendían, quería salir huyendo, pero era imposible. Intenté gritar y pedir ayuda, pero no podía, solo me encontraba el detestable sabor de mi mordaza dentro de mi boca. Estaba tan adentro de mi boca que no podía emitir la mas mínima palabra.

Las señoras se colocaron frente a mí y me hablaron duramente:

- ¿Te gusta humillar a las mujeres verdad, estúpido?- Era una pregunta retórica, ya que no podía contestar.

- Te vamos a quitar las ganas de volver a hacerlo – Sentenció otra de las señoras.


Observé como la señora Carmen sacaba de una bolsa varios cinturones de piel y entregaba uno a cada una de sus amigas. Las tres mujeres se enrollaron sus correas en sus guantes de fregar de goma y se colocaban tras de mí. Una de ellas se acercó a mí y me levanto por el pelo, sentí un dolor terrible, la goma de su guante atenazó mi cabello provocándome un dolor indescriptible. Se me escapó una lagrima de tanto dolor, la goma no resbalaba y tiraba de mi pelo duramente con toda su fuerza.

- ¿Sabes que les ocurre a los pervertidos encapuchados? …. Se les rompe el culo a correazos. Lloraras y desearas suplicar piedad, pero amordazado no podrás ni hacerlo. Te azotaremos hasta que nos plazca sin importarnos tus llantos - Me recriminó la Señora Lara sujetándome por el pelo provocándome un miedo absoluto ante sus palabras.

Las tres arpías comenzaron a andar alrededor de mi y de pronto noté el primer correazo, escoció como una llama incandescente, acto seguido recibí un nuevo correazo de otra señora y para terminar la tanda recibí uno mucho mas duro, el mas fuerte fue el de la señora Carmen, era la mas voluptuosa y con mas fuerza, no se reprimió y me azotó duramente. Comencé a recibir una lluvia de correazos incesantes. Las señoras descargaban su correa sin piedad contra mi culo. En pocos minutos la piel de mi culo se convirtió en un volcán en erupción, completamente colorado y ardiendo. Las tres amigas continuaron azotándome y noté como empezaron a competir quien azotaba mas fuerte. Aumentaron la intensidad, descargaron sus correas con mas fuerza, cada azote era mas fuerte, cada señora deseaba superar el correazo de su anterior compañera. Su cruel competición se convirtió en un verdadero infierno para mi trasero, comencé a recibir correazos cada vez mas fuerte a la vez que las mujeres reían y se burlaban de mí. El dolor era insoportable, comencé a retorcerme en el suelo de dolor. Las señoras se detuvieron al observar que no me estaba quieto y no paraba de retorcerme .

La señora Lara se acercó hasta mí, se inclino y colocó su mano enguantada sobre mi cabeza. NOOO NOOO ya era conocedor que a la señora la encantaba tirarme brutalmente del pelo . Lo que yo pensase daba igual, lo hizo de todas formas. La goma de su guante atenazó mi pelo y pronto llego el momento menos deseado, tiró de mi pelo bruscamente y me levanto en el aire sujeto entre la palma de su mano. Se volvieron a escapar las lagrimas de dolor y a la vez de humillación. La señora continuó sujetándome por el pelo mientras sus amigas descargaban duramente la correa contra mi culo una y otra vez sin piedad. Mi culo quedo completamente dolorido y morado de tanto correazo, estuvieron unos veinte minutos azotándome duramente, se hizo interminable la azotaina, lloraba y lloraba, pero nada podía hacer para evitarlo, solo saborear el repugnante sabor de mi mordaza en completo silencio.


La señora Lara sacó una botella de orujo y sonriendo ofreció un chupito a cada una de sus amigas, estaban disfrutando y riendo a carcajadas. Aquello empezaba a ponerse peor para mí, alcohol y señoras llenas de sed de venganza. Aquello tan solo había comenzado. Sirvió una nueva ronda de chupitos mientras continuaban riendo y observándome. La señora Carmen se dirigió a una bolsa y sacó un nuevo objeto. Si la señora Lara fue la encargada de ir a comprar a la ferretería los enseres necesarios para mi secuestro, la señora Carmen fue la encargada de acudir a una tienda de juguetes eróticos. Allí compró varios objetos. Entre ellos unas pinzas de metal que se anclaban a los pezones provocando un fuerte dolor. Se acercó con ellas en sus manos girándolas de forma divertida. Mis ojos no daban crédito, una mujer mayor y voluptuosa con unas pinzas metálicas en sus manos acercándose a mí.

- El dependiente de la tienda me advirtió que tuviese cuidado con estas pinzas. Tienen dos posiciones. Una que produce dolor y otra que produce mucho mas dolor. Tendré piedad y te ajustaré las pinzas al mínimo – Me relató sus hazañas en la tienda sex shop.

Ajusto las pinzas a mis pezones unidas por una fina cadena y las cerró. Llevaban una fina palanca en cada pinza que ajustaba la intensidad y la dureza del muelle. Sonrió cruelmente y me apretó las pinzas al máximo, giró la ruleta en el sentido que se apretaban de una forma muy dolorosa. Me había engañado, las apretó duramente, solo deseaba que sus amigas no supieran que estaban apretadas a la mayor intensidad. Me provocaron un dolor muy intenso, deseaba gritar y suplicar piedad, pero ya había comprendido que era imposible. Tan solo la Señora Carmen era conocedora que las llevaba excesivamente apretadas, deseaba causarme un gran dolor. Deseaba gritar o decir a sus amigas que las había apretado al máximo, pero era imposible, su mordaza me lo impedía.

Comencé a pensar y recapacitar sobre quien era la mujer mas cruel de las tres. Doña Carmen me había azotado con mas fuerza que las demás y me había colocado las pinzas muy apretadas, pero la Señora Lara no se quedaba atrás, le encantaba tirarme del pelo de forma brusca con sus guantes , utilizaba toda su fuerza, contemplaba en sus ojos como disfrutaba haciéndolo. La señora Olga quizás era la mas recatada, pero pronto cambie de opinión.

Continuaron tomando chupitos de orujo y burlándose de mi y de mis múltiples castigos. Reían a carcajadas mientras una señora me sujetaba del pelo entre la palma de su guante, la otra estrujaba mis testículos duramente provocándome un fuerte dolor. La señora Olga casi se cae de la risa al suelo, se la escapó una sandalia de su pie y fue cuando se la ocurrió la brillante idea. Observó el fino tacón de su sandalia y sin pensarlo dos veces comenzó a introducirlo en mi ano. Todas reían mientras sufría el dolor de su tacón dentro de mi culo, lo ataron con cinta América para que no pudiese expulsarlo. Estaba siendo castigado y humillado duramente, aquello no llegaba a su fin. Cada señora tenía una nueva idea de castigo. Lara, la mas recatada se la ocurrió colocarme una bolsa de basura en la cabeza y comenzar a asfixiarme con ella mientras sus amigas reían a carcajadas. Odiaba a aquellas señoras y sus guantes de goma de fregar.


Fui castigado duramente durante varias horas, las señoras habían disfrutado mucho humillándome y torturándome. Había llegado el fin de mi interminable castigo.

- Espero hallas aprendido la lección. Esto es lo que les pasa a los pervertidos encapuchados. A partir de ahora te vigilaremos muy de cerca, si vuelves a hacer algo indebido a una mujer, volveremos a traerte aquí y será mucho peor. – Me amenazaron mientras yo negaba con la cabeza que no lo volvería a hacer.

Había aprendido la lección, solo deseaba irme a casa y dejar de ser castigado por las mujeres. Muy a su pesar de ellas, ya que estaban disfrutando mucho las señoras, se retiraron del garaje y me dejaron allí atado y amordazado. Subieron al interior de la casa y comenzaron a reír sin parar por la experiencia que habían vivido. Eran unas autenticas vengadoras. Continuaban riendo y comentando todo lo sucedido sin parar de reír y algo borrachas. Comentaron cada castigo y se reían a carcajadas como autenticas brujas. Se quitaron sus guantes y tomaron su ultimo chupito de orujo.

Doña Lara fue la primera en decir que se marchaba, su marido estaba esperándola. Olga fue la siguiente, tenía clase de baile esa misma moche. Doña Carmen no tenía nada que hacer, era solitaria y nadie la esperaba. Acordaron dejarme en el garaje un tiempo prudencial para que recapacitase y posteriormente me liberará la señora Carmen. Se despidieron efusivamente sonriendo y recordando lo bien que lo habían pasado siendo justicieras.

Una vez se marcharon las amigas de Doña Carmen, esta tendría que liberarme …. Pero comenzó a pensar y decidió no desaprovechar aquella oportunidad. Siempre había tenido una fantasía inconfesable, nunca se la había contado a nadie debido a la incomprensión que provocaría. Esta era su oportunidad de llevarla a cabo, no volvería a tener nunca mas esta situación y no iba a desaprovecharla.

La señora Carmen se dirigió hacia el sótano, pero no dispuesta a liberarme, sino a realizar su fantasía inconfesable y sucia . Entró en el garaje agarrando varios objetos y sonriendo. Se acercó a mi y agarró mis testículos. Comenzó a atenazarlos con un objeto pesado. Al principio no sabía lo que era, pero pronto lo averigüe. Colocó una llave inglesa de metal en mis testículos, unas tenazas que sirven como herramienta para sujetar algo duramente. Atenazó mis testículos duramente entre las tenazas y las apretó. El dolor fue terrible, apretaban mis huevos sin piedad.

- Si sigo apretando la herramienta, tus testículos reventaran…. Es algo que no quieres que suceda ¿verdad? Solo tienes que obedecer y ser un chico bueno – Me amenazó sin comprender que estaba sucediendo. No comprendía porque estaba la señora Carmen sola ¿dónde estaban sus amigas ?, ¿porque apretaba aquel utensilio a mis testículos? Pronto lo averiguaría.

Comenzó a quitar las capas de cinta americana de mi boca y antes de sacar sus sucias bragas de mi boca me habló:

- Ahora voy a quitarte la mordaza, grita o di una sola palabra y aprieto la llave…. Y PLOOOOFFF …… adiós a tus testículos ……. - Me quitó la mordaza y quedé completamente en silencio, deseaba conservar mis huevos, no quería quedarme eunuco.

Colocó un abre bocas en lugar de la mordaza, un utensilio utilizado por dentistas para mantener abierta la boca sin poder cerrarla. ¡¡No comprendía nada ¡Me dejó atado tal como me encontraba desde el principio de mi secuestro y con la herramienta sujeta a mis testículos y un abre bocas que mantenía mi boca bien abierta de par en par.

Descubrí lo que pretendía. Su fantasía siempre había sido que un hombre masticara y tragara sus excrementos. Este era un hecho que la hacía completamente superior, nadie lo haría por otra persona, demostraba completa lealtad y humillación, pertenencia a esa persona. ¿conocéis a alguien que lo haya hecho por otra persona ?, verdad que no. Era la fantasía de Doña Carmen, que tragaran lo que ella llevaba dentro.

Agarró un orinal de plástico y se dirigió a un lado del garaje. Comenzó a defecar sobre el orinal. La señora era muy voluptuosa y descargo una cantidad muy grande de suciedad en él. Comenzó a enfundarse los guantes de goma en sus manos. Relajadamente y sin prisas Me produjo autentico pánico, verla en cuclillas sobre el orinal y ajustándose los guantes de goma muy lentamente. Introdujo sus dedos y posteriormente tiró de los guantes hasta ajustarlos a sus codos. Dio una palmada provocando un chasquido en la habitación y se dirigió hacia mi con el orinal repleto de excrementos en su interior.

- Ahora vas a ser un buen chico. Vas a tragar todo. Si no lo haces continúo apretando la llave hasta que revienten tus testículos. ¿seré capaz?, compruébalo y desobedéceme – Volvió a apretar un milímetro más la llave como modo de aviso aumentando mi dolor en los testículos . Agarró entre sus guantes de goma un pedazo de mierda y lo introdujo dentro de mi boca bien abierta.

- Esto va a ser muy largo, nadie te va a ayudar, ¡¡nadie sabe que estas aqu¡¡í. Tenemos toda la noche hasta que tragues todo, jajajja – Comenzó a reír perversamente mientras comenzaba mi pesadilla.

- ¡¡ Ahora traga y dame las gracias ¡¡ - Dijo sonriendo.


La señora tenía razón, fue una noche muy larga, tardé varias horas en tragar todo proveniente de sus guantes de goma, no se detuvo hasta cumplir su fantasía por completo. Había aprendido la lección por completo. Sin duda, la más cruel era la Señora Carmen, me atormentó toda la noche mientras reía sin parar. Disfrutó tanto que decidió no soltarme, quería volver a repetir aquella experiencia la señora. Me mantendría atado y amordazado en su garaje sin que nadie lo supiese. Deseaba realizar de nuevo su fantasía y no pasaba por su cabeza el liberarme, al menos de momento. Pretendía mantenerme cautivo y debía ocultárselo a sus amigas.

Continuará…

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El pervertido encapuchado es un relato escrito por sumisso publicado el 22-08-2022 00:00:00 y bajo licencia de Creative Commons.

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