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El espejo
Escrito por Perro Viejo

Al salir del trabajo lo encontró.
Apoyado en un contenedor un gran espejo con marco de aluminio y fondo de madera.
Elenita mide 165 cm y es aun más alto, casi dos metros, calcula con sus ojos negros.
Ancho como una mesa. Abandonado y perfecto.
.-Hay que llevar este chollito a casa, se dice a sí misma.
Llama al marido de su socia, repartidor con furgoneta y se queda esperando para cargarlo.
Tiene un pisito pequeño y mono desde hace 10 años. Decorado con gusto, limpio y con una cocina sin estrenar. Siempre come en casa de su madre,
En su casa para poco, cuando no está en el pueblo va de excursión con el Centro Cívico del barrio.
La acompañante perfecta para el grupo de señoras formado por su madre, su tía y una amiga de ambas.
A sus 47 años no se la conoce con novio, pareja o amante. Es muy suya con esas cosas, sin ser virgen, menosprecia el sexo y cree que las relaciones sentimentales requieren mucho esfuerzo.
Elenita se sentía sucia, cansada y satisfecha después de limpiar su nueva adquisición y colocándolo a los pies de su cama se va a la ducha.
Aun no ha decidido un lugar definitivo, por ahora en su habitación está bien.
Colocados milimétricamente sobre la pulcra colcha, se reflejan dos peluches en el nuevo elemento, parece que están celosos de su pérdida de protagonismo, sobre todo la oveja bizca.
.- Las siete y media ?? dice en voz alta.
Decidiendo en ese momento que se queda en casa el resto de la tarde.
Al terminar sus abluciones se seca delante del espejo.
Ve una piel canela sin ninguna marca del bañador. Dice que no la gustan las marcas y toma el sol desnuda en el pueblo, protegida de miradas ajenas por altos setos.
Pelo negro y afro, heredado de algún desliz de sus ancestros.
No tiene ni tattoo ni piercing, totalmente depilada con laser, su sexo está limpio y pulcro como el de una niña.
Talla 95 de pecho con una cadera ancha pero no desproporcionada, rematan la descripción de su figura.
Elenita la gordibuena de la panadería.
Mima su cuerpo con cremas y lociones pero no se maquilla.
Se gusta a sí misma y una leve sonrisa aflora al endurecerse sus pequeños pezones al pasar la toalla.
La gusta el espejo, se ve todo su cuerpo. Se gira, se agacha, se tumba en la cama y el reflejo continua mimando sus ojos.
Tiene una idea, esos “saltos de cama” que nunca ha visto nadie, es el momento de usarlos.
Apasionada de la lencería cara, pero solo para ella, presume ante sus amigos de tenerla.
Corre abrir la cómoda.
Un modelo negro con encajes. Braguita y camisón.
Perfecto ¡!
Otro semitransparente de color lila y uno celeste con aberturas muy indiscretas …. muy sensuales pero no pornográficas, según explico la dependienta.
Modelando ante el espejo va pasando el tiempo sin que se de cuenta.
Anochece y mientras desfilan tangas, camisones, sujetadores y bragas.
Solo queda un conjunto por probar pero no encuentra la parte inferior.
Es de color blanco, el sujetador no tiene copas, son unas tiras muy suaves de seda entrelazadas. Cuando lo compro sintió algo de vergüenza, deja las aureolas y los pezones expuestos, libres al viento.
Como una niña traviesa se lo pone, inmediatamente se endurecen las puntas de las tetas, y sin darse cuenta ha colocado los dedos sobre sus labios, encontrando un clítoris sorprendido y trémulo.
Sin bragas y con ese sostén de puta, comienza a masturbarse, observándose en el espejo.
No es habitual en ella ese tipo de desliz físico.
Esa noche ya no parara.
Un orgasmo silencioso de pie, otro más sonoro sobre la cama.
El tercero a cuatro patas como un animal, consiguió que el cabecero de la cama golpeara la pared cuando gimió y jadeo a la luna.
Siempre mirando el espejo.
Exhausta y feliz. Sus dedos manchados de un flujo espeso despiden un olor intenso a deseo, su sexo abierto quiere más al entrecerrar sus ojos.
Sueña cosas extrañas.
Sueña con un gran perro que lame sus manos, notando un aliento cálido en la nuca.
Sueña que unas manos agarran su culo y se entretienen arañando la piel.
Sueña que algo duro y ardiente se ha colocado sobre su ano y empuja…
Se despierta de golpe.
Es ya media noche, se quedo dormida y babeando sobre la almohada.
Tiene la sensación de que alguien la ve. La piel se le eriza pero su sexo se humedece una vez más.
Después de ir al baño, al acostarse, ve dos marcas en sus nalgas, seguramente tropezó en el trabajo y no lo recuerda.
Han pasado dos semanas y está físicamente agotada.
Demacrada, con vistosas ojeras y moratones en el cuerpo, pero por alguna extraña razón está feliz.
Su madre, preocupada, la lleva la comida a casa para que así pueda descansar algo.
Siempre se queda dormida sobre el sofá, siendo el único momento de tranquilidad.
Al anochecer, sobre su cama, regresan las sensaciones húmedas que la atormentan hasta la madrugada.
Al principio sus sueños la impedían moverse, se sentía inmovilizada mientras un animal la lamia todo el cuerpo con una lengua rasposa y húmeda. Si estaba boca arriba, por la mañana su clítoris estaba irritado, si estaba boca abajo su ano y vagina escocidos.
En ambos casos nunca menos de tres orgasmos por noche era el resultado.
Eso duro un tiempo.
Después fue peor.
En su mente se generaban imágenes y ella se colocaba en esas posiciones sin poder evitarlo.
Sometida, avergonzada, expuesta, humillada .. adjetivos que sufría y disfrutaba a la vez.
Unas manos enormes la apretaban los pezones hasta el dolor y se corría.
A cuatro patas con las piernas muy abiertas, sentía como un grueso falo se introducía por su coño y con movimientos bruscos la hacía llegar al éxtasis en breves minutos, para después empezar de nuevo.
En otras ocasiones boca arriba, sobre su cama, su cabeza colgaba del lateral y ese mismo falo la llenaba la garganta.
Notaba el caliente tronco y sus venas resbalar sobre su lengua, el glande tocaba fondo en el momento que ella se corría como una perra.
La primera vez que sintió que la sodomizaban intento gritar pero el dolor era tan agudo que solo consiguió abrir la boca y no poder sentarse los días posteriores.
Empalada y sorprendida se meo y se corrió a la vez. Las sabanas tenían manchas de sangre.
Se acostumbro a dormir de día y a esperar la noche.
Impaciente, por que el sol se ocultara.
Trabajando pensaba como el aliento de aquel ser hacia que su sexo se abriera solo, los pezones la dolieran por su rigidez y su cuerpo temblara de deseo y lujuria.
Recordando las frases que susurraba en su oído encharcaba las bragas como una adolescente.
Nunca lo conto a nadie por si la tomaban por loca o peor aun …..
Que se llevaran a su amante del espejo.


Licencia de Creative Commons

El espejo es un relato escrito por Perro Viejo publicado el 01-11-2022 23:18:30 y bajo licencia de Creative Commons.

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