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Políticamente incorrecto 3.2
Escrito por Wilmorgan

Marcos se puso entre Natalia y yo para hacerlo. Si antes se había comportado sumiso, desde que estaba desnudo no tenía ni un destello de voluntad. No puedo saber que pasaba por su mente, si es que aun funcionaba. Solo podía ver cómo iba a descubrir la verga negra que amenazaba con follarle el culo.
Jacob se colocó bien cerca de él. Prácticamente tenía su paquete en la cara de mi novio. Este no hizo intención de apartarse, ya no era él. Le habían convertido en otra cosa. Marcos bajó lentamente, como antes nosotras hicimos con él. Pero en este caso, los centímetros aparecían uno tras otro, pareciendo que nunca veríamos el final de aquel monstruo de chocolate.
Cuando por fin llegó al glande, está saltó dando un bote al liberarse del elástico que lo atrapaba. Tan sorpresa fue para mí, al verla, como lo fue para Marcos cuando le golpeo en la mejilla. Jacob reía al ver nuestras caras. No sabía si tenía más abiertos los ojos o la boca. Solo estaba morcillona y ya era más grande que la de Marcos en erección.
- No seas ansiosa Mar. Se que la deseas. Pero esta polla merece divertirse con unas tetas de su categoría. – dijo Jacob, mientras pasaba su miembro por mi sujetador burlándose.
Con su mano apuntó su lanza de ébano hacia Natalia. Quien ocupó el lugar de mi novio frente a él. No tardó en meterla entre los pechos de mi amiga. Aun sin estar erecta, la punta sobresalía por su canalillo. Ella apretó las tetas con sus manos y comenzó a pajearle moviendo sus pechos.
Marcos y yo mirábamos de cerca como Natalia le realizaba una cubana perfecta, que seguro no sería la primera que hacía. Volví a sentirme menospreciada. Primero mi novio y ahora mi compañera. Siempre era relegada a un segundo plano. Debía estar contenta de no tener que tocar al hombre que nos estaba agrediendo sexualmente. Debía… pero mi mente estaba divagando en cuanto más podría crecer y ensancharse aquella cosa.
Después de menos de un minuto, el glande de Jacob ya llegaba a la barbilla de Natalia. No podría decirlo exacto, pero bastante más de 20 centímetros seguro. Pero es que su anchura no era menos importante. Si casi sería el doble de larga que la de un hombre normal como Marcos, de gorda era mucho más. Si Natalia bajaba la cabeza podía chuparla. Pero no estaba segura si le entraría tan siquiera la punta en la boca.
Boca que, por cierto, ya tenía semi abierta. Podía ver como salivaba. Pero no era para menos. Tengo que reconocer que quería estar en su lugar. Repudiaba todo esto. Que dos hombres nos tratasen como un objeto. Que fuéramos un trozo de carne sin derecho a opinar. Eran unos violadores. Unos putos machistas que se pensaban que podían hacer con las mujeres lo que quisieran por su mayor fuerza física. Aunque no la hubieran usado con nosotras. Aunque no nos hubieran amenazado ni a Natalia ni a mí. Nos estaban obligando con sus actos. Les odiaba a muerte. Pero deseaba tener ese pollón en mis tetas y saborearlo con mi lengua.
No había explicación lógica para lo que me estaba ocurriendo. Estaba siendo víctima del acto más deplorable que una mujer puede sufrir. Y yo sufría por no vivirlo en mi piel.
- ¿Qué os parece si le damos una última oportunidad a Marcos y vemos si su pollita es capaz de ponerse dura? Así la comparamos con la de Jacob- dijo él.
- ¿Has traído la lupa? – se burló Jacob.
- Vamos Mar, levanta. Que tu novia te va a hacer una cubana. La última que te hará posiblemente. – dijo él.
Marcos se puso al lado de Jacob y yo de rodillas frente a él. Era una imagen lamentable. Jacob, dos metros de musculo, con una polla descomunal siendo pajeada por los pechos de Natalia. Y mi novio, con sujetador y tanga, frente a mí… Me sentía humillada. Natalia con semejante adonis y yo… con Mar…
Me instaron a comenzar. Bajé el tanga a mi novio y me encontré un caracol con dos huevos. Cuando tenía a mi amiga sentada en su cara la tenía bien dura y ahora que me tenía de rodillas tocándosela… nada. Con dos dedos comencé a pajearle intentando resucitar lo que parecía muerto.
- ¿Así es como le haces pajas a tu novio? ¿con dos dedos? Qué vergüenza de hombre. – dijo él.
No sabría decir a quien atacaban más las risas de esos cerdos. Viendo a Marcos así, yo diría que él no podía sufrir más vergüenza. En cambio, era yo, su novia, quien sentía una profunda decepción con él y conmigo misma. Estaba masturbando a mi novio delante de mi compañera de trabajo, con dos dedos. Y ni así lograba que se pusiera erecta. ¿Qué pensaría Natalia de mí, si mi novio tenia una mini picha y yo no era capaz de hacer que funcionara?
- Venga, con las tetas. Quiero ver qué tal se te da, por si me apetece probarlas. – dijo él.
Era absurdo. Ni siquiera podría ponerla entre mis pechos. Pero lo intenté. Alguna vez había tenido su pene entre mis pechos, aunque nunca le había masturbado de esa manera. Imité lo que Natalia hacía con Jacob. Pero la comparación era odiosa. Ella, con sus tetas grandes y duras, subiendo y bajando por aquel tronco marrón. Y yo, con mis pechos intentando agarrar aquella colita, sin ningún éxito. Veía como la polla de Jacob chocaba contra los labios de Natalia, para volver rápidamente hacia atrás, dejándola con ganas de saborearla. Para mí eso era imposible. Poco más que magrearle las tetas entre su cosita y sus huevos, con la esperanza de que creciese algo.
Quizás las patadas le habían hecho más daño de lo que pensaba. Miré a Marcos a la cara. Necesitaba saber porque no funcionaba. Y le descubrí mirando hacia Natalia con los ojos clavados en sus pechos. Fue la gota que colmó el vaso. Yo allí, desnuda de rodillas en la tierra de aquel parque. Volviéndome loca para ponerle duro el pito con mis tetas. Y él, mirando como a mi compañera le follan las tetas un negro. Lo dejé por imposible, apartando mis pechos de él, frustrada y rendida. Entonces vi como tenía el prepucio manchado de líquido preseminal. Era cierto lo que dijo Natalia, estaba mojado. No era capaz de tener una erección, pero si casi de correrse sin ella. Y todo mirando a mi compañera.
- ¿Qué pasa? ¿No sabes hacerlo, Sofia?- me preguntó él.
- Si, claro que sé. Pero con una polla de verdad. Esta no funciona. – le contesté, indignada con Marcos.
- Bueno… Parece que no le quita ojo a las tetas de tu amiga. O quizás es a la polla de mi amigo… Mejor déjalo, ayuda a Natalia que es mucho trabajo para una zorra sola.
Había atacado a mi novio cruelmente, pero al menos había servido para abandonar su inservible pene y probar aquel increíble falo. O eso creía yo. Él me ordenó colocarme detrás de Natalia y ser yo quien apretase sus tetas contra el pene de Jacob. Según él, así las dos colaboraríamos en la cubana. Y Natalia tendría las manos libres para otras cosas.
No entendía la razón por la que siempre me tocaba la peor parte a mí. Podríamos turnarnos para atender a Jacob. O pajearle yo con mis tetas a él. Pero no, tenía que estar detrás de Natalia, sujetándole las tetas para que aquel negro enorme se las follase tranquilamente.
Debía sentirme agradecida por no ser la protagonista de aquella agresión. Eso me decía mi cabeza, pero más abajo la opinión era otra. Tanto variaba mi percepción de aquello, que el roce de la suave piel de Natalia y los empujones del bruto de Jacob, me estaban empezando a excitar.
Jacob ordenó a Natalia que le tocara con sus manos ya que estaban libres. Y como siempre, obedeció. Comenzó a acariciar su pecho, primero por encima de la camiseta. Hasta que este levantó su ropa para dejar su musculado torso al descubierto. Yo no quitaba ojo de la escena, viendo a aquel hermoso negro junto a mi novio vestido de mujer.
Las manos de Natalia bajaban por su pecho hacia su abdomen, haciéndome sufrir por no poder palpar aquella tableta de chocolate negro. Siguieron bajando hacia sus huevos kínder, que debían ser el formato XL de la marca. Jacob se afanaba en follarse las tetas de Natalia, mientras esta acariciaba con mimo sus cojones, como queriendo despertar a sus habitantes para que salieran hacia nosotras.
Sin darme cuenta, mis manos comenzaron a acariciar y apretar los pechos de mi amiga con fuerza. Jamás me había sentido atraída por una mujer. Y seguramente no era eso lo que me ocurría. Solo la escena porno que estaba viviendo con aquel mandingo superdotado era la causante de mi indeseada excitación. El caso es que ya estaba acariciando los pezones de Natalia, sintiendo su dureza con las yemas de mis dedos.
Poco a poco mi pecho pasó de rozarse a fundirse con la espalda de mi compañera. Ella debía notar mis pezones también. Y ese pensamiento me calentó aún más. Por una parte, deseaba tener una mano libre para llevarla a mi entrepierna, pero por otra no quería soltar las tetazas de mi amiga.
No puedo decir en qué momento comencé, pero me sorprendí a mí misma frotándome con el culo de Natalia. Notaba mi humedad y buscaba desesperada como aliviar mi frustración con lo que fuese. Y las suaves nalgas de mi compañera de trabajo me estaban dando un placer indescriptible.
Me sentía humillada y vejada. Ya no por ellos, sino por mí. Mi cuerpo me traicionaba y me hacía hacer algo que me repugnaba. Estaba frotándome con otra mujer, además sin su consentimiento. Mientras ella era obligada a masajear los testículos de un hombre e intentaba sin éxito, llevarse su enorme falo a la boca. Me estaba aprovechando de su indefensión. Me daba asco a mí misma, quería parar todo aquello. Pero sentía mucho placer frotando mi coño como una perra contra su culo.
Por un instante me vino a la mente si Natalia se daría cuenta de lo que estaba haciendo. Una vergüenza enorme me inundó. Me sentía sucia, una guarra sin moral. Estaba aprovechándome de mi amiga en el peor momento de su vida. Y mi libido no dejaba de aumentar al darme cuenta de lo pervertida que podía llegar a ser.
- Que escena más bonita las dos ahí juntitas. ¿Te gustan las tetas de tu amiga, Sofí?
No me atrevía a contestar. Él, que nos miraba tranquilamente sin pensamiento de intervenir, mientras su amigo Jacob disfrutaba de los pechos de Natalia. Me asombraba su autocontrol. Podía hacernos lo que quisiera y en cambio se mantenía al margen. Seguramente planeando la siguiente jugada. El negro me ponía muy cachonda por su físico, pero su amigo, no solo era atractivo. Tenía una mente pervertida y morbosa. Me tenía cautivada no saber que sería lo siguiente. No me atreví a contestar con palabras, lo hice con hechos. Apretando con fuerza las duras tetas de mi compañera y redoblando los movimientos de mi pubis sobre su trasero.
- Supongo que eso es un sí. Parece que tu novio no es el único al que le pone Natalia.
Por más que me molestase reconocerlo, era así. A Marcos le ponía mi compañera. Puto cerdo salido. Yo sabía que a mi no. Me estaba calentando la situación. Tener la polla más grande que había visto nunca tan cerca. No saber que más podría vivir esa noche. Pero no era por Natalia. No era lesbiana. No me gustaban las mujeres. Aunque buscase desesperadamente frotar mi clítoris en el culo de una. No me gustaba. No estaba bien. Solo estaba cachonda.
- ¡Cómele el cuello a la tetona! – Gritó Jacob.
No dude. No podía hacerlo. Tenía que obedecerles para que no nos hicieran nada. ¿verdad? Lo hice al segundo. Sin dejar mi movimiento llevé mis labios al cuello de mi amiga y comencé a besarla suavemente. Si ya estaba excitada, ahora sentía que me iba a derretir. Por primera vez dejé de mirar la verga de Jacob y cerré los ojos. Los besos pasaron a suaves lamidas. Los fui intercalando con profundos besos bien húmedos. Me pareció notar como Natalia sacaba su culo, como buscando mi roce. No dejé escapar la oportunidad. Notaba mi clítoris super hinchado. Comencé a jadear. No quería hacerlo, pero no podía evitarlo.
Me iba a ir. Las embestidas de aquel rabo negro en las tetas que yo sujetaba. Mi lengua recorriendo su cuello, ya brillante por mi saliva. Y mi coñito, tan mojado que notaba como resbalaba por sus suaves glúteos. Iba a tener un orgasmo delante de todos. Me iba a correr frotándome con el culo de mi compañera de trabajo…
En ese momento, Natalia dio un respingo de sorpresa. Me asusté y paré. Abrí los ojos en el momento justo para ver como aquel monstruo de un solo ojo disparaba desde el escote de mi amiga hacia su cara. No lo pensé. Solo un acto reflejo me hizo apretar bien fuerte las calientes tetas de Natalia contra aquella polla palpitante y moverlas de arriba abajo con todas mis fuerzas. Seguramente tan fuerte que le haría daño a mi amiga, me daba igual. Era como si un instinto animal me obligase a proporcionar todo el placer posible a aquel macho que nos iba a bendecir con su esperma. Y así fue. Después del primer disparo, llego un jadeo rudo y grave enunciando un segundo, más cuantioso si cabe. Fue directo a la carita de mi amiga. Mi paja con sus pechos continuó, exprimiendo un tercero y un cuarto, llegando a salpicar mi propia mejilla. Natalia estaba cubierta, tanto cara como pechos, podía ver como goteaba desde su barbilla hacia sus senos. Nos había bañado a las dos con su poderosa verga negra.
Su ronco grito animal fue descendiendo. Y yo acompasé mis movimientos a sus necesidades. Nunca me había sentido tan complaciente. Me había enfadado más de una vez con Marcos por no avisar al correrse. Y en cambio, este negro se había corrido en nuestras caras y mi única preocupación era procurarle el mayor placer posible.
Ni siquiera pensé en el mío. Tenía mi orgasmo en puertas. Podía sentir como iba a escapar. Y en cambio, había dejado de frotarme para centrarme en su corrida. Me sentía cachonda y frustrada. Notaba como palpitaba mi coño. Pero fui feliz al ver a Jacob tener su orgasmo. Aún cuando yo moría por el mío.
- Habéis quedado preciosas. Esto se merece inmortalizarlo. – dijo su amigo, apuntándonos con un móvil.
- Espera, espera. Que el autor debe firmar su obra. – interrumpió Jacob.
Sosteniendo su venosa extremidad con su mano derecha, como si de una pluma se tratase, pasó el capullo de su polla por nuestras caritas que aún permanecían juntas. Ni siquiera había soltado los pechos de mi compañera. Ambas dejamos que aquel enorme hombre nos firmase la cara con su semen. Y de paso, se limpiase en nosotras. Jamás nadie me había usado tan vulgarmente. Y tal era mi excitación, que me estaba gustando.
El flash empezó a iluminarnos desde que su pene se acercó a nosotras, hasta después de firmada su obra de arte. Sabía lo que eso conllevaba. Tendría fotos mías desnuda y con la cara cubierta de semen. Me daba miedo donde podrían acabar esas fotos. Todo era una locura.
- ¡Sonreír!
Y nosotras sonreímos para la foto.
- ¡Decir lefazo!
- ¡Lefazo! – al unisonó lo dijimos.
- Ahora un besito.
Mire a mi amiga. Después de todo lo que habíamos pasado, un beso… era una tontería. Me sonrió, dándome su aprobación y nos besamos. Noté entonces el sabor de la corrida de Jacob en sus labios. Su cara estaba cubierta, era normal que su boca también. Quizás un besito era solo eso. Un piquito en los labios y ya. Y creo que esa era mi intención. Pero debió ser Natalia quien me instó a continuar. Pasando de saborear sus labios a su lengua. Oliendo el semen de su cara y manchando la mía con ello. Diría que la noche se iluminó al probar sus labios, pero no era más que el flash del móvil, seguramente grabándonos en video.
- Ahora, limpiaros. La una a la otra. No podéis ir así de guarras. – dijo él.
Por un momento dude. No tenia nada con lo que limpiar la cara de Natalia. Nuestros bolsos habían quedado en el banco, bajo su poder. Fue mi compañera quien dio el primer paso aclarándome lo que quería aquel pervertido. O, mejor dicho, el primer lengüetazo. Quedé paralizada mientras lamía mi cara limpiando los restos de semen de Jacob. Notaba sus pezones clavándose en mis pechos. Casi jugando con los míos a una batalla por ver quien los tenía más erectos. Su lengua pasaba suavemente por mi mejilla para volver a su boca, saboreando lo que había recogido para volver a mi barbilla a por más. Eran pequeñas lamidas, suaves, casi con cariño. Como un animal limpiando a otro.
Eso es lo que éramos. Dos animales. Dos perras, o dos zorras, al antojo de aquel hombre. Sí, el hombre que me había hecho comportarme como una niñata, fue quien orquestó todo. Era un sinfín de ideas, todas depravadas y humillantes. Jacob me había excitado muchísimo. Era un hombre fuerte y guapo, con una herramienta como la que jamás había visto. Pero había sido él, el hombre sin nombre, quien de verdad tenia mi mente en coma. Estaba haciendo cosas que jamás hubiera imaginado. Y mucho menos permitido. Y me ponía cachonda con todas ellas.
Natalia terminó y fue mi turno. En mi cabeza daban vueltas las palabras: asco, venérea, degradación, orgullo… pero mi cuerpo no tenia en cuenta sus preocupaciones. Mientras mi conciencia de mujer sabía que aquello era una violación y una humillación total a todo lo que yo aprobaba. Mis muslos ya eran un mar de flujos y mis pezones querían atravesar la piel de los pechos de mi amiga. Llena de asco, pero desbordada de morbo, llevé mi lengua a su cara y recogí todo lo que pude de su mejilla con una larga lamida de abajo arriba.
Al llevar aquello dentro de mi boca, dejé de pensar. Disfruté del sabor amargo que aquel negrazo nos había regalado. Mis manos fueron a las caderas de Natalia y volví a por más. Comencé a lamer poco a poco toda su cara, hasta que llegué a sus labios. Sin quererlo, acabe besando de nuevo a mi compañera. ¡No me gustan las mujeres! Gritaba mi cabeza. Pero mi lengua estaba jugando con la suya mientras nuestros pechos se apretaban obscenamente entre ellos.
- Esto es increíble. – dijo Jacob.
- Pues sí. Tenemos un material estupendo aquí. – dijo él.
Dejamos de besarnos y vi como seguían grabándonos. Ni siquiera la luz del móvil me había hecho recordar que todo aquello estaba siendo filmado. Un golpe de realidad me trajo de vuelta. Solté las caderas de mi compañera y miré avergonzada a mi novio. Bajo el tanga, su polla estaba completamente erecta. Lo que no había conseguido yo con mis tetas, lo hizo el ver a su novia llena de semen de otro hombre. No fui la única que se percató de esto.
- Vaya, vaya. Parece que te gusta que se corran encima de tu chica. Eres un pervertido. Te pone cachondo una buena polla igual que a ella. – dijo Jacob.
- No seas duro con Mar. Es normal que este cachonda viendo como su novia disfruta y ella no. ¿ Te gustaría correrte a ti también, Mar? – le dijo su amigo a mi novio.
- Si, señor. Mucho. Me encantaría. – dijo Marcos, fingiendo patéticamente voz de mujer.
- La verdad es que a mi también me apetece disfrutar. Y se me ocurre algo para hacerlo más interesante. Aunque necesitaremos la ayuda de tu novia. Solo si ella quiere, claro. Si no le apetece y quiere acabar esto aquí… puede hacerlo. ¿Qué dices Sophie?
Esa frase era como un arma de doble filo. Mi lado sensato y racional me alertaba de que sería la victima de más abusos. Lo otro… aquello que no sabía cómo llamar, calentaba mis mejillas, endurecía mis pezones y mojaba mis muslos. Mi cuerpo estaba fuera de control. Me estaba traicionando a mí misma. Y no sabía qué hacer para detenerlo. Aquel hombre me intrigaba y excitaba a partes iguales. Era el momento de confiar en su palabra y terminar con toda aquella locura. Me estaba dando a elegir. Y si era la mitad de hombre de lo que alardeaba, cumpliría lo que había dicho. De una pondría fin a aquello. Aunque mi cuerpo quisiera más. Aunque desease hacerle disfrutar a él. Tenía la oportunidad y el deber de zanjar todas las humillaciones por las que estábamos pasando las tres. No iba a ser cómplice en una nueva degradación de mi novio ni una agresión sexual más hacia nosotras.
- Sí, señor. Lo que usted quiera. – contesté.
- No me equivocaba contigo pequeña.


Licencia de Creative Commons

Políticamente incorrecto 3.2 es un relato escrito por Wilmorgan publicado el 05-07-2022 22:59:57 y bajo licencia de Creative Commons.

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