Tiempo estimado de lectura de 5 a 6 minutos

Iniciándome en el BDSM
Escrito por pandora sum de Nazgul

Han pasado varios años desde que me inicié dentro de este mundo BDSM, y aunque mi experiencia no es muy larga, me pareció bien contar mi historia para aquellas personas que quizás les ayude leer como empezaron otras personas, para orientarse ellas mismas y comenzar también.

Para esta historia nos tendremos que remontar a cuándo tenía quince años, dentro de una familia católica y conservadora. Para muchos no será un dato importante, pero para mí sí que lo era y lo es a día de hoy, pues no es fácil conciliar este tipo de gustos con este tipo de familia, pero a todo se puede llegar con la persona indicada.

Como cualquier otra chica, a esa edad empezaron mis inquietudes por el sexo, la exploración de mi cuerpo, mis puntos de placer, etc. Internet era un mundo lleno de posibilidades, y donde poder investigar sobre aquellos pensamientos que pasaban por mi cabeza. Un día, sin saber muy bien porqué ni cómo había llegado hasta allí, estaba viendo un vídeo que ahora sé que es BDSM, en el que una mujer estaba atada e inmovilizada completamente, a la cual follaban y azotaban sin descanso.

Yo no llegaba a entender que estaba pasando ahí, pero sí que notaba pequeñas reacciones placenteras sobre mi cuerpo, como por ejemplo punzadas y cosquillas en mi coño, que mis pezones estaban duros, y que pequeñas mariposas empezaban a revolotear en mi estómago. Sensaciones extrañas para mí viniendo de ese vídeo.

Aquel día cerré el ordenador sin darle más importancia a aquel vídeo, pero en los días siguientes no me lo podía quitar de la cabeza, me venía una y otra vez las escenas que había visto, e incluso las había intentado recrear por las noches cuando estaba sola en la habitación. Sin poder aguantar las ganas de ver más sobre aquello, una noche me quedé hasta tarde viendo vídeos parecidos al que había visto, e incluso ¡me había masturbado varias veces con ellos! Llegué a tener orgasmos intensos, así que decidí que en futuras noches me informaría más sobre el tema.

Los días pasaban y yo devoraba información sobre el BDSM, leía conceptos, formas de empezar, como ponerte al servicio de un Amo, como encontrar uno bueno, etc. Mucha información era la que tenía en mi cabeza, e incluso algunas me daban razones para no volver a saber nada más de ese mundo conocido como BDSM. Entenderme, era una chiquilla, que no entendía nada de aquello, que venía de una familia donde todo aquello era impensable, y que su timidez y aveces cobardía, le impedía continuar con eso.

Los años iban pasando, y aunque no me atrevía a dar el siguiente paso, que era conocer personas de ese mundo, no podía sacarme aquello de la cabeza. En el fondo sabía que todo aquello me llamaba, que una fuerza mayor me hacía volver sobre ello, así que una noche cuando ya tenía los 21 y habiendo bebido un poco, decidí envalentonarme y buscar páginas donde conocer gente con ese estilo de vida.

Para seros sincera, hay infinitud de posibilidades dificultando un poco la elección. Acabé en una página que decía ser de contactos BDSM, pero como siempre hay de todo en todos lados. Pude poner en práctica mis pocas técnicas sobre cómo discriminar a un dominante falso, de un dominante que realmente lo era.

Conocí a un hombre que era unos diez años mayor que yo, el cual me recomendó varios sitios en los que registrarme, donde realmente encontraría más gente que vivía el mundo del BDSM como realmente era. Coincidió que éramos de pueblos bastante cercanos, así que empezamos hablar con mas asiduidad, conociéndonos cada vez más y viendo a ver que pasaba entre nosotros.

No os voy a engañar, con el tiempo aquel hombre comenzó a gustarme, hablábamos todos los días, varias veces al día, hasta que llegó el momento en que me invitó a un local BDSM en el que estaba previsto que se diera una charla privada. Estaba muerta de miedo, tenía los nervios a flor de piel, pero armándome de valor, conseguí aceptar la invitación. Hasta el momento no nos habíamos visto, pero en el fondo sentía una conexión especial con él.

Fuimos a la charla, donde me presentó a varios amigos suyos, entre los cuales estaban los dueños de ese local. No digo que la experiencia fuera mala, pero no me llevé de las mejores sensaciones, pues aunque la amabilidad primaba por encima de todo, sentía que algo ocultaba cada uno de ellos. La charla fue bien, a pesar de que una vez nos llamaron la atención por estar distraídos.

Me estuvo enseñando todo el local e incluso me acompañó hasta la parada del autobús que yo tenía que coger para ir a mi casa. Para mí había sido una buena experiencia, y creía que habíamos conectado bastante, pero sólo el tiempo diría si mis sensaciones eran correspondidas.

Esa misma noche, comenzamos a subir las cosas de nivel, ya no eran simples llamadas de teléfono, sino que en ellas me daba ordenes que debía cumplir sin rechistar, y para colmo sabía dominar bastante bien mi lado rebelde. El nivel seguís subiendo, y llegaron las fotos subidas completamente de tono y luego los vídeos, hasta llegamos a hacer alguna videollamada para hacer una sesión BDSM.

Me acuerdo de esa primera sesión como si fuera ayer, así que me gustaría contárosla. Conecté el ordenador y la cámara delante de la zona de la cama, aunque dejando ver también un buen espacio entre ella y la pared de enfrente. Acepté su llamada con muchos nervios, era la primera vez que hacía todo aquello, pero verle a él me resultaba muy tranquilizador.

Tras su orden comencé a desnudarme poco a poco para él, quitándome primero la camiseta y luego el pantalón de la forma más sexy posible, y dejando sólo mis braguitas a modo de pequeña travesura, lo cual a él le hizo gracia, pero poco después me hizo deshacerme de ellas. Las manos me temblaban ligeramente, él lo notaba y por eso creo que iba lo más despacio posible, teniendo en cuenta todas mis reacciones, cosa que agradecí bastante.

Puesta en posición sumisa mirando al suelo pero de espaldas a él, me hizo poner la cabeza en el suelo, exponiendo todo mi coño y mi culo para él, para su disfrute. Sabía que lo estaba disfrutando, pues podía oír cómo se masturbaba aquella polla que desde el momento que la había visto, me había enamorado.

Estuve en aquella posición bastante tiempo hasta que me hizo volver a la posición sumisa y girarme para estar de cara a él. Respiraba profundamente, no quería dejarme llevar por los nervios, quería poder servirle, pues me gustaba hacerlo, me sentía bien haciéndolo, lo sentía como algo muy natural en mí.

Movida por sus órdenes, con mis propios dedos retorcí y estiré mis pezones, lo que provocó que soltase un pequeño quejido mezclado con un poco de placer, así que cogiendo mis bragas, me las tuve que meter completamente en la boca para acallar mis sonidos según mi dominante. Continué con mi labor de torturar y juguetear con mis pezones, provocando, para mi sorpresa, que mi coño fuera humedeciéndose poco a poco.

Veía como mi dominante se estaba masturbando, a veces más rápido y a veces más lento, pero no paraba de acariciarse la polla una y otra vez, mientras me ordenaba y veía cómo usaba mis pezones a su antojo. Me gustaba esa sensación de ser usada para su placer, que me estuviera viendo y que aquello le produjera placer, así que inconscientemente llevé mi mano a mi coño para poder masturbarme, y he ahí, donde comprobé lo que era un castigo.

Me di la vuelta de nuevo, y me azoté diez veces cada cachete del culo, dejando a estos con un tono rojizo y que algún picor que otro me provocaba. Cumplido mi castigo, volví de nuevo a ponerme delante de él, y fue entonces cuando me dio permiso para tocarme el coño y poderme masturbar, aunque dándole a él una primera plana de mi coño.

La baba había empapado ya por completo mis bragas, y poquito a poquito esta salía por la comisura de mis labios, llegando a mojar mis grandes pechos. Nos veíamos el uno al otro masturbarnos, pero yo a sus órdenes, y el sentir eso me ponía aún más todo aquello que hacíamos, sintiéndome cada vez más suya.

Tras obtener su permiso, me corrí con un fuerte orgasmo, empezando a sacar la sumisa que llevaba dentro, a dejar que floreciera y que se quedara ya como una parte de mí. Caí frente al ordenador, dejando mi cabeza apoyada en el suelo, y descansando mi cuerpo, mientras escuchaba su voz diciéndome lo bien que lo había hecho. Por aquella época yo seguía siendo virgen, por lo que no pasamos de eso.

Poco tiempo después de aquello, cada vez hablábamos menos, hasta el punto en que dejamos de hablar. Me sentí sola y engañada, lo que pensaba que iba bien ya no iba, así que decidida a obtener respuestas, le llamé, y entonces fue cuando pasó aquello….


Licencia de Creative Commons

Iniciándome en el BDSM es un relato escrito por pandora sum de Nazgul publicado el 14-03-2021 02:42:49 y bajo licencia de Creative Commons.

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