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Vacaciones para cuatro 5
Escrito por Wilmorgan

Con un pañuelo de papel limpie el cuerpo de Carlos de su propio semen. Algo impensable de tratarse de Jorge. Sí por algún descuido mi Amo se hubiera manchado, estaría lamiendo su semen desesperada mientras él decidía que castigo me impondría por ser una perra sucia.
Guardé el pene de mi novio dentro de sus bóxer, dejando sin rebañar su brillante prepucio. Que manera de desperdiciar algo tan delicioso…
Completamente frustrada me tumbé a su lado. Carlos me dio un beso de agradecimiento. Eso me recordó que tenía que lavarme la boca en cuanto saliera de la habitación. No fuese que mi Amo quisiera usarla y yo con el sabor de otra polla…
Cerré los ojos y sin darme cuenta también los muslos. Estaba muy mojada. Instintivamente buscaba el roce en esa zona. No serviría de nada. Resignada con mi calentón, decidí dormir un poco para intentar relajarme.
- ¡ Vamos, vamos ,vamos! ¡ A la playa parejita! – entró Paula gritando en la habitación.
Abrí los ojos asustada por su efusividad. Vi como Paula miraba sonriendo hacia nosotros. Carlos seguía medio erecto con sus calzoncillos como única ropa.
- ¡Pau! ¡Sal! No ves que está desnudo. – dije yo molesta.
- Sí, sí. Lo veo… No pasa nada. Eso es como un bañador. Un bañador ajustadito y blanco. – decía ella con voz pícara.
- ¡ Deja de mirar a mí novio! – le grité mientras le tiraba mi almohada.
Carlos reía la riña sin importarle que mi joven amiga tuviera la mirada fija en su evidente miembro medio erecto. Paula agarró la almohada que yo le había tirado y se lanzó con ella hacía mí.
Ella tenía ese don. Por un lado, parecía una niña inocente con un cuerpo de deseo. Pero su mente era igual de pervertida que la de nuestro Amo.
Comenzamos a forcejear jugando las dos en la cama. Era mi sumisa, pero también mi amiga. La quería mucho. Aunque disfrutase haciéndola sufrir de todas las maneras imaginables.
- ¡Ataque de pezones! – gritó ella.
Sin darme tiempo a reaccionar, Paula bajó mi vestido y dejando mis tetas al aire retorció ambos pezones con fuerza.
- ¡Ahhhh! – grité yo.
Empujé con fuerza a mi amiga que cayó sobre mi novio.
- ¡ Mi salvador! ¡Ayúdame! La malvada bruja tetona me quiere matar. – gritaba la loca de mi amiga.
- Estás como una puta cabra Pau. – dije yo acariciando mis doloridos pezones.
Me levanté de la cama y salí de la habitación, aún con las tetas al aire. No dejaba de ser una niña, pensaba mientras calmaba el dolor de mis pezoncitos. Una niña pervertida, me corregí a mí misma, cuando caí en la cuenta que acababa de dejar a Paula abrazada a mí novio medio desnudo en la cama. Fui a volver dentro para sacarla de los pelos cuando fui requerida por él.
- Silvia. Ven aquí por favor. – dijo mi Amo desde el sofá.
Miré dentro de nuestra habitación y Paula estaba jugando a pelearse con Carlos. No me hacía gracia que mi novio en calzoncillos jugase con aquella niñata con más hormonas que tela en su vestido. Pero mi Amo me llamaba.
Sabiendo que Carlos estaría entretenido con Paula, me puse de rodillas y fui hacia él gateando. Mi cuerpo me pedía someterme a él. Estar tan cerca de mi Amo y no ser usada era una tortura mayor que mi castidad.
De nuevo, él sentado en el sofá y yo arrodillada a sus pies. Me moría de ganas por volver a ser usada como mamona. Pero sabía que cada segundo en aquella posición me arriesgaba a ser descubierta.
- ¿Ha visto tu mensaje? – me preguntó él.
- No, Amo. – contesté yo en voz baja.
- Entiendo. ¿Cómo lo has hecho? Carlos tenía muchas ganas de follar.
- No le he dejado. Sólo se la he chupado para que se relajara.
- Buena chica. Me encanta ver cómo resuelves tus pruebas. Aunque esa mamada no le durará mucho. Paula está calentando a tu novio mientras tú estás aquí arrodillada .
- Sí, señor. Ya veo que estas disfrutando de mi situación. – contesté con media sonrisa, al darme cuenta que él había orquestado todo.
- Mucho vaquita. Por cierto, abre la boca.
- Pero Amo… no he tenido tiempo de lavarme después de… con Carlos. – le dije avergonzada.
- Lo sé. Abre.
Lo hice, muerta de vergüenza. Sintiéndome sucia por haber tenido en mi boca otra polla que no era la suya. De su mano descolgó un tanga. Era el que Paula había llevado durante el viaje y que se quitó cuando me hizo lubricar su coño. Arrugando la prenda la metió en mi boca. Con un toque en mi barbilla me hizo cerrarla, manteniendo dentro el usado tanga de mi sumisa.
- Vuelve a la habitación. Paula te dirá cuando puedes sacarte eso de la boca y te dará permiso para ir al baño.
- Zí, Azo. – intente decir con mi boca llena.
Sabía lo difícil que era para mí someterme ante Paula. Y ahora tenía que hacerlo con su tanga en mi boca, delante de Carlos. Estas vacaciones iban a ser muy poco relajantes…
Olfateando los pies de mi Amo, ya que no podía besarlos por tener la boca sucia de la polla de mi novio, me despedí y fui a cumplir lo que me había ordenado. Me puse en pie y volví a colocar mi vestido para evitar mostrar mi secreto a Carlos.
Cuando llegué a la puerta los vi. Carlos seguía tumbado en la cama, con Paula encima de él, sentada a horcajadas sobre su paquete. Estaban forcejeando en una lucha fingida. Un juego inocente. De no ser porque sabía que Paula tenía órdenes de volver a excitar a mí novio.
- ¡Silvi! ¡Amiga mía!¡ Ayúdame! Este perverso caballero quiere pellizcarme los pezones. – dijo mi amiga sonriéndome con la cabeza vuelta hacia a mí.
- ¡Qué dices! ¡Es ella! – se justificaba mi novio.
No podía hablar. No sabía cómo salir de aquel atolladero. Fui hasta la cama. Carlos se defendía como podía de Paula, mientras está trataba de llegar a su pecho aprovechando para restregarse con la polla mi novio.
Mis celos se disparaban. Por mucho que yo fuese la zorrita de Jorge, ver a otra mujer encima de mi novio medio desnudo me ponía celosa. Quería apartar a Paula de mi chico, pero con el hándicap de tener su tanga impidiéndome hablar, no podía arriesgarme a que ella me pusiera en una situación más comprometida si cabe.
Subí a la cama y sujeté los brazos de Carlos para ayudar a su abusadora. Supongo que él se lo tomó como parte del juego, pues se dejó hacer a pesar de tener fuerza suficiente para librarse de mí. Paula sabía mi situación. Y casi leí en sus ojos un: “buena perrita”. Justo antes de que aprovechase de que yo mantenía a mí novio indefenso para atacar sus pezones con sus deditos.
- ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! – las dos contra mí no.
- ¡Mujeres al poder! Gritó Paula sin dejar de pellizcar a mí novio.
Mi mirada desprendía fuego. Veía a mi sumisa hacerle a mí novio lo que otras veces yo le había hecho a ella. Y notaba como, cada vez menos disimuladamente, saltaba y frotaba su chochito sobre el paquete de mi novio. Y yo no podía hacer más que ser su cómplice.
De repente Carlos dio un golpe de cadera contra la espatarrada de Paula. Una embestida con su pelvis que hizo a Paula caer sobre su pecho. Está en lugar de levantarse se dejó hacer, quedando tumbada sobre mi novio.
En esa postura el vestido se le subió lo suficiente como para que yo pudiera ver que no llevaba nada debajo. Debí sospecharlo, teniendo en cuenta que el tanga lo llevaba yo en mi boca. Ya no solo mis ojos ardían. Toda yo echaba humo. Y más a ver la erección de Carlos bajo sus bóxer. Casi podía apreciar una mancha del flujo de mi sumisa en los calzones de mi novio.
Quería sacar lo que llevaba en la boca y gritarle cuatro cosas a esa niñata. Pero no podía. No sin desobedecer a mí Amo. Y eso ni me lo planteaba. Pero tenía que hacer algo.
Soltando a Carlos, agarré la melena de Paula y me senté sobre su espalda. Empuje con fuerza haciendo que la cara de mi novio quedase bien incrustada en el escote de ella. Manteniendo mi peso en esa zona, tiré del pelo de mi sumisa obligándola a levantar la cabeza al máximo. A su vez con mi otra mano la lleve directa a su culo. Con la experiencia que da ser dueña de él, fui directa a su agujerito y metí el dedo corazón en su ano con brusquedad.
Con la cara de mi novio enterrada entre sus pechos, pude someter sin problemas a la cerda de mi sumisa. Que vio en mi mirada que no me andaba con bromas. Un fuerte tirón de pelo y una penetración de un segundo dedo en su culito le dejó claro que no bromeaba. No podía hablar, pero no hacía falta.
- Venga niños. Dejar de jugar que nos vamos a la playa. – escuché la voz de Jorge desde la puerta.
Nos había encontrado a los tres, uno sobre otro tal y como estábamos. Y esa era su forma de llamarnos la atención. Antes de soltar a ambos, saqué los dedos de su culo y los llevé a su boca. Paula los chupó sumisa. No podía dejar que olvidarse quien mandaba allí.
Liberé a mis rehenes y nosotras nos levantamos de la cama. Vi como el pene semierecto de mi novio, había perdido el prefijo de semi. Tal y como Jorge quería. Paula me dio la mano diciéndome que tenía muchos bikinis, que ella me dejaba uno. Como si tuviera otra elección…
Fuimos a su habitación y según cerró la puerta, sacó su tanga de mi boca y me besó. Un beso largo y húmedo. Yo lo correspondí, agarrando su culito duro y jugando con su lengua.
- Me pones muy cerda cuando te pones así. – me dijo.
- Y no será también frotarte con mi novio, cacho puta. – le dije apretando su nalga.
- Era idea del Amo… - contesto ella con voz de niña. A la vez que agarraba mis dedos y se los llevaba de nuevo a la boca.
- Venga zorrilla. Necesito un bikini e ir al baño.
- ¿Al baño? ¿Para qué? – dijo, aun lamiendo los dedos que habían estado en su culo.
- Para lavarme los dientes y hacer un pis. – le contesté.
- ¿Te puedo acompañar? – preguntó con voz melosa.
- No seas guarrilla. Dame permiso y ya. O quieres que te reviente el culo ahora mismo.
- ¡Mmmm! me encantaría. Pero el Amo tiene prisa. Vale puedes ir. Yo prepararé la ropa.
Me despedí de ella con un azote cariñoso en su apretado trasero y fui al baño. Al salir ya estaban todos listos. Quise preguntar por mí bikini, pero Paula me señaló su bolsa. Todo parecía que tendría que ir hasta allí sin nada bajo el vestido y luego ponerme el bikini en la playa. Otro momento bochornoso y delicado con Carlos de testigo. Y aún no habíamos llegado a la playa…


Licencia de Creative Commons

Vacaciones para cuatro 5 es un relato escrito por Wilmorgan publicado el 09-08-2022 22:17:44 y bajo licencia de Creative Commons.

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