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Esclavas de sus vecinos (1)
Escrito por joaquín

-Mira, vecinos nuevos.
Toni se levantó lentamente del sofá para echar un ojo por la ventana.
-Son guapas - Aseguró su mujer
-Muy guapas - confirmó él. - Y muy jóvenes para ser madre e hija. ¿Hermanas quizá?
-¿Dos hermanas viviendo con un hombre? No lo creo ¿Crees que la joven será virgen? Me encantaría entregársela a Toby.
Manuel sonrió ante el comentario de su mujer. Sí, era una idea tentadora entregar a toda una adolescente virgen para que su perro se la follará delante de ellos, pero era algo bastante alejado de la realidad.
-No lo creo, ni tampoco creo que podamos hacernos con ellas.
-Tonterías - replicó su mujer. - Reconozco a una mujer sumisa en cuanto la veo, y te aseguro que ambas lo son.
-Para ti todas lo son.
-Voy a hacer una tarta para presentarnos debidamente.
Toni se quedó mirando por la ventana un poco más. Quería apreciar de primera mano las relaciones entre los nuevos vecinos. Y no le costó mucho entender ciertas cosas.
Esperaba que la joven estuviera enfadada por el traslado de sus padres a un nuevo barrio o a una nueva ciudad. Pero no lo estaba, o por lo menos no daba síntomas de estarlo.
Estando apartada y sola, ni siquiera miraba el móvil.
La única que se preocupaba por ella era su madre. Se preguntó cómo una chica tan joven tenía una hija tan mayor, pero su comportamiento dejaba pocas dudas sobre lo que eran.
Y por último estaba el marido y padre. Era mayor que ella, y por lo poco que pudo comprobar, hacía mucho tiempo que las relaciones con su mujer iban fatal. En todo el tiempo que les estuvo mirando, no hicieron contacto visual ni una sola vez.
-¿Y bien?
-Hay posibilidades.
El matrimonio llamó a la puerta a media tarde, cuando el hombre de la casa no estaba. Iban acompañados de una tarta y su sonrisa más encantadora.
-Les hemos visto está mañana y no he podido resistirme, ¿Podemos pasar?
-Claro, adelante.
En realidad, el matrimonio ya había entrado en la casa como si fuera algo inevitable. La señora colocó la tarta encima de una mesa y se sentó en el sofá.
-Somos Clarice y Antonio, pero todo el mundo le llama Toni, sus nuevos vecinos y llevamos unos jubilados. Y ahora, cuénteme su historia.
-Bueno, yo…
-¿Quién ha venido, mamá?
-Unos vecinos a darnos la bienvenida. Han traído tarta
-¡Bien!
-Perdone si le molesto, ¿Pero no es muy joven para ser su hija?
-Me quede embarazada por accidente siendo muy joven, y en mi familia el aborto no está bien visto.
-Pobrecita, ha tenido que sufrir mucho.
-Mi familia me ayuda mucho.
-¿Y bien? ¿Qué hacen aquí? - preguntó Toni
-Mi marido ha tenido una oferta de trabajo y nos hemos trasladado. Oh, gracias.
Clarice le había dado un trozo de tarta.
-¿Y a qué te dedicas?
-Bueno, yo aún nada, estoy buscando algo.
-¿De qué?
-De secretaria…
-Si no encuentra nada, dígamelo. Estaré jubilado, pero aún necesito ayuda para ciertas cosas y pago bien.
-¿En qué consistiría el trabajo? - preguntó por educación.
-En ser nuestro juguete sexual - respondió Clarice.
-¿Disculpe?
-Ser nuestra puta, si lo prefiere así.
-Como se atreve a…
-Te doy tres meses como mucho para que aceptes. Conozco a las mujeres como tú. Casadas muy jóvenes con un hombre de la que estabas encaprichada pero no enamorada simplemente porque te hizo un bombo, el cual ni te toca desde hace años y muchas veces como por ejemplo en tu caso, te engaña con otra. Unas auténticas infelices. Por cierto, puedes decirle a tu hija que tenemos sitio para ella también.
-Que disfrutes de la tarta - mencionó Toni mientras él y su esposa se levantaron para irse. - Adiós señorita, hasta pronto.
Cristina tardó un momento en comprender que Toni se refería a su hija, que parada en la escalera, lo había oído todo.
-Mamá, ¿Es eso cierto? Lo de papá, quiero decir.
Su marido llegó tarde como acostumbraba, y oliendo a otra mujer. Hacía ya un tiempo que ni se molestaba en disimular que estaba con otra.
Convertirse en juguete sexual… ¿Qué demonios significaba eso?
Al día siguiente se dirigió a la casa de sus vecinos llevando consigo el plato de la tarta. No iba a hacer nada más que devolverles lo que era suyo. Nada más.
-Adelante.
-Yo… vengo a…
-Tú hija ya está dentro. Ha venido hace un rato y te estábamos esperando
-¿Mi hija?
-Por aquí.
Cristina comenzó a andar. No podía creerse lo que estaba haciendo. No podía creerse lo que estaba viendo.
Su hija y Claire estaban allí, esperando, sentadas en una mesa.
-Toma asiento.
-Bien, ya estamos todos. Podemos empezar.
-Yo solo he venido a devolver el plato, solo eso.
-Y lo ha devuelto. Ahora calla, solo puedes hablar para responder. ¿Lo has entendido?
-Sí.
-¿Su primera vez fue con su actual marido?
-Sí.
-¿Y se quedó embarazada?
-Sí.
-¿Usaron protección?
-No.
-¿Por qué?
-Él no quería y yo… No sabía nada.
-¿A qué edad fue?
-A los… 16.
-¿Y dónde fue?
-En los… - miró a su hija
-¿Y dónde fue?
-En los baños para chicos de la universidad.
-¿Cómo entró?
-Era un chico mayor, estábamos juntos y… nos metimos, y yo creía que se la iba a chupar y terminamos… cogiendo
-¿Fui concebida en un baño?
-Encima de un retrete, sí.
-¿Disfrutó?
-Cómo una perra, sí.
-Mamá…
-¿Lo has hecho con algún hombre más?
-No. Con ninguno.
-¿Has prácticado sexo oral, anal?
-No.
-¿En serio, mamá? ¿En serio?
-No lo he hecho nunca.
-No me extraña que papá se esté tirando a otra.
-Nunca me lo ha pedido.
-¿Cuántas veces se martuba al día?
-No me masturbo. Es… pecado.
-Mamá...
-Supongo entonces que solo te has metido pollas, ni siquiera tus propios dedos. - Asintió avergonzada. Estaba pasando más vergüenza que en todo el resto de su vida. - ¿Qué fantasea con meterse?
-No fantaseo con nada...
-Vamos, Cristina, lo peor ya ha pasado. Dígamelo.
Miró de reojo a su hija.
-¿Tan malo es? -preguntó esta.
-Insectos… - mencionó en un susurro.
-¿Disculpe?
-Insectos.
-¡Mamá! ¿Quieres que te llenen el coño de... moscas?
-No… Solo es una fantasía, solo eso.
-Bien, ya hemos terminado, ahora vamos a empezar.
-¿No hay preguntas para mi hija?
-Su hija ya ha contestado. Es virgen, se siente hetero pero no reniega a probar con chicas, se masturba un par de veces al día, mientras se baña y al acostarse, y solo quiere meterse algún juguete.
-Ah.
-Todo normal - dijo su hija.
-Ambas sois muy normales - aseguró Claire. - Ahora Cristina túmbate encima de la mesa.
-¿Voy a…? ¿Delante de mi hija?
-Y ella lo hará delante de ti.
-Esto va a ser muy duro.
Obedeció.
Se subió encima de la mesa. Y mientras se tapaba la cara con el brazo, Toni bajó sus bragas, abrió sus piernas y levantó su falda, revelando una enorme mata de pelo.
-Queremos este coño afeitado para la siguiente sesión. ¿Entendido?
-Sí.
-De hecho te lo va a afeitar tu hija.
-Dejemelo a mi.
Estaba increíblemente mojada cuando Toni penetró en ella. Este no tuvo muchas contemplaciones con ella y la penetraba salvajemente y hasta el fondo en cada embestida hasta que se corrió dentro de ella.
Marta se quedó hipnotizada por la cara de su madre, por los gemidos que salían de su boca, por todo en general. Había ido por su propio pie, había aceptado ciertas cosas, pero no creía que iban a llegar tan lejos.
Su madre se corrió.
-Cristina, ¿Cómo se dice?
-Gracias.
-Bien Marta, cómele el coño a tu madre.
-¿Qué? Es mi madre.
-Sí.
-Y está lleno de semen
-Sí.
-¡Y de pelos!
-Sí.
-Es asqueroso.
-Sí. ¿Alguna obviedad más?
-¿De verdad tengo que hacerlo?
-Si quieres continuar con nosotros, sí.
Marta se fijó en la entrepierna de su madre.
-¿De verdad no podemos esperar a que se lo afeite?
-No.
-Esto es una mierda.
Se levantó de la silla, miró al coño que tenía delante, luego a la cara de su madre, luego de nuevo al coño…
-Esto es una mierda.
Sacó la lengua… y la metió.
-En cuanto lleguemos a casa te voy a rasurar al cero.
-Sí…
Y la volvió a meter… Sabía a flujos vaginales, a semen, a orina, a pelos. Su madre terminó corriendose encima de su cara.
-Hecho - mencionó Marta mientras se limpiaba la pringue de la cara y se quitaba los pelos de la lengua.
-Podéis marcharos, por hoy hemos terminado.
Madre e hija salieron por la puerta sin poder hablarse.
-No vamos a…
-¿Insectos, mamá? ¿De verdad insectos? ¿Sabes el asco que me va a dar cuando te tenga que comer el coño después de llenártelo de moscas?
-Hija, yo… No vamos a…
-Y ahora mismo vamos a afeitarte esa cosa, aún tengo la boca llena de pelos.
-Sí…
Su madre se tumbó encima de la mesa de comer mientras su hija cogió unas tijeras, espuma de afeitar y una maquinilla. Primero hizo una foto, se la enseñó a su madre y la mandó.
Y empezó a trabajar hasta dejarlo todo rasurado.
Terminado el trabajo, hizo una foto con el móvil, se la enseñó a su madre y la mando.
-Cómeselo y grábate.
-Esto es una mierda.
Encendió la cámara del móvil y volvió a meter su lengua en el agujero de su madre mientras esta se moría del gusto.


Licencia de Creative Commons

Esclavas de sus vecinos (1) es un relato escrito por joaquín publicado el 27-09-2021 12:17:03 y bajo licencia de Creative Commons.

 

 

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Comentarios  

jtm1111
0 #1 jtm1111 01-10-2021 13:26
Resulta sorprendente ver como este relato ha arrasado en el otro sitio en el que publico hasta el punto de que ha doblado en valoraciones al siguiente y aquí esta muy por debajo de mis números.

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