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Traicionado y esclavizado FIN
Escrito por Jorge Jog

Chic@s, final de la historia. Dejad un comentario o mensaje privado si os ha gustado, por favor. Así sabré si interesan en esta web este tipo de historias y sigo publicando más. Mil gracias a todos los que habéis seguido la historia hasta aquí

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En los siguientes días asistí a un fenómeno que, no por haber sido frecuente a lo largo de la historia, deja de ser bastante sorprendente. De repente la opinión pública dio un giro radical y aquello que hasta hacía unos días había sido considerado normal y ampliamente aceptado por gran parte de la población, pasó a convertirse en una increíble aberración, que nadie sabía cómo podía haberse producido. En un alarde de impresionante cinismo, diversas instituciones, entre ellas la jerarquía eclesiástica, declararon que siempre habían estado en contra de aquella práctica y habían luchado por derogarla, cuando la realidad era que no habían movido un dedo en ningún momento en contra. De la noche a la mañana los poseedores de esclavos, que habían sido considerados unos triunfadores y envidiados por muchos, pasaron a convertirse en auténticos parias sociales. Nunca dejará de asombrarme lo voluble y manipulable que es la opinión de las masas.

Afortunadamente aquello jugaba a nuestro favor. La sociedad se sentía tan culpable que el gobierno interino decretó unas generosas compensaciones económicas a los que habían sido esclavizados. Incluso ofreció gratuitamente operaciones de implante de pelo, para volver a tener cabello en la cabeza, aunque eso no todos lo tomaron, pues, aunque parezca increíble, la cabeza completamente calva se había convertido en un signo de estatus social (!). David y yo sí lo hicimos, pues no queríamos llamar la atención, y, gracias a las indemnizaciones, pudimos proyectar una nueva vida. La mía no era gran cosa, ya que dependía del tiempo que hubieses sido esclavo, y yo solo lo había sido durante algo más de tres meses. Sin embargo, David lo había sido durante casi dos años, y su indemnización fue muy generosa. Con ella pudimos alquilar una gran casa en las afueras y abrir una agencia de publicidad, que era la especialidad de David antes de ser denunciado por su padre.

Y en este contexto, ¿qué fue de Jose? Yo no cumplí mi amenaza de contar públicamente lo que me había hecho ni dejé que David lo hiciera. Nunca he sido capaz de hacer daño deliberadamente a otra persona, por mucho que se lo mereciera. Sin embargo, no hizo falta. Jose había presumido de esclavo sin la menor discreción e incluso, aún no sé cómo, se supo que era amigo mío antes de denunciarme, lo que le convertía en lo peor de lo peor ante la nueva sociedad, en un verdadero apestado social con el que nadie quería verse relacionado. Así, supe que todos sus vecinos y amigos le habían dado de lado, también los dos que yo había conocido, Paco y Juan Carlos, que incluso, en un increíble alarde de cinismo, habían contado a todo el mundo las cosas que Jose me hacía. Además, lo habían echado del trabajo y había caído en una profunda depresión.

Aquello debería haberme alegrado mucho, sin embargo, no era el caso. Sencillamente mi naturaleza es así. No podía evitar empatizar e imaginar cómo lo tenía que estar pasando, y, a pesar de mi natural resentimiento, sentía verdadera lástima por él. Cuando me enteré de que estaban a punto de echarlo de su casa, no pude más y lo llamé:

-¿Jose? Soy Ramón Molina

-Ramón… yo… hola… ¿cómo estás?...escucha… -acertó él a balbucear.

-Escucha Jose, me gustaría verte. Tranquilo, solo para charlar. Podría estar en tu casa en 20 minutos. ¿Puedes?

-Sí… sí…claro… tampoco voy a ir a ninguna parte.

Dicho y hecho, en 20 minutos estaba llamando a la puerta de aquella casa en la que había pasado los peores días de mi vida. Me estremecí al llegar allí.

Jose me abrió, me asustó su aspecto, estaba más delgado y muy demacrado. En cuanto estuve dentro comenzó a hablarme atropelladamente:

-Escucha Ramón…yo…yo… quiero que sepas que nunca te quise hacer mal. Realmente pensaba que te estaba conduciendo hacia una vida plena y feliz, te lo juro… por favor, tienes que creerme… supongo que estaba equivocado y estaba siendo egoísta… -comenzó a quebrársele la voz-. Sé que nunca podrás perdonarme, pero te pido mil disculpas… de corazón…

Al llegar aquí se derrumbó del todo y comenzó a llorar desconsoladamente. El ver a aquel macho alfa bañado en lágrimas era tan patético que consiguió conmoverme profundamente. Lo tomé de las manos y lo hice sentar en un sofá, sentándome yo a su lado.

-Tranquilo Jose, cálmate, no he venido a reprochar nada -le dije suavemente cuando se calmó un poco-. He venido a hacerte una proposición. Verás, David y yo acabamos de empezar un negocio y necesitamos alguien que se ocupe de la casa, pero no solo eso, sino que nos ayude en lo que necesitemos en muchos ámbitos. Alguien capacitado en todos los sentidos. No sé cómo llamarlo, un mayordomo, un asistente personal… Y he pensado en ti para el puesto.

-Quieres resarcirte, ¿no? -me dijo él, con una sonrisa amarga entre las lágrimas.

-No, Jose -le contesté muy serio-. No serías nada remotamente parecido a un esclavo. Serías un trabajador, con un buen sueldo y las mejores condiciones. Vivirías con nosotros, lejos de aquí, estarías protegido de las maledicencias de la gente… -hice una pausa y lo miré fijamente a los ojos-. Bueno, ¿qué dices?

-Digo…digo… que por supuesto que acepto… y que…y que… ¡eres la mejor persona de este mundo Ramón! -contestó él echándose a llorar de nuevo.

Y siguiendo un repentino e inesperado impulso lo abracé…

EPÍLOGO

Han pasado ya dos años de aquello. David y yo nos casamos (sí, esa sociedad que hace nada nos esclavizaba ahora nos ha concedido todos los derechos) y, afortunadamente, nuestra agencia de publicidad va viento en popa. Estamos tan enamorados como el primer día y la vida nos sonríe.

Volví a hablarme con mi familia. Un día mi padre vino a casa y, también entre lágrimas, me dijo que tenía toda la razón, que su comportamiento había sido totalmente indigno como padre y como persona y me suplicó que le perdonase. ¿Qué podía hacer yo? Nuestra relación hoy en día no es estrecha -nunca lo fue-, pero al menos hablamos y nos vemos de cuando en cuando.

Lo que no habíamos hecho con Jose sí lo hicimos con mi antiguo jefe, Fernando. Contamos a todo el mundo cómo se había comportado con nosotros y lo que había significado en ese momento terrible su respeto y ayuda. Se convirtió en una especie de héroe e incluso el gobierno lo concedió una condecoración, como hizo con otros que habían tenido un comportamiento semejante. Hoy en día es un gran amigo nuestro y nos vemos con frecuencia.

¿Y Jose? Pues aquí sigue, viviendo y trabajando con nosotros, cumpliendo todos sus cometidos con gran eficiencia. Podría ya haberse buscado un trabajo en su sector, ya se han calmado bastante las aguas, pero nos ha dicho repetidamente que es muy feliz con nosotros y que no piensa dejarnos. Yo no puedo olvidar lo que me hizo, de hecho, aún tengo pesadillas en las que estoy de nuevo bajo su dominio absoluto, pero he aprendido a apreciarlo y a perdonar. Además, confieso que a veces, cuando veo ese espléndido corpachón, tan viril y poderoso, en traje o en pantalones ajustados, no puedo evitar sentir en mi alma la punzada del deseo, y fantaseo con volver a adorarlo. Incluso he pensado sugerir a David que algún día lo incluyamos en nuestros juegos sexuales, pero eso… bueno, igual os lo cuento en otra historia…

FIN


Licencia de Creative Commons

Traicionado y esclavizado FIN es un relato escrito por Jorge Jog publicado el 04-07-2022 19:15:44 y bajo licencia de Creative Commons.

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