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El sueño
Escrito por pandora sum de Nazgul

El día estaba siendo especialmente duro, mi jefe no paraba de ir de un lado a otro y yo como su secretaria personal, debía seguirle a todos lados. Llevaba unos días que no me encontraba demasiado bien, pero no podía permitirme el lujo de faltar al trabajo.

¡Oh perdona!, se me ha olvidado presentarme. Me llamo Laura y trabajo en una multinacional bastante importante. Soy una mujer muy normal, de mediana estatura, delgada, un buen escote y el pelo largo y moreno. Mi pesado jefe se llama Pedro, y es de esos hombres que te quitan el aliento, se notaba que le gusta cuidarse. Lo que más me llama la atención son sus ojos verde intenso, con esa mirada que hacia derretirse a cualquier mujer.

Se acercaba el final del día, y sentía que me faltaban ya las fuerzas, parecía que este día de locos nunca iba a acabar. Cuando por fin acabó, recogí mis cosas rápidamente para poder llegar al autobús, ya que mi coche estaba en el taller. Me despedí de mi jefe y baje volando para poder cogerlo, pero al llegar a la parada, vi como el autobús se marchaba sin mí. Empecé a caminar hacia casa, todo me pesaba demasiado y para colmo se puso a llover. ¡El día no podía ir peor!.

Me llamó la atención el claxon de un coche, y cuando pasaba por mi lado, bajó la ventanilla, ¡era mi jefe! Al principio fingí no verlo, hoy no aguantaría más trabajo, pero me seguía con el coche, así que no pude evitarlo, me paré y le miré.

P: Sube al coche que te llevó a casa, estás calada y a este ritmo no vas a llegar.
L: -Me lo estaba pensando, la verdad es que no me venía nada mal- Muchas gracias.

Me subí al coche, he hicimos el trayecto en silencio. No me encontraba bien, y no me apetecía hablar en esos momentos. Cuando llegamos a mi casa, le di las gracias y cuando me bajé el ya estaba a mi lado para ayudarme, nunca le había visto tan amable, en la oficina era como un ogro.

P: Te acompaño a casa, no tienes buena cara, y así me aseguro de que llegas bien.
L: No hace falta, puedo llegar sola.
P: Insisto.

Sin ánimo para peleas, me encogí de hombros y fui hacia mi piso. Recuerdo haber abierto la puerta de casa, y dejar mis cosas en el salón, pero entonces todo se volvió negro. Me desperté estando en mi cama con un simple tanga negro de encaje, y mi jefe me miraba desde fuera de ella con una pequeña copa en la mano.

P: Por fin has despertado, pensé que hoy ya no vendrías.- Mientras se ponía encima de mí-.

No me había fijado, pero ¡iba completamente desnudo! Puse las manos para intentar evitar que se acercara más, pero con extrema delicadeza, atrapo mis muñecas en una de sus grandes manos, y las puso por encima de mi cabeza. Cuando creí que me daría un beso, giré mi cabeza para evitarlo y él simplemente sonrió, se acercó a mi oreja y me susurró:

P: Resístete lo que quieras, pero te haré suplicar y rogar que te de más, como todas las noches que has venido a mí.
L: No lo haré.
Acercó sus labios a mi cuello, podía sentir su aliento chocando contra mi piel. Mi cuello era mi mayor punto débil, y parecía que él lo sabía a la perfección.
La piel se me estaba erizando y los pezones endureciéndose, y fue entonces cuando posó sus labios en mi cuello, hacia círculos con su lengua, alternándolo con pequeños mordiscos. Sin poder controlarlo, se me escaparon pequeños gemidos, que solo hicieron que él sonriera, y el coño empezó a mojarse.

Bajo con sus besos y la lengua por mi cuello hasta llegar a sus pechos, a mis pequeños pezones rosáceos. Los estuvo admirando un rato, yo tenía la mirada fija en él, y con la mano que tenía libre, agarro uno de ellos y lo masajeo, a la vez que al otro le dedicó la atención de su boca. Lamia y succionaba mi pezonera como si quisiera sacar algo de él, incluso lo mordía, pero no me hacía daño, sino que se transformaba en oleadas de placer, que iban directas a mi coño, consiguiéndolo empapar a un más.

Su mano también torturaba mi otro pezon, que lo atrapaba entre sus dedos, y lo apretaba a la vez que masajeaba mi teta en círculos. Lo pellizcaba cogiéndolo con el índice y el pulgar. Yo me arqueaba inconscientemente por el placer que me estaba produciendo, y en uno de ellos cambió la mano y su boca de pecho.

Cuando se cansó de ellos, descendió un poco por mi tripa, y antes de llegar al sitio que más deseaba que llegara, se paró en seco. Eso hizo que abriera los ojos repentinamente y le mirara. Sacó una barra que tenía cuatro especies de muñequeras, ¿qué pensaba hacer exactamente con eso? Coló con un tobillo a uno de los lados de la barra y lo enganchó en ella, y lo mismo hizo con mi otro tobillo. Subió la barra, y enganchó mis muñecas al medio de la barra, donde estaba las dos muñequeras restantes.

No me había fijado pero entre las manos, había una pequeña cadena colgante, que acababa en un pequeño gancho. Se acercó a mi cuello y me colocó un collar que enganchó a la cadena y estiró la barra, dejándome inmóvil, y completamente expuesta para él.

Sonrió, pasó su nariz por mi coño, notaba su respiración, y eso no ayudaba, no paraba de mojarme.
Empezaba a rozar la locura, notaba su aliento en mi clítoris lo que me pareció una eternidad, y posó sus labios y su lengua. La movía en círculos y con sus labios conseguía succionarlo.

De vez en cuando, lo rozaba con sus dientes, haciendo que me transportara a un placer aún mayor. Movía su lengua por toda mi raja, intentaba retorcerme pero no podía, la barra aquella me lo impedía, y entonces metió dos dedos sin avisar, creí que no podría sentir más placer, pero cuando empezó a moverlos lentamente..., estaba en el mismo edén.

Volvió a juguetear con su boca en mi clítoris y añadió un tercer dedo, creí que no podría soportar tanto placer, y cuando estaba llegando al orgasmo, mi cuerpo no paraba de temblar, mis músculos se contraían y él sabía perfectamente lo que llegaba. Entonces paró.

P: ¿Vas a seguir haciéndote la dura? -Mientras movía sus dedos dentro de mí-.
L: No... no me ha gustado, suéltame por favor. -Me costaba hablar, no quería que parara, pero no me podía entregar tan fácilmente-.
P: ¿Estás segura? Estás tan mojada como una perrita.

Sacó sus dedos, haciéndome sentir un vacío interior enorme, lo quería dentro, no podía parar ahora. Agarró su polla erecta, metiéndola de un sólo duro golpe, me hizo chillar y sentir un placer que nunca había sentido. Mis novios anteriores nunca habían conseguido hacerme disfrutar tanto, y sin embargo este hombre, me estaba llevando al mismo cielo. Me gustaba llevar el control de mi vida, de mis relaciones, generalmente era yo siempre la que tomaba todo tipo de iniciativas, y ahora..., estaba totalmente inmóvil y expuesta ante mi jefe, podía hacer lo que quisiera conmigo y eso me gustaba, me encantaba, ¿pero por qué? No lograba entender nada.

Se movía muy lento en mi interior, y yo ya no podía ocultarlo más, empecé a gemir de puro placer. Sentía como la cabeza de su polla llegaba hasta lo más profundo de mí una y otra vez. Me miraba intensamente, y yo me ruboricė.

P: ¿Sigues queriendo parar perrita? -seguía con su movimiento lento de caderas-.
L: No me llames así por favor, no me gusta. No pares.
P: Qué raro que no te guste, porque cuando te llamo perrita, tú coño me estruja la polla. Así no se piden las cosas perrita, hazlo bien.
L: Pedro....
P: Perrita, ya sabes que sino lo pides, no te lo puedo dar.
L: Por favor, te lo suplico, no pares. Necesito tu polla, quiero correrme.
P: Mm perrita, sabes hacerlo mucho mejor. -Pinzó mis pezones con sus dedos y tiró de ellos arrancándome un gemido-. En el fondo sabes como pedirlo, has leído sobre ello, y te atrae mi mundo, deja salir lo que realmente llevas dentro perrita.
L: Por favor Señor, se lo suplico, se lo ruego, no pare, lo necesito.
P: Muy bien perrita, lo tendrás.

Puso sus manos en mis tobillos y comenzó a bombear con fuerza, con cada estocada llegaba a lo más profundo de mí. Creí que me desmayaría de tanto placer, no podía ser cierto, era la mejor sensación que había tenido. Sentía que estaba a las puertas del orgasmo, mi cuerpo entero se estaba contrayendo y sus estacadas eran más lentas, pero muy profundas, y acabé corriéndome cuando sentí su caliente semen dentro de mí, llenándome por completo. Me desató y dejó la barra a un lado. Salió de mí, no quería que se fuera, pero me acarició el pelo y me susurró:

P: Nos volveremos a ver pronto perrita.

Y todo se hizo negro. Me desperté al sentir un rayo de luz en mi cara, ya era por la mañana. ¿Todo había sido un sueño? ¿Nada había sido real? Tenía sentimientos encontrados, me había dejado controlar por mi jefe, y me había gustado, pero yo no era así, siempre había llevado el control. ¿Algo estaba mal dentro de mi?

Sumida en mis pensamientos, le vi entrar a mi habitación vestido y con un café en la mano, mmmm dulce café. Me miró y sonrió, y al mirarme al espejo tenía el pelo hecho un lío, y llevaba un conjunto demasiado sexy. ¡Mi jefe me había visto en ropa interior!

L: ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado? -Mientras volvía a taparme con la manta-.
P: Ayer te acompañé hasta casa, y estando en la puerta te desvaneciste. Estabas ardiendo, así que te he cuidado hasta ahora que has despertado. Pero por lo que veo, alguien no lo ha pasado mal esta noche.
L: -Me puse completamente roja, pero eso debió ser, en el sueño estaba delirando por la fiebre- Gracias por cuidarme, podemos vernos en la empresa, me cambio y voy para allá.
P: Te espero y te llevo, no vaya a ser que te desvanezcas otra vez, aunque por mi podrías quedarte en casa, pero con lo cabezota que eres, no lo harás.
L: Gracias señor.
P: Mmm es música para mi, volver a escuchártelo decir.

¿Perdona, que acababa de decir? ¿Qué no había sido un sueño? No podía ser, ¡me había acostado con mi jefe! Corrí al baño a arreglarme para ir a trabajar, cuando salí, me tomé el café que me había preparado, mientras le miraba con cara de intentar descifrar lo que había pasado.

P: Tranquila, no pasó nada, sólo dijiste eso mientras dormías.
L: Gracias.

Solté un suspiro al oír eso, había sido un simple sueño, no debía darle importancia, nada era real. ¿Por qué dijo que eso era música para sus oídos? Esto era demasiado raro, y no tenía tiempo para pensarlo, nos esperaba un día duro en la empresa.



Licencia de Creative Commons

El sueño es un relato escrito por pandora sum de Nazgul publicado el 11-08-2020 20:44:01 y bajo licencia de Creative Commons.

 

 

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Comentarios  

Soraia
+9 #4 Soraia 17-08-2020 17:16
El final no te lo esperas y deja abierta la duda de si ha sido cierto o no XD
Anonimo
+8 #3 Anonimo 12-08-2020 22:00
pedazo de historia increible
Esther
+11 #2 Esther 12-08-2020 04:33
Ya me podia pasar eso a mi :). Me ha gustado la historia
Escrituras
+12 #1 Escrituras 12-08-2020 01:57
Cada vez que leo algo tuyo Pandora me estremezco. Eres super directa y explosiva en tu manera de escribir. Muy bueno

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