Tiempo estimado de lectura de 3 a 4 minutos

Silvia y Lily en la mansión de los gozos sombríos 4
Escrito por Anejo

Aunque en realidad Silvia no ha llegado a perder el conocimiento, apenas puede recordar nada de lo que ocurre en los minutos (¿horas?) últimos.
Vagamente nota un vacío inmenso entre sus muslos cuando alguien, a saber quién, extrae el consolador de su cuerpo. Siente que sus pies se pueden mover ahora libremente, sin las sandalias de cordón, y nota un frescor reconfortante en sus senos.
Abre y cierra la boca, mueve levemente la mandíbula a derecha e izquierda. Ya no hay objeto alguno entre sus dientes.
Siente que yace boca arriba sobre una superficie irregular o varios pequeños apoyaderos. Así, siente que sus nalgas cuelgan libres, pero la parte posterior de sus muslos y la zona baja de la espalda descansan en unas plataformas curvadas. Igual ocurre con su cuello, que no roza en parte alguna, mientras su cogote presiona un objeto más blando, como un cojín.
Intenta abrir los ojos y mover las extremidades, pero ahora advierte que hay un pañuelo o una venda que cubre su rostro parcialmente y algo suave pero firme sigue sujetando sus tobillos y sus muñecas. Sus brazos están bien abiertos en cruz; Sus piernas forman un ángulo de unos noventa grados.
Oye voces lejanas, risas, conversaciones normales y susurros, confidencias quizás o cotilleos.
- ¡Por favor! – intenta dar un grito que se quiebra en una especie de gemido – Por favor – Repite mas bajo, pero más claro – Tengo sed.
Se hace un silencio muy breve, porque pronto las voces vuelven y ahora nota que se aproximan a ella.
- Mi querida Silvia – quien habla es del amo de la casa - ¿Estás bien? Traed una botella de agua para Silvia.
Nota que le levantan la cabeza y le dan a beber a pequeños tragos. El agua está fresca y la agradece. Apura más de la mitad del envase en pocos segundos.
- ¿Qué ha pasado? – pregunta luego - ¿Dónde está Lily?
- Estoy aquí, cielo. Disfrutando un montón con estos amigos.
- ¡Lily! ¡Oh, Lily! Menos mal. Pronto, suéltame y salgamos de aquí.
- No, no, querida – es la voz de la señora Jessica – Apenas empezamos con vosotras. Sois nuestras invitadas especiales y no vamos a dejar que os perdáis ni una de las diversiones de la mansión.
- ¡Yo ya tuve bastante! – grita ahora con firmeza – Me han follado y me han torturado delante de todos. Me habéis humillado haciendo que me corriera con ese monstruo en el coño. Sólo para disfrutar de mi desesperación…
- Bien, tenemos la impresión de que tú también has disfrutado de lo lindo, pequeña – observa el Señor – Y ahora, vas a disfrutar mucho más. Y de una forma diferente.
Es inútil protestar, agitarse, gritar… Silvia siente que caen sobre su piel litros de alguna crema densa y refrescante. Sus muslos, su vientre y sus tetas, sus pies y su sexo, todo su cuerpo, menos la cara, recibe ese baño por la parte anterior.
Una, dos, cinco, diez, ¡quince manos! No puede discriminar el número, pero hay más de cien dedos recorriéndola. Se mueven a ritmos diferentes, con intensidades variadas. Unos presionan con urgencia, otros, apenas rozan la piel.
Unas manos muy fuertes se apoderan de su cráneo. Siente cómo presionan en puntos muy concretos, puntos especiales, que hacen circular corrientes de energía por todo su cuerpo.
Las manos invasoras se deslizan lateralmente, exploran su espalda, sus nalgas, sus pantorrillas. El amasamiento es continuo, sin tregua para sus sentidos saturados. Al fin, era inevitable, algunos de los masajistas se apoderan de sus senos, los pellizcan, estiran sus pezones, acarician sus axilas. Otros se ocupan de su vulva, atrapan sus labios mayores, los separan. Dos, tres dedos entran en su vagina y otro hace círculos en su ano. Van a ensartarla por los dos agujeros sin que pueda resistirse.
Se agita como una loca. Alguien a empezado a hacerle cosquillas en los pies. Es algo que no soporta. Quiere pedir que paren, pero las risas forzadas ahogan las palabras. Las sensaciones son intensísimas, insoportables. Cuando un dedo particularmente hábil empieza a frotar su botoncito del placer, todo se transforma en un gozo indescriptible. Un orgasmo brutal empieza a fraguarse en su vagina, a crecer en todas direcciones.
La tensión se nota en el ambiente. Todos perciben sin duda que Silvia se corre irremediablemente, se corre como una gata asaltada por cuatro gatos enardecidos. Está a su merced. Pueden hacerle encadenar orgasmos hasta provocarle un shock cardíaco, un colapso circulatorio o una asfixia, como en un ataque epiléptico interminable.
Y ella no puede ni siquiera suplicar que paren, porque ha perdido por completo el control de su cuerpo, de su voz, de sus pensamientos. Es un trozo de carne que palpita al ritmo que le marcan sus torturadores. Ahora sí que pierde el sentido, por completo. Escucha, antes de que todo se haga de noche en su cabeza, a su amiga Lily pidiendo que paren y apremiando a que la pongan a ella en su lugar, aunque ya no sabe si eso es algo que oye o que sueña.







Licencia de Creative Commons

Silvia y Lily en la mansión de los gozos sombríos 4 es un relato escrito por Anejo publicado el 21-06-2022 20:34:06 y bajo licencia de Creative Commons.

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30 No me gusta0
Comentarios  
Calendula
+1 #3 Calendula 26-06-2022 20:50
Muy bueno!! ¿A dónde llevará esta aventura a Silvia?¿Querrá asentarse con su prometido o preferirá este mundo?
Luichi
+1 #2 Luichi 24-06-2022 21:56
Fantástica saga , enorabuena por el trabajo
slipper
+2 #1 slipper 23-06-2022 11:22
Maravillosa serie amigo, como todo lo que tocas, seguro que disfrutaremos más.
Gracias.
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