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Con mi perra en Nochevieja
Escrito por Pandora

¡Madre mía, qué rápido pasa el tiempo! Hace dos días estaba en mi casa con mi familia celebrando la Navidad, y ahora, el día de Nochevieja, me encuentro en la estación de tren de Madrid, esperando muerta de frío a que llegue mi tren, pues un increíble viaje me espera hasta llegar a mi destino.

Tras una media hora de larga espera, por fin veo que el tren entra en la estación, y bajan todos los pasajeros. Poco después, y menos mal, nos dejan subir al tren, donde te envolvía una sensación de calor, y un olor a comida recién hecha, pues estaba cerca del vagón restaurante. Creo que hoy me permitiría un capricho y me tomaría un café con alguna cosilla.

Una vez que estaba sentada en el asiento, acomodé mis cosas y esperé pacientemente a que el tren se pusiera en marcha. Comencé a divagar sobre lo extraño que había sido este año, con una pandemia, había encontrado dominante, habíamos montado una página, y mil cosas más. Veía las estaciones pasar con cierto nerviosismo, llevaba tanto tiempo deseando este momento, que no podía acabar de creerme que por fin fuera a pasar.

Por megafonía anunciaron la llegada a mi estación, tenía los nervios a flor de piel, pero encontrando valor, recogí mis cosas, bajé del tren cuando los revisores me lo permitieron, y ahí estaba yo, en el andén buscando con la mirada eso que tanto anhelaba. Por fin, ahí estaba, lo había encontrado, así que corrí hacia él, y en cuanto llegué a él, le abracé como si llevaramos una vida sin él.

En este tiempo que nos habíamos estado conociendo, no me había dado cuenta hasta este preciso momento, de cuánto lo necesitaba, por lo que mi cuerpo entero se estremeció. Estaba calentito y sus brazos eran cálidos al posarse sobre mi cuerpo, con una mano acariciando mi larga melena.

- Hola perrita, tenía muchas ganas de verte -sonreía al ver como me ruborizaba completamente-.
- Yo también tenía muchas ganas de verte Mi Amo -¿cómo podía estar tan nerviosa?-.
- Bueno, vámonos de aquí, antes de que nos quedemos congelados -me pasó su brazo por la cintura-.
Sí, por favor.

Estaba tan nerviosa y fría que apenas sabía cómo me mantenía en pie, pero su mano en mi cintura me sostenía con fuerza y me tranquilizaba poco a poco. Tras una caminata no demasiado larga llegamos a su casa, aquel santuario del que tanto me había hablado, y del cual ninguna mujer había cruzado el umbral de la puerta.

Los nervios volvieron de nuevo a mí, sentía mucha presión, no quería defraudarlo, pero tampoco quería decírselo, pues no quería que se preocupara por mí. Entramos, y se respiraba un olor a pizza recién hecha, este hombre sí que sabe, y el calor volvía a mi cuerpo con el calor de la casa, con el calor del hogar.

- Perrita, dame tu abrigo que lo cuelgue -¿qué iba a pensar de mi locura? No sé si estoy preparada… Bueno, creo que no hay más remedio-.
- Sí, Mi Amo.

Sin decir nada más, desabroché la cremallera del abrigo, y dejé cayera por mi piel desnuda hasta el suelo, lo que provocó que Mi Amo cuando se giró a mirarme, se quedó con la boca abierta por la sorpresa. Estaba nerviosa, ¿por qué no decía nada? ¿Quizás no le había gustado la sorpresa?

Se acercó a mí, y agarrándome del pelo, me dio un beso apasionado, el más apasionado que me habían dado, era casi animal, como si desease beberme el alma ahí mismo, provocando que mi entrepierna se mojara. Él sabía cuánto me gustaba que sacase ese lobo interior que lleva dentro, ese que devora a su presa sin pensarlo dos veces.

Con un leve toque sobre mi hombro hizo que me arrodillara ante él, lo cual no tardó en pegarme su polla a mi cara, esa polla que llevaba tanto tiempo deseando.

- ¿La deseas verdad zorra? -podía ver al depredador que llevaba dentro en sus ojos, y eso me encantaba-.
- Sí Amo, la deseo con todas mis ganas -abrí mi boca y saqué mi lengua para recibirla-.
- Pues todavía no la vas a tener zorra -soltó mi pelo y salió de la habitación-.

Me dejó descolocada, ¿qué estaría pensando este hombre? Sin darme demasiado tiempo para pensar, apareció de nuevo por la puerta del salón, y apartando el pelo de mi cuello, colocó en mí su collar, ese collar que llevaba ya tanto tiempo deseando. Una sonrisa me cruzaba de oreja a oreja, no podía ser más feliz en este momento.

- A mí no me la chupa cualquier perra, a mí me la chupa mi perra -abrió su pantalón, y sacó su polla dura-.
- Sí Amo, su perra está dispuesta -volví a abrir la boca y sacar la lengua para recibir mi comida, mi manjar, mi delicatessen.
- Muy bien perra, pues a chupar -agarró mi pelo y metió toda su polla en mi boca-.

Agradecí que no llevara el la mamada, pues todavía me ponía un poco nerviosa que lo hiciera, y sólo provocaba que me tensara completamente. Comencé lamiendo esa punta que no paraba de darme de beber goteando constantemente, para luego bajar por el tronco hasta los huevos que metía con delicadeza en mi boca para succionarlos y lamerlos con mi lengua, para al fin sacarlos de mi boca lentamente.

Volví a la punta, a relamer las gotitas que habían salido y que recorrían el tronco, haciendo sobre ella círculos y presión con mis labios, succionando. Sin previo aviso y para crear sorpresa, abrí completamente mi garganta, y de un solo empujón entró entera a mi boca, llenándome hasta la garganta. ¡Qué bien sabía! Así que me moví con cierta rapidez, disfrutando de cada centímetro de su polla, una y otra vez.

Sabía cuál era su punto débil para llegar a correrse, pero todavía quería seguir disfrutando de su polla un poco más, no quería que se acabase tan pronto. Cuando creí que me la iba a sacar y a privarme de ese exquisito manjar, apreté su punto débil, e instantáneamente se corrió, provocando que empujara mi cabeza contra su entrepierna, para que no se me saliera nada de su elixir.

- Muy bien guarra, sí que has sabido complacerme una vez más.
- Grakdeio Aoni (Gracias Amo) -mientras continuaba chupando para dejarla tan limpia o más de como me la encontré-.

Una vez que estuvo limpio, me retiré de su polla, y pensé que me follaría allí mismo, pero sus planes eran otros al parecer. Lo acompañé a por la cena y la bebida, y estuvimos cenando en el salón los dos, como verdaderos amantes, cómplices, parecía que estábamos casados, y la verdad, no me hubiera disgustado.

Sentía cierto frío sobre mi piel, pero no sé cómo, él se dio cuenta antes de que yo lo sintiera, y me puso su chaqueta, que su olor embriagaba mi nariz con ese perfume suyo a macho que tanto me deleitaba. Estuvimos hablando largo y tendido, pero como buena observadora, veía que mi Amo no paraba de mirar el reloj, como si tuviera cierta prisa por algo.

A las once me quitó la chaqueta, y señalando al suelo, no tardé ni un parpadeo en ponerme a cuatro patas, y seguirlo como una buena perra por la casa, por dónde él me llevara con la correa que había enganchado a mi collar. Me llevó a su habitación, donde me dio el resto de mis regalos de cumpleaños, entre los que había unas muñequeras que iban a juego con el collar.

Cogió unas cuerdas y me ató las tetas, y los brazos a la espalda, de cintura para arriba, apenas me podía mover. Me puso con el culo en pompa, y añadió unas pinzas a mis pezones, que dejó tirantes gracias a una cuerda enganchada a la cadena, que rodeaba mi cuerpo por el coño, y se enganchaba a las cuerdas de mi espalda.

- Ya está la uva lista.
- Mi Amo, ¿qué vamos a hacer?
- Ya lo verás, pero por ahora te voy a callar, no vaya a ser que espantes a los vecinos con tus gritos -se rió-.

Metió de nuevo su polla en mi boca, llevando él la mamada esta vez, sujetando mi pelo con fuerza para que no pudiera escaparme. Entonces oímos cómo empezaban las campanadas, por lo que se puso detrás de mí, y pegó mi espalda con su pecho. Me la metió de una sola estocada, y no me importó, pues yo estaba completamente mojada y lista para él.

No paraba de embestirme, llegué a pensar que me iba a morir de placer, sintiendo cada una de ellas rellenarme completamente el coño. Faltaba poco para la última campanada, pronto estaría aquí el nuevo año, y a mi me costaba horrores aguantar el orgasmo.

- Perra, cuando toque la última campanada quiero que te corras para mí, que me des lo que me pertenece.
- Sí Amo.

Estábamos sudados del esfuerzo, no paraba de follarme, y sólo deseaba que llegara ya la última campanada, que parecía que se hacía de rogar. Al fin llegó, ese momento, sonó la última campanada y pude correrme sintiendo como Mi Amo se dejaba ir dentro de mí, con su semen caliente llenándome por completo.

Nos dejamos caer sobre la cama, con la respiración entrecortada, recuperando el aliento que habíamos perdido. Fue entonces cuando escuché las palabras más bonitas.

- Te quiero perrita, feliz 2021 conmigo.
- Yo también te quiero Amo, feliz 2021 conmigo.

Si te ha gustado deja tu comentario, me ayudará a seguir escribiendo más relatos. Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo 2021.


Licencia de Creative Commons

Con mi perra en Nochevieja es un relato escrito por Pandora publicado el 31-12-2020 20:19:12 y bajo licencia de Creative Commons.

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